El Sindicato de Canillitas dejó sin diarios a los santiagueños

Miles de lectores sufrieron el sábado próximo pasado la medida de fuerza tomada por el Sindicato de Vendedores de Diarios que decidió no repartir los dos matutinos en papel de la provincia, en disconformidad por el precio de tapa, del cual cobran un porcentaje como contraprestación del servicio. La insólita medida se adoptó el día en que el precio de tapa del diario era como el de los domingos, lo que terminó perjudicando además de los afiliados al gremio, a miles de lectores.
Miles de lectores sufrieron el sábado próximo pasado la medida de fuerza tomada por el Sindicato de Canillitas que decidió no repartir los dos matutinos en papel de la provincia, en disconformidad por el precio de tapa, del cual cobran un porcentaje como contraprestación del servicio.

En una medida intempestiva y sin información previa a los lectores, sus clientes directos que le pagan por el servicio, los canillitas dejaron sin información a miles de personas que pretendían simplemente informarse como habitualmente lo hacen.

Ancianos, enfermos, discapacitados, buscadores de trabajo, etc.., no pudieron leer su diario. No pudieron el sábado por la medida de fuerza y el domingo por el tradicional feriado, que es uno de los pocos días en el año que no hay diarios. Para ellos, que no tienen acceso a las versiones digitales vía internet, el mundo estuvo 48 horas sin noticias. Tal es el atropello sufrido.

Impedir o perturbar la circulación de un diario es un delito sancionado por el Código Penal y constituye un atropello a la libertad, a la que la Constitución le da un tratamiento jurídico preferencial.

Las medidas de acción directa contra medios de comunicación constituyen un obstáculo para la convivencia armónica y la paz social, una amenaza para la democracia y el sistema republicano.

Para resolver los conflictos el peor camino es el de los hechos, sobre todo cuando por esta vía se termina violentando derechos de raigambre superior y afectando los intereses de una amplia franja de ciudadanos que desean ejercer su legítimo derecho a la información.

En la realidad cotidiana, estamos asistiendo a ciertas acciones de “piqueterismo pseudosindical”, con intimidaciones, ocupaciones de fábricas, obstaculización de la producción y violación de la libertad de trabajo perjudicando a terceros, a quienes se les cercena la libertad de tránsito, o el derecho a trabajar, o incluso se les producen daños de cualquier envergadura.

En ese sentido, la propia presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, advirtió hace pocos días que “en la Argentina hay derecho de huelga pero no de extorsión o chantaje”.

El Sindicato de Canillitas ha errado su camino y no ha tomado cabal conciencia de lo que implica impedirle a la ciudadanía acceder a la información de sus diarios. Es sumamente grave lo que ha ocurrido, y refleja una decisión impetuosa que a nada bueno conduce.

Resulta por demás insólito que el día en que el precio de tapa del diario era como el de los domingos -por tratarse de una edición especial de 150 páginas junto con la revista Rumbos, por el último día del año-, lo que redundaba en una mayor ganancia para los canillitas, se haya tomado una medida intempestiva como la que adoptaron los dirigentes del sindicato, y especialmente porque EL LIBERAL siempre buscó el diálogo para superar todas las diferencias que pudieran surgir.

Lamentablemente, la extorsiva medida del Sindicato de Vendedores de Diarios, al bloquear en Santiago y La Banda los centros de distribución del diario, además de perjudicar a los propios afiliados al gremio, terminó afectando los derechos de miles y miles de lectores de EL LIBERAL, que nada tienen que ver con esos intereses.

Es de esperar que reflexionen sobre el daño ocasionado a sus clientes, a las empresas editoras, a los anunciantes, a las libertades ciudadanas y a todo lo que involucra el proceso de información.

Agradecemos a los miles de santiagueños que, a pesar de la medida de fuerza, se llegaron hasta nuestras oficinas para adquirir su diario y pedimos disculpas a los restantes lectores que no recibieron EL LIBERAL en sus casas como habían acordado con sus canillitas que les cobran por el servicio, esta vez no brindado.

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