El sindicalismo prepara una ofensiva salarial

El sindicalismo prepara una ofensiva salarial
Las centrales obreras opositoras lanzarán una fuerte ofensiva, que incluye una movilización a la Plaza de Mayo que se haría el 20 de noviembre, para compensar los salarios ante la escalada inflacionaria mediante la reapertura de las paritarias o un bono navideño de 2.000 pesos.
Con el mismo fin, la izquierda exigirá un doble aguinaldo. Algunos ganaron y otros perdieron en las elecciones, pero todos se proponen lo mismo: recuperar la iniciativa para hacerse fuertes desde la agenda sindical.

Lejos del diagnóstico surrealista de la subsecretaria de Defensa del Consumidor, María Lucila Colombo, que había afirmado que “los problemas inflacionarios no son tales”, para la mayoría de los sindicalistas el panorama es alarmante: los precios suben sin control, se habla de un inminente ajuste de las tarifas de los servicios públicos, los convenios salariales fueron negociados con un tope oficial (de entre el 22 y el 24%) que ya quedó desactualizado y en algunas actividades (como en la industria metalmecánica radicada en Córdoba y Santa Fe, por ejemplo) hay empresas que amenazan con despidos, suspensiones, recorte de horas extras o vacaciones anticipadas.

Por eso puede transformarse sólo en una foto el sugestivo encuentro que mantendrán el sábado próximo Moyano y Antonio Caló, titular de la CGT kirchnerista. Ambos hablarán en un encuentro organizado por la Comisión de Pastoral Social de la arquidiócesis de Buenos Aires, cuyo responsable, el presbítero Carlos Accaputo, hace largo tiempo que, en nombre del papa Francisco, está fogoneando la unidad sindical.

Pero parece imposible: Moyano quiere convertirse en el símbolo de la resistencia al “ajuste económico que ya se está produciendo” (la mejor forma, además, de recuperarse de la debacle electoral) y Caló no afloja en su ultraoficialismo sin fisuras: “Nosotros tenemos que acompañar como trabajadores al gobierno para que llegue a buen puerto”, insistió ayer a Diario Popular (aunque allí sorprendió al confesar que “los gremialistas somos pendulares: un día estamos con uno, otro día estamos con otro”).

Será difícil la reunificación sindical hasta que no haya consenso sobre qué tipo de CGT quiere cada sector. Un indicio nada prometedor lo dio, la semana pasada, la central que conduce Caló: además de ratificar que seguirá fiel a Cristina Kirchner, definió una agenda de reclamos que está encabezada por “la defensa del modelo sindical” y “la devolución de los fondos de las obras sociales”. Es decir, apuesta a mantenerse pegada al Gobierno para preservar su estructura política y económica.

Las próximas horas serán clave para la movilización a la Plaza de Mayo. Hoy estará en discusión entre los gremios de la CGT Azul y Blanca, que dirige Luis Barrionuevo. Y mañana será debatida por Moyano y el consejo directivo de la CGT Azopardo, y, en forma casi simultánea, por unos 200 delegados que integran el confederal de la CTA disidente. Como el jefe de esta fracción ceteísta, Pablo Micheli, se someterá el martes 26 a un transplante de riñón para superar las secuelas de su enfermedad autoinmune, se descuenta que los delegados del confederal aprobarán la marcha para el día 20. De paso, llamarán a elecciones para fines de mayo, en donde la lista de Micheli, que aspira a su reelección, se enfrentaría a una que presentaría el Partido Obrero.

Alineada con ese partido, la Coordinadora Sindical Clasista resolverá pasado mañana una campaña en favor del doble aguinaldo para afrontar el alza del costo de vida, e invitará a sumarse a sus socios del Frente de Izquierda. En este sector creen que existe una gran oportunidad para que el crecimiento en las urnas se traslade a los gremios. Se basan en algunos números llamativos: la lista que encabezó Néstor Pitrola le ganó a la de Moyano y Francisco De Narváez en 20 de los 24 partidos del conurbano.

Para el PTS, el partido trotskista que más crecimiento tuvo en comisiones internas de fábricas importantes, el barómetro de su inserción sindical serán las elecciones de delegados en Mondelez (ex Kraft), un símbolo para la izquierda luego del traumático conflicto de 2009. Allí, el 15 de noviembre, el militante del PTS “Poke” Hermosilla buscará su reelección en una lista que incluye a independientes y que se enfrentará, hasta ahora, a una nómina peronista y a otra de la izquierda maoísta.

Lejos de la izquierda, Sergio Massa parece decidido a imponer su propia agenda y acelera el ritmo. Se reunió a solas con Facundo Moyano, noticia que irritó al papá de éste, Hugo, a quien el intendente de Tigre envía mensajes, pero sigue sin llamar después de su triunfo electoral. Pasó para el domingo 17 el acto en el que convocará a la unidad sindical (e insinuará el final de la reelección indefinida) ante dirigentes de segunda y tercera línea. Y sabe que la ofensiva del eje Moyano-Micheli-Barrionuevo puede incomodarlo: así como tomó la iniciativa con su propuesta sobre Ganancias, Massa se resigna ahora porque cree que no se puede plantear una consigna general para recomponer los sueldos y que cada gremio debería tratar de evitar la erosión inflacionaria.

Seguramente preocupado por la frágil situación socioeconómica, o por el futuro de su proyecto, el líder del Frente Renovador auspicia contactos reservados entre gremialistas y empresarios, quizá apostando a convertirse en el gestor de un pacto social en las sombras. O en el garante de la paz social que le costará mantener a Cristina Kirchner.

Comentá la nota