El sindicalismo aún cree en los Reyes Magos

El sindicalismo aún cree en los Reyes Magos
Por Ricardo Carpena.

Estarán contentos los sindicalistas con los regalos que les dejaron los Reyes Magos?

No les debe haber resultado fácil a Melchor, Gaspar y Baltasar conformar a algunos dirigentes que viven como reyes , se sienten tan poderosos que quieren adueñarse hasta de los camellos y cuya verdadera magia consiste en permanecer en sus puestos durante décadas. Pero, aun así, cada uno amaneció con una nueva ilusión sobre los zapatos.

Hugo Moyano recibió un almanaque 2013 que le resultará ideal para acordarse de que el 10 de febrero, en Mar del Plata, lanzará un partido político propio (y ahora está buscando a los Reyes Magos, no para agradecerles sino para afiliarlos al gremio camionero: cree que sólo podrían llegar a todos lados en algún vehículo con ruedas).

Antonio Caló, por su parte, se encontró con una invitación personal e intransferible de Cristina Kirchner, ideal para participar de la fiesta de bienvenida a la Fragata Libertad o de los asados en la ESMA. La tarjeta no aclara si también le servirá para sumarse a las negociaciones para cambiar el Impuesto a las Ganancias (algo que desean casi todos los trabajadores, pero es tan ilusorio que está fuera del alcance de los Reyes Magos).

Hubo regalitos envueltos de urgencia, como el que recibió el moyanista Juan Carlos Schmid, del gremio de dragado y balizamiento, por parte del Gobierno: apurados por la llegada de la Fragata Libertad, los funcionarios debieron recurrir a los trabajadores de ese sindicato “enemigo” para dragar el puerto de Mar del Plata y poder mover un barco amarrado allí desde hace un año y cuya base es la Isla Demarchi, lugar de donde la Presidenta quiere desalojarlos cuanto antes para instalar el Polo Audiovisual.

El regalito impensado no fue de Reyes, sino de Navidad. Uno de los emblemas del gremialismo de izquierda, Rubén “Pollo” Sobrero, fue recibido a fines de 2012 por el ministro del Interior, Florencio Randazzo, el mismo que, un mes antes, había calificado a los delegados del Ferrocarril Sarmiento de “energúmenos” por un paro sorpresivo.

En la llamativa convocatoria influyó el más puro pragmatismo : Randazzo apura un plan de obras en el Sarmiento para anunciarlo el 22 de febrero, el mismo día del aniversario de la tragedia de Once, y Sobrero es un interlocutor ineludible: volvió a ganar las recientes elecciones de delegados de esa línea de trenes e incluso se quedó con la seccional GBA-Oeste de la Unión Ferroviaria, luego de ganarle con el 55% de los votos a la lista oficial, alineada con José Pedraza y en el poder desde hacía ocho años.

Este reconocimiento oficial a una expresión sindical dura, más la consolidación de los metrodelegados, son apenas dos de las caras de un fenómeno palpable: el crecimiento del sindicalismo combativo , sobre todo en muchos cuerpos de delegados, como expresión del retroceso de la dirigencia tradicional, a la que le cuesta cada vez más contener a sus bases, y, al mismo tiempo, como emergente del nuevo perfil de los trabajadores, más jóvenes, más rebeldes, más exigentes y menos apegados al peronismo.

La efervescencia por debajo de las cúpulas sindicales es una de las explicaciones de que la conflictividad continúe en alza, año tras año. Según un informe del Observatorio de Derecho Social, que depende de la CTA opositora, en dos de cada tres conflictos que se registraron en el primer semestre de 2012 siguió siendo mayoritaria la presencia de sindicatos de base o seccionales locales . Y fue “muy relevante la cantidad de conflictos promovidos por trabajadores que no cuentan con ninguna representación sindical formal o que llevan adelante sus acciones sin la presencia de la organización sindical existente: representan el 18% de los casos , con una participación mayor en el sector privado”.

Además, cuesta cerrar la brecha entre la dirigencia sindical tradicional y los trabajadores porque quizá a muchos gremialistas tampoco les interese acercarse a sus bases. Al menos, muchos no lo necesitan para sostener económicamente sus estructuras: la llamada “cuota solidaria”, un descuento salarial compulsivo a todos los trabajadores de una actividad, que es acordado, desde fines de los años noventa, entre sindicatos y empresas, con el aval de los distintos gobiernos, les ha permitido a ciertos dirigentes mantener “la caja” de sus organizaciones, sin que les importe la creciente desafiliación .

En 2012, Moyano fue el primero que cedió ante esta nueva realidad: debió recurrir a delegados y agrupaciones combativas para garantizar el éxito del paro del 20N, que fue efectivo, más que por cualquier otro motivo, gracias al impacto de los piquetes en parte de los accesos a la Capital. En este 2013 puede producirse un mayor protagonismo del sindicalismo combativo. Los elementos que podrían precipitarlo están a la vista : un gobierno obsesionado por ganar las elecciones, pero que quiere ponerle un tope a las paritarias para que no se desboque la inflación. Y una dinámica sindical de mayor atomización que redunda en menor contención de las bases y en una conflictividad sin freno. Por eso es muy difícil que Cristina Kirchner haya amanecido ayer con una promesa de paz social en sus zapatos. Los Reyes Magos cumplen algunos sueños, pero, sobre todo en la Argentina, no pueden hacer milagros.

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