Preocupación cooperativa y protesta manchada

Preocupación cooperativa y protesta manchada
En la columna editorial de todos los lunes, La Arena Jorgista, dos temas salientes de la semana pasada: las consecuencias locales del congelamiento de la tarifa eléctrica y el reclamo legítimo de los estatales pero "descuidado".
Una de cal...

El discurso oficial sonó en las últimas horas tan insistente y rotundo que las cooperativas pueden aceptar como una chance cierta el hecho de que se efectivice el adelanto de dinero que pidieron para aceptar el Pacto Federal Eléctrico.

Tanto el gobernador Oscar Mario Jorge como el ministro de Obras Públicas, Jorge Varela, insistieron especialmente en que se están haciendo gestiones -con serias probabilidades de éxito- ante el Gobierno Nacional para que los 60 millones de pesos derivados del acuerdo lleguen a las entidades solidarias en tiempo y forma como para que puedan afrontar sus necesidades más urgentes, que pasan por lo salarial.

El gobernador Oscar Mario Jorge repitió en varias ocasiones que “no se va a desfinanciar a las cooperativas, sino todo lo contrario”, y el ministro de Obras Públicas, Jorge Varela, mostró optimismo respecto de las negociaciones que se iniciaron con el Gobierno Nacional.

Sin embargo, la Federación Pampeana de Cooperativas tiene razones para estar preocupada y, por ese motivo, lanzó su advertencia de que si no hay respuestas acordes a las peticiones, el próximo 8 de mayo sus miembros piensan pagar solo parcialmente lo que corresponde a la Administración Provincial de Energía.

Por un lado, la situación no es nada clara: más allá de la firma del Pacto Federal Eléctrico, que la provincia resistió pero solo por unos días, hay versiones fundadas de que en los últimos meses del año la Nación piensa retirar los subsidios al sector, lo cual sumiría a las cooperativas en una situación financiera peligrosa si es que se las obliga a mantener el precio de las tarifas.

El Pacto Federal Eléctrico, en principio, es un acuerdo que permite el alivio de los consumidores, ya castigados por el impacto de la devaluación, pero, por otro lado, hace imperativo para las cooperativas mantener las tarifas actuales pese a que sus costos se han visto seriamente transformados.

Si esa situación no se atiende con subsidios, pero previstos de manera sistemática y transparente, se instala la sensación de que en algún momento la situación puede explotar: si todos los involucrados reconocen que por alguna razón se está metiendo bajo la alfombra el incremento que realmente debieran tener las tarifas, existe el peligro de que un día haya que blanquear lo que se “pisa” y eso impacte repentinamente en el bolsillo de los ciudadanos, y especialmente de los que menos tienen.

Además, para la Fe.Pam.Co no es tarea sencilla confiar en los discursos oficialistas, que en todo este tiempo han sido prometedores: a la hora de concretarse en hechos, varios compromisos brillaron por su ausencia.

Quizá el más sonado de todos esos conflictos haya sido el que el adoptó el oficialismo respecto de la resolución que rige la utilización de las columnas: en algún momento, el Gobierno envió a un representante a la Legislatura para decir que daría marcha atrás con la normativa que disgustó a las cooperativas, pero, a continuación, hubo dilaciones y retardos injustificados que le impiden a este gobierno presentarse como si estuviera claramente parado en la vereda del movimiento solidario.

...y una de arena

Los distintos gremios que agrupan a trabajadores estatales tuvieron, durante la semana que se fue, la posibilidad de presentar como un rotundo éxito la jornada de protesta en la que el paro se coronó con una masiva movilización.

El martes, en Casa de Gobierno y pese a las públicas rencillas entre algunos sindicatos, confluyeron diversos sectores, saludaron una medida de fuerza que tuvo alto impacto y protagonizaron una manifestación interesante no solo por su número, sino también por las cosas que los dirigentes tuvieron para decir y por el hecho de que -sin disimular las tensiones- el gremio que agrupa a la mayoría de los docentes se sumó a la Intersindical en la pelea por el salario y en reivindicación de la negociación paritaria como tal.

Pero un hecho puntual manchó esta manifestación y debiera generar discusiones internas entre los involucrados: desde la legitimidad que les da su representación gremial, los organizadores le cedieron espacios en esa movilización a uno de los principales referentes de los policías que se acuartelaron el año pasado, no casualmente en los días en que se celebraba un aniversario de la recuperación del sistema democrático de gobierno.

Julián Giménez en sí mismo -como cara visible de ese movimiento que coincidió con sediciones de tono desestabilizador en otros puntos del país- no significa mucho más que lo que cuenta su legajo: es un policía que terminó en pasiva por las faltas en que ha incurrido, acusado formalmente ante el Poder Judicial y que tuvo su “cuarto de hora” en esas jornadas en que la ciudadanía estuvo en vilo, forzada a esa inquietud por quienes portaban las armas y otros recursos que el Estado pone en sus manos para proteger a la población, pero que en esas horas se volvieron en contra.

Permitir que un reclamo genuino fuera aprovechado por un personaje gris en representación de una minoría que lo defiende en su presunto “derecho” a actuar contra la democracia y las leyes vigentes resultó, por parte de los gremialistas organizadores, no solo un mayúsculo error, sino un modo de mezclar una serie de lógicas y razonables demandas, canalizadas como corresponde, con metodologías ilegítimas que los propios sectores populares han rechazado sin lugar a medias tintas.

Los dirigentes más sensatos hasta se vieron sorprendidos por esa intromisión; otros prefirieron mirar para otro lado y atribuir la llamativa presencia a un “descuido”, según la palabra que para zafar del tema eligió el secretario general del Sindicato de Trabajadores Judiciales, Ceferino Riela, uno de los responsables de la situación.

El hecho también exhibe otra realidad del frente gremial: no hay dudas de que al calor de los justos reclamos y de los acuerdos naturales, florecen también apetencias personales, pretensiones políticas y ambiciones de poder que, en ocasiones, llevan a sus protagonistas a perder de vista algunas metodologías elementales, en afán de “sumar” y convencidos, a veces, de que “vale todo”.

Esa situación, que posiblemente generará un debate interno en la Intersindical, no impide poner el foco sobre el fondo de la cuestión: la demanda que hacen los gremios es concreta y el oficialismo no ha dado las respuestas requeridas.

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