Señales reservadas entre las dos CGT

Por Ricardo Carpena.

El mismo gobierno que provocó la ruptura de la CGT parece estar haciendo ahora todo lo posible para unificarla.

Sin quererlo, claro está. Es que la decisión del kirchnerismo de vincular a los líderes del sindicalismo opositor con la organización de los saqueos ha logrado que varios dirigentes de la CGT oficialista llamaran en las últimas 48 horas a sus rivales para expresarles su solidaridad ante las acusaciones de la Casa Rosada. El jefe de la central obrera K, Antonio Caló, tardó 48 horas en desmentir la presunta llamada a su archienemigo Hugo Moyano . Lo hizo recién anoche a través del secretario de prensa de la UOM, luego de que la noticia, difundida el viernes a la tarde por el gremio camionero, impactó como un misil en todo el elenco oficial y paraoficial.

Allegados a Moyano, aun así, confirmaron la llamada.

Y aseguraron que no fue la única proveniente de ese sector. No parece descabellado: un pope de la CGT Balcarce admitió que piensa llamar al camionero si el Gobierno no presenta sus pruebas. “Es una locura denunciar al voleo, sobre todo porque mañana, si se da vuelta la taba, Cristina nos puede hacer lo mismo a nosotros”. Para otro de sus colegas, fue un error político porque le permitió a Moyano ganar protagonismo y afianzarse como único opositor. Las mismas preguntas que se hacen algunos adversarios moyanistas son las que cuesta responder. Por ejemplo, si hasta los saqueos, el aparato político y mediático del Gobierno criticaba ácidamente a la coalición sindical opositora por no haber podido convocar tantos manifestantes para el acto del miércoles pasado en la Plaza de Mayo, ¿cómo explicar que la misma gente que supuestamente fracasó en sacar a la calle a sus propios afiliados pudo haber tenido tanto éxito, horas después, en un eficaz operativo que permitió que cerca de 300 comercios fueran saqueados en 40 ciudades del país?

¿La presencia de un ex dirigente de Camioneros, Héctor “El Paraguayo” González, en los saqueos de Campana, zarandeada por el Gobierno, demostraría que el gremio participó orgánicamente de los episodios?

Hay pistas que van en un sentido contrario: el titular del Sindicato de Camioneros de Santa Fe, Marcelo Dainotto, denunció al sitio lapoliticaonline que existieron bandas organizadas para implicar a su gremio . “En Rosario, en Centeno y Ovidio Lagos había una bandita que cantaba «camioneros, camioneros» y eran todos chicos jóvenes entre 18 y 20 años que vaciaron un supermercado chino, pero no tenían nada que ver con nosotros”. El kirchnerismo siempre necesita enemigos fáciles de identificar para disimular problemas difíciles de explicar (y de solucionar). Habría que recomendarle que lea en forma urgente el libro “La zona gris”, de Javier Auyero, en el que este sociólogo argentino investigó los saqueos de 2001 y encontró esa “zona gris” en la que se mezclaba gente con necesidades (que también entonces se llevó electrodomésticos de los comercios), punteros, dirigentes políticos y policías.

Auyero afirma que “en muy raras ocasiones la violencia colectiva es espontánea: en 2001 hubo elementos de espontaneidad, pero también muchos elementos que apuntaron a la coordinación, explícita o implícita, entre vecinos que buscaban mercadería, dirigentes partidarios con distintos grados de poder político y policías”. Es más fácil echarle la culpa a dirigentes opositores que internarse en una realidad que nadie conoce bien (y de la que los que manejan el Estado, sobre todo, son responsables de no haber hallado soluciones). El moyanismo, como graficó Juan Carlos Schmid (dragado y balizamiento), siente que “algunos funcionarios parecen del FBI de los años 50 porque comenzaron la caza de brujas”. Por eso prepara, además de las presentaciones judiciales, una denuncia ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por “persecución sindical” . Y, en el fondo, respira aliviado porque el apresuramiento del Gobierno permitió esquivar un más profundo análisis del acto en la Plaza de Mayo: fue evidente que falló en su intento de captar a los los caceroleros de clase media e incluso, aunque la concurrencia superó a la de la movilización del 10 de octubre, hubo gremios que no pudieron hacerse notar.

Mientras la CGT Balcarce se solidarizaba secretamente con el líder camionero, la CTA oficialista fue la que con más contundencia se puso del lado del Gobierno al equiparar a Moyano y sus aliados con “sectores que quieren la desestabilización”. Su titular, Hugo Yasky, despotricó contra “la violencia y los que quieren un clima de violencia permanente” sentado junto a Luis D’Elía, que quedó muy cerca del juicio oral luego de que se confirmó su procesamiento por la violenta toma de una comisaría, en 2004.Tanta fidelidad tendrá su premio: Yasky reveló que el ministro Tomada los recibirá el próximo 8 de enero para analizar el Impuesto a las Ganancias . Es el tema que desvela a todo el sindicalismo, pero, curiosamente, o no tanto a partir de los llamados secretos a Moyano, el Gobierno aún no le puso fecha a su encuentro con la CGT Balcarce.

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