Soplan vientos de cambios en las dos CTA

Soplan vientos de cambios en las dos CTA
Si Francisco está reformando a fondo el Vaticano, ¿por qué los gremialistas no pueden cambiar? Porque la Santa, Sede, pero el sindicalismo nunca cede ”.
El chiste se lo contó un abogado laboralista al jefe de un gremio importante y la respuesta, destemplada, fue un insulto. Así de caldeados están los ánimos entre casi todos los dirigentes: su viejo imperio se desmorona, tienen mala imagen, el poder político los margina y se sienten amenazados por los proyectos que aparecen sobre democratización sindical.

Esta demoledora percepción unifica a todos, oficialistas y opositores, pero ante el riesgo de quedar acorralados hay más militantes del gatopardismo que del peronismo. Es decir, los partidarios de aceptar que se cambie algo para que nada cambie. En eso andan los que discuten cómo frenar el reciente fallo de la Corte que diluye el sistema de personería otorgada por el Estado al gremio más representativo, el pilar del modelo sindical argentino. Sin embargo, hay indicios de algunos cambios inevitables.

Por ejemplo, en la CTA oficialista hay certeza de que en los próximos meses nada será como antes: Hugo Yasky, cuyo mandato vence en 2014, ya les anticipó a sus colegas que está cansado de estos años de gestión y que no quiere ser reelegido por otro mandato. El problema es que no hay un candidato a sucederlo con suficiente consenso.

Uno de ellos es el secretario adjunto, Pedro Wasiejko, pero, para algunos, es un obstáculo que su gremio, el del Neumático, no tenga tantos afiliados. Roberto Baradel, de Suteba, se autoexcluyó. Muchos miran a Edgardo Llano, de la Asociación del Personal Aeronáutico (APA), aunque pierde peso porque los gremios del sector están cada día más antikirchneristas.

Otro postulante es Claudio Marín, secretario gremial de esta CTA, porque se le reconoce cintura política: militó en el MAS en los años ochenta y desde hace años convive con un peronista ortodoxo en la conducción de Foetra Buenos Aires, pero, como punto débil, no proviene de un gremio de nivel nacional.

De todas formas, en la conducción ceteísta todavía no hay definición sobre el perfil que deberá tener su próximo líder ni sobre el rumbo de la propia central obrera. Sus dirigentes se dan cuenta de que el fin del ciclo cristinista les quitará fuerza. Y admiten que la disputa con la CTA opositora, que lidera Pablo Micheli, para quedarse con la sigla, entró en una zona de sombras: la Corte congeló la decisión sobre la validez de las polémicas elecciones tras las cuales se rompió esta central obrera, en 2010.

Cerca de Yasky saben que si llaman a elecciones, el sector de Micheli lo impugnará y seguirá la incertidumbre sobre quién tiene derecho a manejar la CTA. Hay consenso para anticipar (¿para antes de fin de año?) la convocatoria a los comicios, en donde los trabajadores votan de manera directa y secreta, mientras que para eludir el veto de sus rivales michelistas se analizan variantes: desde pedir un interventor judicial para fiscalizar el proceso electoral hasta crear una nueva central obrera, la solución extrema que les permitiría liberarse de sus opositores y armar una estructura propia.

Nada de esto les quitará otros problemas. La CTA oficialista fue la primera que enarboló y entregó a Cristina Kirchner un código sindical electoral, que proponía medidas para transparentar los comicios y que eliminaba la reelección indefinida. Ahora, curiosamente, no insiste en esa iniciativa, pese a que el debate por la democratización sindical hizo que Sergio Massa y Facundo Moyano propiciaran la derogación de los mandatos perpetuos. ¿Por qué regalar así un eje de su agenda?

“No queremos presionar a Cristina”, afirmó un directivo de la CTA kirchnerista, con la sospecha de que la Presidenta y el poderoso Carlos Zannini terminarán auspiciando una reforma de la ley sindical para ponerla en sintonía con el fallo de la Corte que aterroriza a las cúpulas de los gremios. “Es la corporación que les falta democratizar”, advirtió.

En la CTA opositora también hay aprestos electorales. La idea es poner en marcha el llamado a los comicios en el primer semestre de 2014, a partir del congreso nacional que se realizará en marzo.

Micheli anticipó a su gente que competirá por otro mandato y sospecha que podría competir con alguna lista de la izquierda, pero hay quienes imaginan que sus diferencias políticas con Víctor De Gennaro podrían llevar a que surja otro candidato del oficialismo ceteísta más alineado con el histórico líder de ATE.

Quizá para compensar cierta quietud que había permitido que la izquierda sindical ganara la calle, como sucedió la semana pasada con una marcha del sector combativo para pedir “la abolición del impuesto al salario”, la CTA rebelde realizará movilizaciones regionales contra el Gobierno e invitará a Moyano a sumarse.

¿Aceptará el líder cegetista? Por lo pronto, también descongeló su ánimo de protesta, que había quedado afectado por el traspié en las PASO: hoy, los camioneros marcha rán ante la Superintendencia de Servicios de Salud. Los moverá la frágil situación de su obra social. A la deuda de 300 millones de pesos que no les reintegra el Estado, se agregan unos 40 millones en concepto de multa porque Moyano, pese al aumento de la cápita que anunció el Gobierno, les cortó las prestaciones médicas a unos 440 monotributistas. Y, sobre todo, será una respuesta a la decisión oficial de acelerar una añeja investigación por supuestas irregularidades en la obra social de su gremio. Así como Moyano se endurecerá más contra el Gobierno, sería más cauteloso respecto de la democracia sindical: designó a un negociador como Juan Carlos Schmid para liderar el debate en la CGT Azopardo luego de que varios colegas le advirtieron que rechazan los cambios que impulsa su hijo Facundo Moyano. El 90% de los moyanistas quiere mantener la reelección indefinida y algunos hablaron de una “autorregulación” para que cada dirigente decida si democratiza o no su gremio.

Una propuesta que parece de película: suena a ciencia ficción, creará suspenso y podría terminar en una de terror.

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