Todos espiados: de la paranoia en el Círculo Rojo a la teoría de Mauricio Macri

Todos espiados: de la paranoia en el Círculo Rojo a la teoría de Mauricio Macri

Cómo se cuida la dirigencia, entre amenazas y miedos por las filtraciones de audios y fotos. Los K apuntan al ex presidente. El macrismo culpa a Cristina.

 

Ahora mismo, mientras lee esta nota, usted puede estar siendo espiado. O quizá ya fue espiado esta mañana por el canillita que le vendió el diario o por un vecino que le dio charla en el ascensor. O por una persona que lo sigue a distancia desde un auto, o por un micrófono oculto que cabe en un paquete de un cigarrillos. Podría, tal vez, ser espiado por un hombre que simula ser un mendigo que le pide una moneda, o por una periodista que hace preguntas curiosas pero en realidad no es periodista. Los espías se camuflan en cualquier sitio y todos pueden ser espiados. Pero la paranoia es mayor en la clase política, entre los empresarios, los jueces y entre los que tienen alguna cuota de poder. Esa paranoia creció en los últimos tiempos por el avance de varias causas judiciales y tras la filtración de fotos, audios y chats. Muchos de esos elementos obtenidos en forma legal. Otros no. En suma, hay motivos suficientes para que el Círculo Rojo esté en alerta.

"Decime, siento que me vienen caminando, ¿qué puedo hacer?" Preguntas de este tipo recibe cada vez con mayor frecuencia uno de los ex jefes de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE, hoy Agencia Federal de Inteligencia) que tiene lazos con dirigentes oficialistas y opositores. Lo llaman desde políticos en actividad hasta artistas y poderosos hombres de negocios. Es posible que alguno tenga algo que esconder (una cuenta en el exterior, una maniobra de corrupción o tan solo una relación sexual clandestina); otros, simplemente, temen que, después de ser escuchados en una conversación de dinero y que se suponía privada, puedan sufrir un secuestro o un robo. 

La investigación por espionaje ilegal que hasta hace dos días llevaba adelante el juez federal de Lomas de Zamora, Federico Villena, y que por una resolución de la Cámara Federal de La Plata pasó a manos de Juan Pablo Augé reavivó viejos fantasmas: ¿quién maneja, de verdad, los servicios de inteligencia? ¿también el gobierno de Alberto Fernández se tentará con la información reservada de la base de datos de la AFIP, de la Unidad de Información Financiera o de la ANSES? ¿dónde están las famosas camionetas con aparatos de escucha ilegal que tenía César Milani en el Ejército?

El propio ex jefe de la AFI macrista, Gustavo Arribas, descubrió durante su gestión que había agentes clandestinos que llevaban y traían información a sus espaldas. Nada nuevo, en verdad. Quienes se zambullen en este mundo tenebroso dicen que hay tantos agentes orgánicos como inorgánicos y que se venden al mejor postor. No hubo mucha voluntad de cambio, tampoco.

Se supone que hay miles de escuchas y fotos dando vuelta. Ese es el miedo que invade al sistema político, y no solo a él. Un temor que viene desde hace, por lo menos, treinta años. Lo que cambió es la tecnología: ahora es mucho más sencillo obtener información. También difundirla. Suele usarse como método de extorsión. El desconcierto es tal que a veces se amenaza con grabaciones o fotos que no existen. Varios dirigentes pueden dar fe de eso.

Algunos actores de la vida pública extreman los cuidados para moverse. Hay quienes usan teléfonos encriptados y empresarios que se hicieron traer de Miami aparatos satelitales. La mayoría habla solo por WhastApp porque se supone que las llamadas no pueden ser intervenidas. Otros colocaron cámaras adelante y atrás de sus autos (muy similares a las que ya tienen los vehículos modernos) con una app que les permite revisar desde el celular si alguien los sigue o les hace guardia cuando estacionan. Y contratan empresas para que les hagan “barridos” de micrófonos en sus oficinas.

Hay también trucos menos sofisticados y que pueden poner en apuros a los espías. Para una reunión secreta o una comunicación puntual, los especialistas aconsejan abrir una casilla de mail en el que las dos partes sepan la contraseña. Uno de los protagonistas escribe el mail, pero no lo envía, lo deja en la bandeja de borradores; el otro puede ingresar y verlo; si lo borra, el que lo escribió sabe que ya fue leído. No queda en la nube porque nunca fue enviado.

