Sergio Palazzo: ''El sindicalismo se va a reordenar''

Sergio Palazzo: ''El sindicalismo se va a reordenar''
El mendocino fue elegido recientemente de manera abrumadora y considera que cuando hay posibilidades de un recambio de gobierno, el movimiento obrero tiende a reunificarse. Radical, no está dispuesto a quedarse callado si tiene diferencias.
Es un ejemplar raro dentro de un sindicalismo mayoritariamente peronista. Afiliado radical “desde siempre”, según él mismo lo señala, el mendocino Sergio Palazzo arrasó en las recientes elecciones y se convirtió en el líder de la Asociación Bancaria a nivel nacional.

Su agrupación obtuvo el 87,76 por ciento de los votos, imponiéndose a otras dos listas, una de ellas impulsada por el titular del Banco Nación, el también mendocino Juan Carlos Fábrega.

En 1994 ganó la elección a secretario general en la filial Mendoza, en 2005 fue designado secretario de Acción Social y Deportes en la Bancaria nacional y en 2009 a 2013 integró la lista como secretario adjunto nacional y, a los 40 días de haber asumido, quedó a cargo de la conducción por la detención del ex titular Juan José Zanola.

Según afirma, el hecho de ser radical no genera ningún inconveniente. “El secreto es estar cerca de los compañeros, contenerlos y tratar de darles soluciones. A partir de allí se construye una relación de confianza y de compromiso de ambas partes que se refleja en el resultado electoral”.

-¿En esta oportunidad le ganó a una lista impulsada por el kirchnerismo?

- En realidad, impulsada por el presidente del Banco Nación que es un funcionario del kirchnerismo. Pero no fue una intromisión estructural del Gobierno. Inclusive, en la lista que yo integro hay compañeros que tienen renombre y militancia dentro del kirchnerismo.

Además, pese a ser radical tengo una excelente relación con algunos funcionarios del Gobierno, en particular con algunos legisladores vinculados a La Cámpora, con los ministros Tomada y De Vido y uno de los profesionales que me asesora es Héctor Recalde.

-¿Por qué decidió retirarse de la CGT que encabeza Hugo Moyano?

- Dentro del gremio nos dimos un debate muy fuerte y tomamos dos decisiones valientes. Estar en la CGT y luego irnos. En ambos casos lo hicimos orgánicamente, con una resolución del congreso.

Entendemos que la legalidad indica que la CGT que debe estar vigente es la que conduce el compañero Moyano y fuimos allí por una agenda gremial que nos contenía. En el medio aparecieron cuestiones que nos parecieron no prudentes y que estuvieron atadas a la actividad política de Moyano.

Él tiene todos los méritos para involucrarse en política y es hasta un buen candidato, pero no podemos aceptar que se involucre a la CGT y a todos los sindicatos detrás de un partido político. Otro de los problemas fue el marco de alianzas que la CGT Azopardo estaba teniendo con la CTA.

Si bien soy radical, defiendo el modelo sindical del peronismo, el del sindicato único por actividad, el de una sola representación sindical en la negociación colectiva y no creo en los latiguillos que hablan de la libertad sindical, porque son estrategias de los poderosos para debilitar las acciones sindicales.

-Antonio Caló y Luis Barrionuevo lo llamaron para felicitarlo. ¿Es un primer paso hacia un acercamiento?

- Con ambos tengo un muy buena relación personal. También me llamó Omar Plaini, que está vinculado a Moyano. Fueron llamados de cortesía, porque hay respeto y afecto mutuo.

-El movimiento obrero está atomizado, ¿será difícil juntarlo de nuevo?

- Después del proceso electoral de octubre pueden haber acercamientos entre los distintos sindicatos. Porque la historia indica que las divisiones, cuando hay proximidad de una elección y de un recambio de gobierno y al no haber posibilidad de una reelección, el sindicalismo sólo se reordena y vuelve a tener una CGT.

Por otro lado, los problemas que antes eran de unos pocos empiezan a ser de varios, como el impuesto a las ganancias; otro tanto puede decirse del financiamiento de las obras sociales o de la asignación familiar. Son puntos de agenda común que pueden encontrar el principio de una unidad.

-¿Por qué el sindicalismo perdió capacidad de movilización?

- Creo que los ‘90 produjeron una fractura en la relación entre los dirigentes sindicales y la sociedad. Porque muchos dirigentes adhirieron a las políticas de Menem, que terminaron siendo elementos perjudiciales para los trabajadores, como las privatizaciones o la absoluta libertad de comercio o el crecimiento de la especulación y la usura.

Y como muchos acompañaron hasta el final esas políticas, la gente involucró a la totalidad del sindicalismo, aunque no haya sido así.

Es el primer divorcio entre el sindicalismo y la sociedad. Después, la crisis del 2001-2002 afectó la representatividad no sólo de los sindicatos, sino de toda la clase política. Fueron dos golpes muy fuertes. Por otra parte, si algo le tengo que reconocer a Néstor Kirchner, es la valoración que le da a la política en la Argentina.

-¿Hubo algún pedido desde el radicalismo para que se vuelque a la política?

- No, ninguno. Llamativamente me hice cargo hace más de 3 años de la Asociación Bancaria y han sido muy pocos los amigos radicales que se han interesado en eso. Rescato a Enrique Vaquié, Ernesto Sanz, Juan Carlos Jaliff, Sergio Moralejo, Daniel Dimartino, Daniel Vilchez y Julio Cobos, que me llamó para felicitarme.

Y en el orden nacional, salvo una relación personal que tengo de años y de mucho respeto con Coti Nosiglia y el acercamiento de Ricardo Alfonsín, pero nada más. Ni siquiera conozco al presidente del radicalismo.

-¿Es difícil para el sindicalismo actuar frente a un gobierno que lo considera amigo o enemigo y no un simple adversario?

-Uno no tiene que caer en la falsa opción maniquea de que si digo que todo está bien soy amigo o si me quejo soy enemigo. Hay que tener madurez y valentía para expresar nuestra opiniones. Personalmente celebro la estatización de YPF, que el sistema previsional lo maneje el Estado y la estatización de Aerolíneas.

Pero también tengo críticas, como no avanzar en una reforma tributaria que tienda a eliminar el impuesto a las ganancias, o no tener la valentía de avanzar en una ley de entidades financieras porque la actual es de la época de Martínez de Hoz que llevó a la Argentina a una política de especulación por encima de la producción.

También hay un doble discurso y las tercerizaciones siguen existiendo y hay empresas del Estado que, por pagarles menos, como en el caso del Nación, no los reconocen como bancarios. No estoy dispuesto a quedarme callado cuando tengo diferencias. Si no, no sería un dirigente sindical, sino un aplaudidor profesional de los actos de gobierno.

-¿Va a incursionar en la política en un futuro mediato?

- Absolutamente no, no lo hice cuando estuve en Mendoza, donde sí recibí ofrecimientos, menos lo voy a hacer ahora. No es mi campo el político.

-¿Por qué siempre todo es peronismo?

- Porque no hay discusiones vinculadas a modelo de país. Desde el Gobierno se dice que representa a la centroizquierda y todo lo que no sea vinculado a ellos, es la derecha. Es un falso discurso, que lo que hace es quitarle el marco de acción a otros partidos políticos que pueden ser una opción de centro izquierda, como el radicalismo o el socialismo.

El peronismo es una maquinaria electoral fenomenal y es respetable. Pero también es lamentable que para que haya otro gobierno que no sea peronista, tiene que haber una profunda crisis en el país.

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