El sindicalismo recupera protagonismo

Triunfe quien triunfe en las urnas, la dirigencia gremial tradicional sabe que recuperará el poder perdido en estos años de cristinismo.

La mayoría de los argentinos votaremos el domingo próximo, pero los principales candidatos presidenciales ya lo hicieron, sin boleta ni cuarto oscuro, en una categoría crucial en caso de que consigan llegar al gobierno y pretendan garantizar la paz social: Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa eligieron devolverle al sindicalismo peronista los privilegios de siempre.

Triunfe quien triunfe en las urnas, la dirigencia gremial tradicional sabe que recuperará el poder perdido en estos años de cristinismo. ¿Qué ganará? Un mayor protagonismo político, la participación en las decisiones de gobierno, la defensa del viejo modelo sindical y el control de los fondos de las obras sociales. ¿Qué ofrecerá a cambio? Una tregua que asegure la gobernabilidad.

En realidad, se trata de la transacción habitual entre el poder político y el poder sindical, un clásico toma y daca que no será fácil de sostener si hay ajuste económico y los trabajadores se resisten a pagar el costo de la fiesta kirchnerista.

Pero eso será recién desde el 10 de diciembre. En estos días los sindicalistas siguen a los codazos para saber quién incidirá más sobre el nuevo Presidente.

Ese dilema será el trasfondo de una nueva reunión para avanzar hacia la reunificación de la CGT que se hará a mediados de semana, en el Hotel Castelar, entre Hugo Moyano, los independientes de la CGT Balcarce (Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez y José Luis Lingeri) y “los Gordos” (Armando Cavalieri y Héctor Daer). Luego de la selfie que se sacaron el 11 de septiembre pasado, en la casa del empresario Hugo Franco, el objetivo de estos dirigentes es consensuar un documento que sirva de base para la unidad sindical y, virtualmente, de pliego de condiciones para que el próximo gobierno no los ignore, como viene haciendo Cristina Kirchner desde 2007.

Antonio Caló será invitado de nuevo a sumarse, aunque hay pocas esperanzas de que acepte: acelerar la reunificación de la CGT implicaría dar un paso al costado y resignar su papel de principal interlocutor sindical de Scioli. Hace dos semanas, una treintena de gremios importantes, como SMATA, y otros del Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA) se juramentaron para que el jefe de la UOM continúe en la CGT Balcarce hasta el final de su mandato, en octubre de 2016.

La división cegetista impactará sobre el sucesor de Cristina Kirchner, que necesitará la unidad sindical para contener a los trabajadores en un escenario de medidas impopulares.

Si el nuevo Presidente llegara a ser el candidato kirchnerista, heredará algunos problemas que surgen de su propia tropa. Como la decisión de Omar “Caballo” Suárez de ignorar la anulación de las elecciones en el SOMU y avanzar igual con la votación, al grito de: “Ya arreglé con Scioli y de acá no me saca nadie”, como le dijo a su gente (ver aparte). O la crisis laboral en el sector automotor, que el Gobierno no puede solucionar y podría estallar tras los comicios, un cuadro que deberá afrontar el sciolista Ricardo Pignanelli, líder de SMATA, que la semana pasada fue reelegido y que pobló su nuevo consejo directivo de aliados más fieles, entre quienes figura su hijo Sergio.

Gran parte de este sindicalismo atrincherado, que carece de un proyecto claro y sólo espera recuperar el poder, hubiera estado en dificultades para hablar ante el Coloquio de IDEA con la contundencia con que lo hizo Víctor De Gennaro en un bloque destinado a reflexionar sobre “valores y ética”.

El fundador de la CTA fue respetuoso pero inflexible al destacar ante la platea empresarial que “mientras el país elige a sus representantes desde hace 32 años, no se puede elegir en los lugares de trabajo porque el 83,4% de las empresas privadas no tienen delegado”, por lo que llamó a “democratizar a fondo los lugares donde se genera la riqueza”.

Y les recordó a los hombres de negocios que “un tercio de la población es pobre porque la pobreza disciplina y el hambre hace sobrevivientes, mientras que el trabajo es la clave de la transformación”.

Los aplausos que recibió quizá simbolicen la apertura de un tiempo distinto, en donde los sindicalistas puedan llegar a acuerdos con los empresarios sin perder la voz y las convicciones en el camino, y éstos, a su vez, reconozcan sin prejuicios la necesidad de consensos con los representantes gremiales.

Es otro de los desafíos que comenzarán a ponerse en marcha dentro de una semana, cuando se disipen las incógnitas políticas y se perfile el inexorable regreso de la “patria sindical”.

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