El último caso que estremece al Círculo Rojo se inició cuando en un impresionante operativo policial se detuvo en febrero al narco Sergio Rodríguez, apodado "Verdura". El narco declaró que trabajaba con "protección de la AFI" y que había sido contactado por el abogado Facundo Melo para poner una bomba en la casa del militante nosiglista José Luis Vila, en Recoleta.

Villena analizó el teléfono de Melo y, entre otros, los de los agentes Leandro Araque, Facundo Melo, Emiliano Matta, Mercedes Funes Silva y Jorge Sáez. Y, sobre todo, analizó el de Alan Ruiz, ex Director de Operaciones de la AFI, hoy el único que está en la cárcel de los 22 que hubo esta semana. Una serie de allanamientos y rastreo de comunicaciones telefónicas revelaron que le hicieron seguimientos a, al menos, tres jueces de la Corte Suprema; a Cristina Fernández de Kirchner; a Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli, María Eugenia Vidal, Emilio Monzó y Nicolás Massot; al sindicalista Luis Barrionuevo y a su esposa, la diputada Graciela Camaño; a tres periodistas; a figuras del fútbol y del mundo artístico; y al obispo de Lomas de Zamora, Jorge Lugones.

Según investiga la justicia, parte de esa información la recibía Susana Martinengo, ex funcionaria del macrismo, sospechada de elevarle los informes a Darío Nieto, uno de los secretarios privados de Macri. Martinengo acaba de admitir que recibía espías, aunque negó haber hecho informes para el entonces presidente. Villena ya no está: la Cámara Federal lo acusó de ser imparcial. Cayeron también sobre él la política -desde el macrismo hasta La Cámpora- y sus colegas: los periodistas que recorren los pasillos en Comodoro Py no recuerdan que tantos fiscales y jueces, a la vez, los hayan llamado para operar en contra de un magistrado.

Villena había dejado trascender que el aparato de Comodoro Py se había puesto nervioso porque si la causa avanzaba iba a quedar al desnudo el espionaje ilegal en la cárcel de Ezeiza contra varios presos K. Por ahora, lo único que se corroboró es que el mismo Villena fue quien ordenó espiar a Roberto Segovia, "El rey de la efedrina".  

Los asesores de Macri creen que, más allá de Villena, el oficialismo quiere llegar a él para poner en un plano de igualdad al macrismo y al kirchnerismo. "Macri era el jefe de la asociación ilícita", dijo Oscar Parrilli. Macri considera que se trata es una operación "disparatada y berreta", según cuentan sus allegados. Su teoría es que el Gobierno busca, además, tapar los atropellos institucionales y sus traspiés recientes, como la expropiación de Vicentin. Sostienen que, detrás de la causa, está el "ministerio de la venganza". O sea: Cristina.

¿Mirá si siendo íntimo amigo de Arribas va a necesitar a esta mujer para que le cuente cosas de inteligencia? Es ofender su inteligencia", dicen cerca de Macri. Por primera vez en mucho tiempo, Juntos por el Cambio se unió para satisfacer un deseo de su último líder: la defensa de Nieto, su secretario, a quien le allanaron la casa. Lo defendieron en un comunicado, pese a que la mayoría no sabe quién es. Firmaron diputados, senadores, y líderes del espacio como Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Patricia Bullrich y Elisa Carrió. La tesis de la mayoría es que Nieto era un "perejil". Solo un importante dirigente se diferenció en privado: "Será un perejil, pero yo vi en el juzgado que tenía una investigación sobre mí en su teléfono".

Muchos miran a Arribas. ¿Qué sabía y qué no de lo que hacían los espías? El ex funcionario cerró los teléfonos y le pidió a sus ex colaboradores que nadie lo contacte ni hable en nombre suyo. Sus conversaciones reservadas son con Macri y con el abogados que comparten, Alejandro Pérez Chada. Se sabe poco de los últimos movimientos de Silvia Majdalani, que fue la segunda de Arribas. Era la que más conocía del mundo del espionaje. Majdalani siempre fue temida por buena parte del círculo macrista, y resistida por otros. Carrió, por ejemplo, la tuvo en la mira. La líder de la Coalición Cívica había pedido disolver la AFI apenas asumió Cambiemos. Hace poco lo recordó en una charla privada. Se lo había pedido en persona a Macri. No fue la única. Majdalani, en su momento, le hizo llegar un mensaje a Carrió: "Sé que me critica, pero díganle que yo la admiro igual".

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