Roberto Lavagna no irá al asado de Luis Barrionuevo, pero mandará un emisario

Roberto Lavagna no irá al asado de Luis Barrionuevo, pero mandará un emisario

Desistió de ir porque no quiso que el encuentro se tomara como un lanzamiento de campaña. 

Tiempo madurativo de imagen, acumulación política y las formas cuidadas de lanzamiento de la candidatura. Roberto Lavagna se ajusta a este esquema mientras inflama la expectativa electoral. Por esa lógica decidió obviar la invitación al asado marplatense organizado el próximo viernes por Luis Barrionuevo, con nutrida concurrencia de sindicalistas y dirigentes peronistas.

El secretario general de Uthgra, y ex interventor del PJ nacional es otro respaldo orgánico del ex ministro de Economía (2002-2006). Saltó de la apoyatura a Sergio Massa al expectante septuagenario.

El encuentro en La Feliz contiene demasiada tonicidad partidaria yLavagna percibió que lo tomarían como un “lanzamiento de campaña”. También debía asumir el riesgo de sectorizar su perfil, cuando todo en todo momento habla de unidad. “Ampliar los espacios de convocatoria de Alternativa Federal”, como reconocen sus aliados gobernadores.

No obstante, aceptó el convite en otros términos:concurrirá su hijo, el diputado Marcos Lavagna (FR) y otros ex colaboradores suyos de otra época como Aldo Pignanelli e Ignacio de Mendiguren. Barrionuevo entendió razones. “Desde este sector del movimiento obrero vamos a sostener la necesidad de Lavagna Presidente”, insistieron este martes.

Recuerdan que en noviembre 2018, el presidenciable almorzó con Barrionuevo; José Luis Lingeri (Obras Sanitarias); Gerardo Martínez (UOCRA); Omar Maturano (La Fraternidad); Roberto Fernández (UTA); Andrés Rodríguez (UPCN) y Armando Cavalieri (Comercio).

Desde entonces, comenzó una lenta instalación de la probable candidatura. Desde esa plataforma, en las últimas semanas, Lavagna sólo recibió en su casa de Cariló a Miguel Lifschitz y Miguel Pichetto. Con Sergio Massa los encuentros son cotidianos. El último en su residencia de la Ciudad Autónoma.

¿Existe algún pacto entre ambos para potenciar sus respectivas nominaciones?. Prematuro. Lavagna es y no es. Algo inasible, por ahora. Por las dudas, el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, se encargó de explicar que el camino de selección de candidatos son las primarias de agosto.

Relativo. Esa posibilidad aleja a Lavagna, porque ya adelantó que no piensa competir en las PASO. Persigue algo así como un proceso de “aclamación”. Su crédito en la aventura tiene números: si en abril las encuestas lo ubican en las cercanías del 20% de preferencia electoral habrá acumulado suficiente para exigir exclusividad.

Massa y Urtubey deberán agotar este par de meses para mejorar el sprint final, antes de la formalización de las precandidaturas. Ambos se mostrarán juntos este martes, en Salta. Estarán en Molinos y por la noche compartirán una cena. Con ellos, Graciela Camaño, Diego Bossio y Raúl Pérez, el trío que se opone a cualquier acercamiento con Cristina Kirchner.

¿Y Pichetto, dónde queda colocado en la hipótesis?. El senador es el articulador del espacio no kirchnerista. También se candidatea. Expone la base de propuesta más audaz del espectro político. Es consistente desde el discurso y mantiene su aspiración. Pero, si Lavagna decide competir en octubre, él desistiría.

En ese caso, algunos descuentan que encabezaría la lista de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires. Su partida de nacimiento es de Lomas de Zamora. Es bonaerense nato.

La vicepresidencia quedaría abierta al equilibrio de fórmula. “Un dirigente joven, de tono progresista y comprobada ética aportaría volumen a la propuesta”, arriman especulación sin poner nombre.

No se trataría, según esta construcción, de agregarle un poco de contenido fashion a la estética Lavagna. Dicho de otro modo, un tono moderno para equilibrar bermuda y ojota con media del ex ministro. Con esa aparición en su casa de Cariló, en la recepción a Pichetto, “el candidato” pulverizó la idea de marketing constante que sostienen postulantes oficialistas y opositores.

En esos mismos laboratorios, Massa complementa el tablero. Es el único que podría pelearle la Gobernación a María Eugenia Vidal, aseguran. Ya explicó que no va por el sillón de Dardo Rocha. Para ello, debería hacer un renunciamiento doloroso. Y aceptar la inevitabilidad del acuerdo político para ganarle al macrismo y a Cristina, llegado el caso, en un posible ballotage.

Antes de la ruptura definitiva de la Unión Cívica entre Nacional y Radical, Bartolomé Mitre explicaba a Leandro Alem que cuando existen acuerdos entre partidos queda relativizado el sufragismo. Altri tempi. Rémoras de la Generación del 80. Lavagna suele repasar a Carlos Pellegrini, el “Piloto de Tormentas” de aquella época, por su dedicación al fomento de la industria nacional.

Busca emularse.

Pero, también, repasa máximas mucho más crueles antes de aceptar candidatura: “La conducción es un arte de ejecución simple: acierta el que gana y desacierta el que pierde (…) el tipo triunfa o fracasa (…) El conductor es un constructor de éxitos (Juan Perón)”.

Es su duda. Nadie garantiza el éxito en las vísperas.

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