La CGT se reorganiza al final del verano

La CGT se reorganiza al final del verano

Dos sectores pelean por la conducción. Uno encabezado por los gordos, que apoyarían a Daer, y otro, liderado por la UOM y la Corriente Federal, impulsa a Sasia. Camioneros aún no se definió.

Los triunviros de la CGT saben que esta forma de conducción está llegando a su final. Uno de ellos lo reconoce en voz baja mientras que los otros dos esperan un improbable milagro. Luego de la crisis que desató el fallido paro en contra de la reforma previsional se intensificaron las conversaciones entre dirigentes sin importar mucho el sector en el que hasta esos días militaban. Por caso, los gremios del transporte junto a los que usaron la calle para pelear contra el ajuste previsional se aprestan a pelear por la secretaría general unificada. No son los únicos, los gordos también operan ilusionados en mantener su poder de injerencia y a modo de atractivo se concentran por estos días en reformular la estrategia con el gobierno. El tiempo es escaso para todos y por eso coinciden en que la reestructuración de la CGT deberá realizarse entre febrero y marzo.

Hay nombres en danza y permanentes conversaciones que buscan juntar “la masa crítica” que permita imponer los principales cargos del Consejo Directivo. Uno de los grupos es el que aglutinó a la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) con los gremios que conforman la Corriente Federal de los Trabajadores (CFT) y donde también cuentan a Sergio Sasia de la Unión Ferroviaria y Guillermo Moser de Luz y Fuerza. Estos dos provienen del Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), un agrupamiento que hizo crisis con la reforma previsional ya que el taxista Omar Viviani ignoró la jornada de huelga. La candidatura de Sasia no es nueva ya que antes de que la CGT se decida por el triunvirato el propio Antonio Calo de la UOM quería al ferroviario en la cima de la central obrera. Este sector pretende que además de Sasia otro gremio del transporte participe de los cargos importantes del Consejo Directivo e imaginan imponiendo en la futura negociación a un representante de los pilotos de aviones en la secretaría Gremial o la de Interior. El argumento es sencillo: son los sindicatos que no dudaron en enfrentar a este gobierno.

El otro grupo que aparece también con fuerza para pelear la conducción cegetista es el de los denominados gordos donde tienen al triunviro Héctor Daer como candidato. Al hombre de Sanidad no le disgusta la idea. Le esquivó a la reunión que organizara Gerardo Martínez (Uocra) con Hugo Moyano y Luis Barrionuevo, los padrinos gremiales de Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña respectivamente, a modo de fortalecer un esquema en retirada. Este grupo estuvo en contacto con los independientes donde además de Martínez milita Andrés Rodríguez (UPCN). Los quieren cerca y dicen que ya recapacitaron y trabajarán para un congreso de la CGT que debe realizarse a más tardar en marzo.

Ninguno de estos dos sectores desprecian un contacto con el sindicato de Camioneros. Es un gremio fuerte y que debe participar de la distribución de las porciones de la torta cegetista. Es verdad que los primeros tuvieron más contacto a través de Pablo Moyano. Pero los gordos no se amilanan ante el desafío de abrir un canal de diálogo y si bien tienen diferencias históricas no será el diálogo con el gobierno lo que los distanciará aún más. El tiempo apremia y si bien ambos sectores hablan de modificar la estrategia hasta ahora donde predominan los gordos sólo dicen que hay que prepararse para la embestida del gobierno contra el modelo sindical argentino. No dicen cómo o tal vez no sea el momento de hacerlo. El otro grupo, el más combativo, quiere una CGT más firme, más comprometida con los trabajadores y en la calle que no implica ausencia de diálogo. Sus postulados también son generales pero es verdad que con la reforma previsional cumplieron a rajatabla con el mandato del paro y se bancaron los gases y las balas de goma. No es poco pero tampoco es suficiente. 

El recambio de la conducción de la CGT no se hará, como dicen los libros de química, en condiciones normales de temperatura y presión porque lo ideal no existe. Prueba de ello es que en el mismo lapso en que los sindicalistas buscarán su “renovación”, el gobierno intentará sancionar la reforma laboral. Un proyecto que fue modificado y que los triunviros definieron como un logro de gestión al haberle “arrancado lo peor del texto original”. Y ahora es probable que los senadores del peronismo ortodoxo-dialoguista les vuelvan a pedir el visto bueno para el proyecto. No está claro que harán los triunviros. En general no se destacaron por caminar de manera coordinada y un error al final del sendero puede representar un costo político. Sobre todo para el que cree que todavía hay vida después del triunvirato. 

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