Una promesa de prudencia limitada por la realidad social

Por  Elizabeth Peger

El sindicalismo se mostró prudente con las críticas a Macri como un favor a la gobernabilidad.  A cambio esperan respuestas a la agenda obrera.

Gobernabilidad y unidad. Fueron las dos ideas dominantes tanto de los debates como de los discursos que enmarcaron el congreso sindical que alumbró a la nueva CGT reunificada luego de cuatro años de divisiones y fractura. Pese al inocultable tono crítico en su referencia a la administración de Mauricio Macri al menos en su génesis el flamante entramado de unidad cegetista privilegió el valor de la “prudencia”,comprendida como un favor a la gobernabilidad, antes de lanzarse a la aventura de una estrategia de confrontación abierta contra la gestión que lleva ocho meses en la Casa Rosada.

Lo dijo abiertamente Luis Barrionuevo en medio de su discurso cuando admitió las dificultades de “sostener” al Gobierno. Se repitió la idea en los cuestionamientos al grupo de gremios que pegó el portazo y se retiró del encuentro al no prosperar su reclamo por la urgente definición de un paro general que exprese el creciente malestar social con la política económica macrista.

El Gobierno deberá leer entre líneas el mensaje de la nueva CGT. Porque el compromiso con la prudencia tiene fecha de vencimiento y supone la expectativa de un gesto de reciprocidad que dé respuestas efectivas a la agenda de demandas del movimiento obrero.

Allí se inscribe con fuerza el concepto de unidad que, más que una apuesta hacia adentro del universo sindical, subraya el tenor de una advertencia. No en vano el trío de dirigentes elegido para asumir la conducción colegiada cegetista coincidió en el desafío de multiplicar esfuerzos por sumar los sectores gremiales hoy fuera del proceso de reunificación. Y lo que es aún más ambicioso: integrar a los movimientos sociales a la misma estrategia.

La apuesta por “representar a la inmensa mayoría de la sociedad” se coló como idea-fuerza en los discursos. Sugiere una ingeniería más profunda que la articulación de una voz sindical única como expresión de las diversas opiniones que surcan el espacio gremial peronista o como puntapié de un mero reposicionamiento sectorial. Frente a la realidad de un peronismo fracturado, golpeado, y una interpretación pesimista sobre el horizonte económico y social más inmediato, la flamante CGT despunta en el desafío de convertirse en un actor político con el peso propio que significa el control de la protesta social, un poder que –entiende- estratégico en tiempos de vacas flacas y bolsillos ajustados.

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