Los sindicatos creen que la derrota electoral potenció los reclamos

Hay conformismo entre los dirigentes después de los anuncios; hoy van por el empleo en negro
Como había sucedido con los anuncios sobre el impuesto a las ganancias y la ampliación del universo de los beneficiarios de las asignaciones familiares, el rompecabezas sindical volvió ayer a unirse fugazmente para expresar su conformismo por las flamantes medidas vinculadas al monotributo y a los fondos que se destinarán a las obras sociales sindicales.

En las centrales obreras, tanto las oficialistas como las opositoras, coincidieron en que las respuestas a sus demandas se activaron tras la derrota electoral del kirchnerismo en las primarias de agosto. Sin embargo, valoraron las soluciones, a pesar que fueron otorgadas en dosis homeopáticas y que no cumplen en plenitud con los reclamos planteados inicialmente.

"Estamos satisfechos por lo que se consiguió. Fueron meses y meses de diálogo y trabajo. Lo mido como un reclamo de la CGT que fue cumplido y no como un hecho político después de las elecciones. Es parte de la misma agenda que plantearon Moyano y Barrionuevo", dijo a LA NACION José Luis Lingeri, un jerárquico de la CGT oficialista y quien negoció con el Gobierno las mejoras para las obras sociales.

"La CTA respalda lo que el Gobierno construyó en todos estos años, decisiones que favorecen a los sectores populares y fundamentalmente a los trabajadores", dijo Pedro Wasiejko, que elogió la suba de las escalas en el monotributo.

"Lo importante es que aparecieron las soluciones. Las tres CGT y las dos CTA pedían Ganancias, asignaciones y más fondos para la salud", destacó un dirigente de la CGT Azul y Blanca que encabeza Luis Barrionuevo. El mismo diagnóstico tuvo un hombre de peso de la central de Hugo Moyano.

"El Gobierno necesitaba dar un golpe para recuperar algunos de los millones de votos que perdió en agosto", evaluó un representante de la CTA que estuvo ayer en Balcarce 50. A la Casa Rosada asistió solamente el sindicalismo oficialista, encarnado en la CGT que encabeza Antonio Caló y en la CTA de Hugo Yasky. Fueron excluidos, otra vez, los sectores antagónicos, representados por Moyano, Barrionuevo y la CTA que lidera Pablo Micheli.

De los anuncios de ayer, el que más satisfacción generó fue el de las obras sociales. Si bien no se abonará el total de la deuda reclamada, que sería de unos $ 15.000 millones, el Estado anunció que inyectará al sistema $ 1900 millones y que a partir de 2014 distribuirá unos $ 6500 millones, lo que triplicará las sumas que venían siendo repartidas.

Según los gremios, este dinero aliviará las situaciones financieras de las prestadoras médicas y permitirá ajustar el desfase que provocaba la atención a los monotributistas, que, en casos aislados, habían comenzado a ser rechazados en las obras sociales. El problema de fondo, argumentan los sindicalistas, es que mientras un monotributista paga $ 95, un trabajador en relación de dependencia aporta el 9% de su salario, que depende el caso, son montos que superan los $ 600. Por esta disputa, Moyano planeaba activar una protesta. Ahora, la medida quedó en suspenso.

Generó malestar entre los gremios que el Gobierno haya presentado que los fondos que se le ampliarán a las obras sociales son subsidios, como indicó la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), a cargo de Liliana Korenfeld. "Es la plata de las obras sociales, no es un subsidio", cuestionó un barrionuevista. Y Lingeri, que es un experto en la temática, aclaró: "Es una redistribución automática y el dinero sale de los aportes de los trabajadores".

Con los gremios aliados y las cámaras empresariales, el Gobierno evaluará hoy tomar medidas vinculadas a la lucha contra el empleo en negro. El 32% de los asalariados del país no está registrado, según el Indec. Es decir que serían unas 4.000.000 de personas las que no cuentan con aportes jubilatorios ni obra social..

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