“Tienen un ataque de amnesia”

“Tienen un ataque de amnesia”
El titular de la CTA, Hugo Yasky, definió a la medida organizada por las centrales obreras opositoras como un intento de “entregar el movimiento sindical a los sectores económicos concentrados” con “el apoyo explícito de la Sociedad Rural y el guiño de Massa”.
El dirigente de la CTA Hugo Yasky salió al cruce del paro general convocado por los cegetistas opositores Hugo Moyano y Luis Barrionuevo y la CTA disidente de Pablo Micheli: definió a la medida como “contra natura” y acusó a los dirigentes que la organizaron de “querer entregar el movimiento sindical a los sectores económicos concentrados”. Para Yasky, el paro busca esmerilar al Gobierno con “el apoyo explícito de la Sociedad Rural, los grupos económicos y mediáticos concentrados y el guiño del Capriles argentino, Sergio Massa”.

–La CTA que usted dirige y la CGT oficial no se suman al paro, sin embargo quienes lo convocan auguraron que tendrá una adhesión mayoritaria...

–Hay dos maneras de medir la adhesión a un paro. Si uno hace un torniquete a través de los medios de transporte, y a eso le agrega los piquetes, puede lograr una merma de la asistencia a los lugares de trabajo, pero que no tiene que ver con la adhesión voluntaria y consciente a la medida. Diferente a como lo hacíamos en la época de (Saúl) Ubaldini o durante la resistencia de la CTA al neoliberalismo, donde la adhesión significaba la valoración de la medida de fuerza.

–Los piquetes han formado parte de su experiencia de la CTA. ¿Qué ha cambiado ahora para cuestionarlos?

–El piquete fue la forma de lucha de los que habían perdido el trabajo; de los que no podían parar las fábricas de las que los habían expulsado y sufrían las políticas del menemismo. Y en ese momento la única alternativa era visibilizar la protesta de los excluidos ocupando las rutas. Hoy hay un gobierno que respeta el derecho de huelga, que garantizó fuentes de trabajo y que el sindicalismo pudiera crecer. Recurrir a la metodología del piquete es imponer autoritariamente, desde sectores absolutamente minoritarios, su propia voluntad a las mayorías. Y uno de los que convoca al paro, Luis Barrionuevo, fue adalid de las políticas del menemismo.

–¿Por qué la CTA no adhiere al paro?

–Algunos dirigentes sindicales, no lo digo por Barrionuevo que siempre fue coherente en su menemismo y su anti kirchnerismo, pero sí (Pablo) Micheli, el propio (Hugo) Moyano parecen víctimas de un ataque de amnesia. Este fue el gobierno que recuperó el sistema jubilatorio para el sector público, sancionó la ley de medios, terminó con las leyes de impunidad y avanzó en los juicios contra los genocidas, restituyó las paritarias libres, puso en práctica el Consejo del Salario Mínimo, implementó una reivindicación histórica de la CTA como la Asignación Universal por Hijo, la recuperación de YPF, la ley de refinanciamiento educativo que nos permitió destinar a la educación más del 6 por ciento del PBI, entre muchas otras cosas, como la recuperación de cinco millones de puestos de trabajo, que le permitieron al sindicalismo recuperar su fuerza, después de estar casi reducido a la mínima expresión. Es un paro contra natura que pretende entregarles el movimiento sindical a los grupos más poderosos del país. Va contra los intereses populares.

–Pero ellos insisten en que el paro no es político...

–Que este paro tenga el acompañamiento explícito de la Sociedad Rural, de los dueños de los grandes medios de comunicación, como el caso de (Héctor) Magnetto en Clarín y el diario La Nación, y cuente con el guiño del que pretende ser el (Henrique) Capriles de la Argentina, Sergio Massa, habla a las claras de que este paro va contra los intereses de la clase trabajadora y los sectores populares. Es un paro que pretende enmascarar con algunas reivindicaciones legítimas el intento de revisar lo que fue el avance popular, para volver a las viejas políticas neoliberales.

–Una de las consignas del paro es el de “paritarias sin topes”. ¿Cree que el Gobierno le puso un techo a las negociaciones salariales?

–La mejor expresión de que las paritarias se dan en un marco de absoluta libertad fue el conflicto docente y el cierre sobre la base de lo que era la demanda del gremio, a pesar de la posición que sostuvo en un principio el sector patronal, representado por el Ministerio de Educación. Fueron 17 días de huelga en provincia de Buenos Aires, y el gremio docente alcanzó cifras que superaban el 30 por ciento, que consideramos una cifra razonable. No queremos discutir salarios por encima de un porcentaje que después perdemos en la remarcación de precios que promueven los grandes grupos económicos que quieren una nueva devaluación y que piensan que se pueden llevar puesto al Gobierno

–¿Y el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias?

–Todos sabemos que de acá a 20 días, cuando terminen de cerrar paritarias los gremios importantes, se va a producir la corrección como en 2013.

–¿Es una apreciación personal o información del gobierno?

–El jefe de Gabinete dijo ante el Congreso que es un tema que se tiene que revisar y sabemos que se está trabajando sobre eso. Y que vamos a avanzar sobre otro gran tema, que ni siquiera mencionan los que convocan al paro, que es el trabajo en negro, que sí es una asignatura pendiente.

–El metalúrgico Antonio Caló valoró más sostener las fuentes de empleo que conseguir un salario más alto. ¿Qué opina?

–Si persiste la crisis internacional, el mantenimiento de las fuentes de empleo se va a convertir en prioridad para los trabajadores de nuestro país. Esto no significa la imposición de salarios a la baja, con los que muchos empresarios especulan cuando están en juego fuentes de trabajo. Es vital y nosotros no podemos retroceder a las épocas del menemismo y de la Alianza donde teníamos cientos de miles de desocupados.

–Moyano dijo que no lo vio en la huelga docente y Micheli fingió no conocerlo. ¿Les respondería?

–Moyano, desde que le pidió perdón a Magnetto, no sé por qué, tiene un problema y es que se informa solo con Clarín, y ese medio ocultó el papel de la CTA en la lucha. Micheli no se olvidó de mí, sino de todo su pasado de lucha, como para llamar “Luisito” a Barrionuevo, la expresión del sindicalismo del que quisimos desembarazarnos cuando creamos la CTA.

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