El sinuoso camino de Caló a la Casa Rosada

El sinuoso camino de Caló a la Casa Rosada
¿Existen los ovnis y la vida extraterrestre? ¿Quiénes construyeron las pirámides de Egipto? ¿Por qué desaparecen barcos y aviones en el Triángulo de las Bermudas?
Hay muchísimos misterios insondables en el universo, pero en el mundo sindical existe uno solo, acaso el que más desorienta a los estudiosos: ¿dónde está Antonio Caló?

En la UOM esperan que su jefe vuelva hoy de sus enigmáticas vacaciones y hay más de un dirigente que quiere verle la cara: no sólo porque sigue resultado inentendible su ausencia en la semana en que el antimoyanismo logró ser recibido por la Presidenta, sino porque la versión insistente en los pasillos de ese gremio es que el líder metalúrgico estuvo internado para hacerse un “tratamiento de rejuvenecimiento”.

Si fuera cierto, algunos podrían entender el gesto de coquetería del favorito presidencial para pilotear la CGT oficialista: su rostro tendrá ahora tanta o más exposición pública que el de Hugo Moyano. Pero si fuera así, de todas formas, debería haberle informado sobre sus planes al Gobierno. Oscar Parrilli, secretario general de la Presidencia, que se encargó de reclutar el fin de semana pasado a los sindicalistas que fueron a la Casa Rosada, se extrañó de que el mandamás de la UOM no atendiera el celular y, con impaciencia, les hizo a sus colegas la pregunta del millón: “¿Dónde se metió Caló?”.

En el gremio metalúrgico hay quienes deslizan que la ausencia fue deliberada y parte de una estrategia. “¿Para qué ir a una reunión en la que iba a quedar oficializado como el candidato de Cristina, pero no se iba a anunciar nada concreto?”, susurró un dirigente. Sus colegas no sólo no entienden ese tipo de especulaciones, sino que la mesa chica del antimoyanismo había resuelto, tres horas antes de ir a la Casa de Gobierno, que no incomodarían a la Presidenta con reclamos concretos ni emplazamientos sino que sólo buscarían la foto con Cristina Kirchner y harían sus planteos de manera global.

A su regreso, Caló tendrá una semana agitada. Deberá remontar la molestia presidencial por su faltazo y el fastidio de muchos de sus colegas, que ya buscan, todavía sin resultado, un candidato alternativo para la nueva CGT. Y, por otro, deberá dar una señal inequívoca cuando el jueves presida un plenario de secretarios generales de la UOM de todo el país. ¿Qué se discutirá? Es otro misterio, pero hay quienes esperan que no aproveche el aniversario de la muerte de Eva Perón para un gesto de renunciamiento.

La Casa Rosada, aun sin Caló, se prepara para brindarles a los sindicalistas leales un puñado de razones efectivas (o en efectivo) para que sigan siendo cristinistas: partidas extrapresupuestarias para pagar las millonarias deudas del Estado con las obras sociales, fondos de la ANSeS para financiar la extensión del universo de beneficiarios de las asignaciones familiares y la convocatoria, para fines de agosto, al Consejo del Salario con el fin de aumentar el haber mínimo de 2.300 pesos. Sobre lo que no hay pistas, ni más dinero, al parecer, es para subir el mínimo no imponible de Ganancias.

El primer gesto fue la disolución de la Administración de Programas Especiales (APE), que manejaba un presupuesto de 1.100 millones de pesos anuales y era el encargado de reintegrar a las obras sociales el dinero por los tratamientos de alta complejidad. Una de las tradicionales cajas sindicales en la que, según afirman, aún había funcionarios vinculados con el moyanismo y a los que ahora se sacó de encima la ultra K Liliana Korenfeld al unificar esa estructura con la Superintendencia de Servicios de Salud.

Para universalizar las asignaciones familiares hay contactos sindicales casi a diario con Diego Bossio, titular de la ANSeS, pero para el llamado al Consejo del Salario se mantiene la gran duda: como de ese organismo tripartito participa la CGT y entre sus integrantes figura Moyano, el Gobierno se enfrenta al dilema de convocarlo igual, y darle así una tribuna ideal para su furia opositora, o disponer el aumento por decreto.

En la CGT Azopardo también hay clima deliberativo. Moyano sabe que los anuncios oficiales buscan, en el fondo, sacarle el respaldo de gremios que dudarían de quedarse en su trinchera, aislados de los favores oficiales. También lo sabe el entorno más fiel al jefe camionero, integrado por Omar Plaini, Juan Carlos Schmid, Guillermo Pereyra, Agustín Amicone y Julio Piumato. Y por eso se reunieron en secreto el jueves pasado, preocupados por el aislamiento político al que podría condenarlos el Gobierno y la misma estrategia de su líder, al que varios se animaron a cuestionar.

“No puede quedarse atrapado en críticas personales que no llevan a nada, como cuando se pelea con Aníbal Fernández, porque así va a terminar insultando a la Presidenta”, concluyeron. Y por eso le llevaron a Moyano un plan para que desarrolle un plan que le permita “mejorar su discurso”, con eje en la elaboración de lo que llaman “El documento de los 21 puntos”, una serie de propuestas concretas que “no deberían estar ausentes de la agenda nacional” y que está inspirado en el documento de 26 puntos que enarbolaba Saúl Ubaldini para embestir contra Raúl Alfonsín.

La idea es que Moyano y su gente viajen al interior para debatir las ideas de este documento con políticos, empresarios, representantes de la Iglesia y cuadros técnicos. En septiembre irían a Córdoba, luego a Neuquén y, finalmente, a la provincia de Buenos Aires.

Nada es casual: la apuesta es a que gobernadores como Daniel Scioli y José Manuel de la Sota se animen a mostrarse junto con la CGT moyanista y comiencen a delinear otra cara del peronismo. Tan rejuvenecida, quizá, como la del reaparecido Caló. 

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