Los sindicatos rechazan el acuerdo de precios

Los sindicatos rechazan el acuerdo de precios
Papá Noel no fue muy generoso con algunos sindicalistas (quizá porque la mayoría no se portó bien), pero hoy los Reyes Magos les dejarán a todos en sus zapatitos un regalo muy particular: un acuerdo de precios que, en lugar de retrotraer los valores a octubre pasado, blanquea las tremendas remarcaciones del último bimestre de 2013.
¿Alcanzará este verdadero paquete, de envoltura tan desprolija, para contener los próximos reclamos salariales, que el Gobierno pretende encarrilar en la franja del 18-20%?

“Si absorbe los aumentos de precios de noviembre y diciembre, el acuerdo no sirve y provocará que ningún gremio exija menos de un 30% en las paritarias”, vaticinó un dirigente de la CGT oficialista.

“Es una parodia sin sentido para confundir y engañar”, dijo Hugo Moyano a Clarín. Hasta los propios funcionarios suman problemas: mientras se confirmaba que el pomposo acuerdo incluye apenas 100 productos y que sólo regirá para la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, Augusto Costa, el sucesor de Guillermo Moreno, admitió ayer a Página 12 que “los precios van a subir y bajar”.

Para colmo, la CGT Azopardo difundirá hoy sus mediciones de la inflación de diciembre: aunque los números se están terminando de procesar, oscilaría entre 3,5 y 4% (la de noviembre fue del 2,76%), con lo cual, tomando en cuenta el menor porcentaje, el costo de vida de todo 2013 habría sido del 26% para el Observatorio de Datos Económicos y Sociales que pilotea el dirigente Jorge Sola, del Sindicato del Seguro.

Por eso, en un duro comunicado, la central que encabeza el camionero rechazará el acuerdo de precios al considerar que quieren convertirlo en “un parámetro para la estabilidad, cuando sólo apunta a contener los reclamos salariales”.

La medición del moyanismo, curiosamente, no está tan lejos de la que difundirá esta semana la CTA kirchnerista: 25,3% a lo largo de 2013. Hugo Yasky, su titular, afirmó a Clarín que el acuerdo de precios “genera expectativas”, pero advirtió que “así como no se puede poner marcha atrás a las remarcaciones, tampoco a los reclamos salariales”.

Como olfateaba que podrían desatarse nuevos episodios de tensión social, Moyano se quedó casi de guardia en su oficina. No fue lo que hicieron muchos de sus rivales de la CGT Balcarce: algunos empezaron sus vacaciones y otros están haciendo las valijas, lo que complicará que puedan definirse sobre el acuerdo de precios. “Antonio Caló no llamó a nadie, pero tendríamos que decir algo”, se sinceró un importante dirigente K.

Si se tiene en cuenta que la CGT barrionuevista y la CTA opositora también cuestionan el acuerdo de precios tal como lo diseñó el Gobierno, la conclusión obvia es que casi todo el sindicalismo no apoya la iniciativa oficial. No sólo por sus limitaciones, sino también porque, como denuncia el moyanismo, se sabe que está pensado para que, luego de enero y febrero, la mayoría de los gremios modere sus exigencias salariales.

Por eso empiezan a tornarse más sugestivos los contactos reservados que existen desde hace semanas (algunos nunca se interrumpieron) entre sindicalistas del moyanismo y del espacio kirchnerista.

Los más conocidos: Juan Carlos Schmid-Gerardo Martínez y Gerónimo “Momo” Venegas-Omar Maturano, que se suman al canal de diálogo permanente entre Abel Frutos, de la CGT Azopardo, y Luis Barrionuevo. ¿Terminarán todos unidos en un paro general en contra del Gobierno? Parece difícil, pero sería digno de Ripley: el mismo gobierno que alentó la fractura del sindicalismo, podría unirlo en contra de él, sin quererlo, por su equivocada política antiinflacionaria y salarial.

Sergio Massa no quiere quedarse de brazos cruzados: reclama que se anticipe para este mes la decisiva paritaria docente. “Que se discuta ahora. No podemos esperar a que la gente llegue al último día sin saber si empiezan o no las clases”, le confió a un allegado. Rodeado de sus sindicalistas afines, el líder del Frente Renovador insistirá en la creación de un Consejo Económico y Social. Sabe que Cristina Kirchner nunca llamará en serio al diálogo tripartito (equivale a compartir decisiones que sólo ella quiere tomar), pero, como les dijo en estas horas a sus asesores, “la solución para frenar las expectativas inflacionarias es lanzar un programa integral con metas graduales descendentes a tres años, y para eso hay que ir a un acuerdo intersectorial”.

El problema es que si la paritaria docente empezara ahora, lo haría con el pie izquierdo. En más de un sentido: el líder del poderoso Suteba, Roberto Baradel, que milita en la CTA oficialista, insinuó que dentro de un mes reclamaría sólo un 25% de aumento en el sueldo inicial de los docentes y detonó una reacción en cadena del trotskismo que viene avanzado en las seccionales de su gremio. Tribuna Docente, la agrupación docente del Partido Obrero, adelantó un plenario para el 9 de febrero para analizar un plan de lucha.

La izquierda está demostrando más reflejos ante la crisis que el sindicalismo tradicional: la Coordinadora Sindical Clasista, del PO, decidió que el eje de su estrategia serán las paritarias 2014: promoverán la realización de asambleas en las que proponen reclamar 8.000 pesos de salario mínimo y la indexación trimestral de los sueldos, como estandartes de un plan de lucha con un paro nacional. Hay un inconveniente: el PO está en medio de una virulenta pelea con el PTS, su socio en el Frente de Izquierda, por la presencia de un sindicato policial en la marcha del 19 de diciembre junto con la CTA opositora, que incluye duras acusaciones cruzadas. En eso, parecen casi peronistas.

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