Quejas por el mal olor e inundaciones del CGT

Quejas por el mal olor e inundaciones del CGT
Condenada al anonimato por cartógrafos y urbanistas, la calle pública sin nombre del barrio Juan Carnevale -también conocido como CGT- parece empecinada en castigar a los vecinos de la zona con efluvios de agua servida, veredas anegadas y mal olor.
A pesar del acostumbramiento y la resignación, los habitantes de las manzanas aledañas todavía esperan una solución definitiva para el viejo camino mitad asfalto, mitad de tierra.

“Cada vez que llueve, como todo está en bajada, se inunda, y pasa lo mismo en la otra cuadra”, asegura Agostina Mentasti, y señala hacia la intersección de la 25 de Mayo y la calle pública, surcada de cráteres irregulares que con cada precipitación se convierten en estanques de agua turbia. La muchacha de veinte años dice que “cada dos por tres” se levanta la tapa de la alcantarilla que está en la esquina.

“Le ponen un fierrito pero se vuelve a salir”, explica y agrega: “Vinieron a hacer algunos arreglos hace dos meses pero quedó igual”. Gladys Oyola, una vecina que vive desde hace veinte años sobre la vía describió el caprichoso comportamiento de los fluidos cloacales. “El agua viene desde la esquina, baja y se estanca acá”, dice y señala el frente de su casa. “Larga un olor a podrido terrible y lo que preocupa también es la contaminación, más cuando uno tiene chicos”, expresa. “Esto viene empeorando todos los años y cuando hace calor además tenés el problema de los mosquitos”.

Entre los islotes de asfalto, el agua de lluvia de siete días atrás permanece aún intacta, como inmune al proceso de evaporación. “Esos charcos son del otro día y todavía no se van. Nosotros tiramos el agua hacia el centro de la calle para ver que se seque pero no hay caso. No tiene por donde irse", razona con frustración la vecina de 57 años, que vive sobre el tramo de asfalto, entre 25 de Mayo y 9 de Julio, antes del límite divisorio con el Parque Industrial Norte.

Según Gladys, la culpa sería de los caños, que son demasiado angostos. "Habría que hacerlos más amplios porque como todo es bajada y las calles son estrechas el agua de otros barrios viene para acá. No sé si serán muy viejos pero no tuvieron en cuenta esa cuestión. Además acá no tenemos ninguna acequia, ningún canal para que caiga el agua, sino que todo va a la cloaca y se desborda. Es una inmundicia, asqueroso".

Los vecinos denunciaron varias veces el inconveniente a SerBa, la empresa a cargo de la manutención de la red de agua potable, y coinciden en que "hay que armarse de paciencia". “Siempre hacemos reclamos, y tardan mucho para venir. Hay que llamar una, dos, tres, cuatro veces, para tener una respuesta”, comenta Gladys.

El problema también entorpece la circulación. "Ya se nos rompieron un montón de autos: vivir acá significa vivir en el taller", cuenta la vecina de la calle sin número. Y explica: "Cuando manejas con un poco de agua las tapas están levantadas pero no las ves, tratás de calcular pero en una de esas te golpea y te rompe el coche". Pedro Rojas, dueño de una verdulería sobre 9 de Julio, a la vuelta de la calle pública, dice que el trance es habitual. "Pasan días y días y sigue tirando líquidos cloacales".

Y advierte que cuando llueve, el tramo de tierra que está al sur de la 25 de Mayo parece una "gran laguna". "Trae olor, es peligroso para los chicos y te ensucia el auto", enumera el verdulero de 50 años que se mudó al barrio hace quince años. "La otra vuelta, cuando vino el intendente Ponce le dieron una limpieza, pero nunca vienen -protesta-. Una vez dijeron que echaban cosas y eso tapaba las cloacas pero para mí, el barrio no está preparado".

Incluso la empresa Aluflex, apostada sobre la calle anegadiza -entre Julio Roca y 25 de Mayohizo un reclamo, pero sin éxito. Por ahora, a los vecinos del Juan Carnevale no les queda otra alternativa que rezar para que no llueva.

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