Los sindicatos, en alerta por la tensión social

Se ven en medio de un incendio que empezó a propagarse, con un bidón de nafta y un balde con agua en cada mano. Así podría sintetizarse la sensación que tienen hoy muchos sindicalistas. Porque después del inquietante cuadro de saqueos, rebeliones policiales y tensiones sociales, el dilema que enfrentan es muy claro: ¿Menos intransigencia a cambio de paz social? ¿O más inflexibilidad a riesgo de acelerar el deterioro económico?

Existe temor gremial a poner en jaque la gobernabilidad, aunque la inflación está haciendo estragos en los sueldos, el acuerdo de precios cada vez se desinfla más (hablan de una canasta de sólo 100 productos) y el tope para las paritarias asoma como algo inevitable desde el Gobierno.

Hoy, hasta los más moderados de la CGT oficialista advierten: “Apoyamos a Cristina, pero nadie va a firmar un 20% de aumento”.

Para colmo, en poco ayuda a la fidelidad sindical la seguidilla de anuncios del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, en contra de los pedidos de un bono navideño para jubilados y estatales, y en rechazo a la exención del Impuesto a las Ganancias para el aguinaldo de diciembre.

La delicada situación social sería debatida esta semana por la CGT opositora, aunque el gremio que encabeza Hugo Moyano está preparándose para la batalla: hoy se realizarán asambleas en las principales empresas de la actividad camionera para analizar qué hacer si sigue la resistencia a otorgar un bono de fin de año. Cerca del líder cegetista afirman que el sector patronal paga una gratificación navideña desde hace cinco años y que reclaman 5.000 pesos, pero admiten que se conformarían con “algo menos”.

“El Gobierno les baja línea a los empresarios para que no paguen el bono, pero no lo vamos a aceptar. No perderemos esa conquista”, advirtió Moyano a Clarín.

El que sigue de cerca los pasos del jefe camionero es Luis Barrionuevo, que tiene previsto llamarlo hoy mismo para avanzar en un plan de lucha: “Hay que hacer un paro general antes de Navidad”, dicen en el entorno del dirigente gastronómico, que también sufre la negativa de las cámaras empresariales a pagar un bono de 2.000 pesos y ya está planificando protestas que afectarán al sector justo en las semanas de mayor facturación.

En la CGT Balcarce, su jefe, Antonio Caló, es uno de los dirigentes que recurre con frecuencia al economista Dante Sica, titular de la consultora Abeceb y autor de un flamante informe que prendió las luces rojas en varios despachos sindicales porque sostiene que, “por primera vez en 10 años, el salario real no mostrará mejoras en 2013”.

Pero la UOM se siente maniatada para reclamar, al igual que los mecánicos de Smata u otros gremios industriales: en muchas actividades fabriles está cayendo la producción y se generalizan los anticipos de vacaciones, las suspensiones y las amenazas de despidos.

Los sindicalistas K tienen otra inquietud: recrudecieron en las últimas horas las versiones sobre el alejamiento de Carlos Tomada del Ministerio de Trabajo y suponen que, si se refuerza la tendencia al ajuste económico del Gobierno, el Gobierno necesitará allí a alguien que imponga una mano dura para alinear al sindicalismo.

Hay dirigentes que vieron a funcionarios de la cartera laboral “con ánimo de hacer las valijas para irse” e incluso atribuyen a ese clima los inusuales condicionamientos que imponen algunos funcionarios, por ejemplo, para la aprobación de estatutos. “Si Cristina no lo echa, Tomada sólo se iría si modifican la ley sindical, que él prometió defender, o si deciden interrumpir las paritarias”, dice alguien que lo conoce bien.

Lo que no se irá, con seguridad, es el escenario de ruptura sindical. Aunque se mantienen los fluidos contactos entre el kirchnerista Gerardo Martínez y el moyanista Juan Carlos Schmid (encargados de las relaciones internacionales de ambas CGT), hay pistas de que la reunificación está lejos: en Roma, antes de la audiencia con el papa Francisco, Caló le confesó a un puñado de colegas que no lo quiere “ni ver” a Moyano.

Y mientras una parte del sindicalismo define si elige el bidón de nafta o el balde de agua, hay otro sector combativo que está dispuesto a avivar las llamas: acaba de nacer una nueva corriente gremial de izquierda que lideran Carlos “El Perro” Santillán y Rubén “Pollo” Sobrero.

Ambos compartieron un acto de Izquierda Socialista, el sábado pasado, y se propusieron recorrer el país para consolidar una agrupación que, en los papeles, competirá con el Partido Obrero y el PTS: es que todavía no definieron si se moverá dentro del Frente de Izquierda o mantendrá su autonomía.

Lo que sí es seguro es que propondrán “la unidad del movimiento obrero” y tratarán de acercarse a la CGT opositora. De por sí, ya hubo sondeos para sumarlos a esa central obrera, pero fracasaron porque Moyano puso un freno: “No es el momento”, dijo el líder camionero, quizá con la cabeza puesta en el relanzamiento de su partido, en marzo, desde donde formalizaría su acercamiento a Sergio Massa, pero siempre manteniendo su identidad.

Si la disyuntiva es nafta o agua, habrá que ver con qué se apagarán los focos de incendio en Córdoba, Catamarca y La Rioja, entre otros distritos, en donde los estatales y los docentes demostrarán esta semana que están en pie de guerra para exigir el mismo aumento que recibieron los efectivos policiales en las últimas horas. Otra señal de un país con tantas llamas inextinguibles y tan pocos bomberos que sofoquen la crisis.

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