Prepara la CGT la escena para la unidad, pero siguen las diferencias

Prepara la CGT la escena para la unidad, pero siguen las diferencias

En un plenario de las tres vertientes hubo un tono duro hacia el Gobierno, aunque no hubo consenso para un plan de lucha

Primero la unidad, después el plan de lucha. En la recta final de su proceso de reunificación, las tres vertientes de la CGT no logran todavía construir consensos unánimes. No hubo ayer acuerdo entre los sindicalistas para activar una protesta en contra del Gobierno, pese al crítico diagnóstico económico y social que se reflejó en un documento, al que se tituló "De mal en peor".

La decisión de poner paños fríos se concreta cuatro días después del anuncio de Mauricio Macri para liberar a las obras sociales sindicales los $ 27.000 millones del Fondo Solidario de Redistribución, la caja en donde se atesoran los aportes que se les retiene mensualmente a los trabajadores de sus salarios.

Durante el plenario de secretarios generales, en el que hubo varias ausencias, se reflejaron los matices. Hubo desde dirigentes que pidieron convocar a un paro nacional en el corto plazo, como lo insinuó el bancario Sergio Palazzo y otros tres dirigentes, hasta otros que se jactaron vanidosamente de ser los garantes de la gobernabilidad del país, tal como lo afirmó Luis Barrionuevo. Lo concreto es que se dilató la activación de un plan de lucha hasta que asuma la nueva conducción.

Pero tampoco hubo plena coincidencia para definir cómo será la nueva cúpula a partir del 22 del actual, cuando Hugo Moyano, Antonio Caló y Luis Barrionuevo abandonen el sillón de mando de sus respectivas centrales. Las diferencias quedaron a la vista sobre lo que será la sucesión: una mayoría impulsa un triunvirato, con un dirigente por sector en la cúpula y cuyos nombres ya están definidos: Héctor Daer (por la CGT oficial), Juan Carlos Schmid (por la CGT moyanista) y Carlos Acuña (por la CGT Azul y Blanca). Se oponen a esas designaciones el Movimiento de Acción Sindical Argentino, que encabeza el taxista Omar Viviani y que cuenta entre su tropa con algunos gremios poderosos; el ruralista Gerónimo Venegas, un aliado del macrismo, y el grupo denominado el "núcleo", que pidió ayer cuatro hombres en la línea de mando.

Más allá de las diferencias, en las distintas vertientes de la CGT se percibe un rechazo a las medidas del Gobierno. Si bien casi de manera unánime se le reconoció a Macri el gesto por la devolución de fondos a las obras sociales, también una inmensa mayoría que criticó el rumbo económico y advirtió sobre la caída del empleo, la inflación y el impacto que genera la apertura de las importaciones.

El documento sindical, adelantado por LA NACION hace dos semanas, advierte sobre el "brutal tarifazo" de los servicios públicos, la devaluación y la caída del empleo. A diferencia del borrador, se omitieron dos puntos. Uno, claro, relacionado con las obras sociales. El otro fue la dilación del plan de lucha que agitaron los gremios del transporte, todavía bajo control de Moyano.

El endurecimiento semántico estará latente hasta el día de la unidad. En la práctica habrá que esperar. "Antes de cualquier medida de fuerza, la nueva CGT le presentará el Gobierno un programa y se esperará una respuesta", dijo uno de los tres dirigentes que integrará la cúpula.

En los discursos se advirtió parte de esa estrategia. "No vamos a salir a romper todo por necesidad de algún sector político ni vamos a ser el brazo calmo del Gobierno. Primero la unidad", lanzó el estatal Andrés Rodríguez. A su lado, Daer llamó a levantar la guardia para "defender los derechos" e hizo una incómoda autocrítica: "Nos tendría que poner colorados saber que al tarifazo lo frenó una ONG y no la CGT". Y adelantó que en su rol de diputado nacional del massismo "militará en contra" de la ley de empleo joven que promueve el oficialismo. Una pista del nuevo perfil que adoptará la CGT unificada.

Puertas adentro, lo que generó mayor tensión no fue el debate sobre cómo será el vínculo con el Gobierno, sino un planteo para democratizar la elección del nuevo jefe cegetista. Leandro Fabre, del gremio de la Anses, exigió el voto directo y obligatorio de los trabajadores.

"Quiero democracia real, basta de mesa chica", exclamó Fabre en un encendido discurso, en el que cuestionó al sector de "los Gordos" (grandes gremios de servicios) por su afinidad con el gobierno de Menem en los 90. La propuesta de Fabre quedó en la nada. Hubo apenas algunos aplausos. La corporación sindical todavía no está para cambios tan bruscos.

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