Los trabajadores del Puerto no piensan moverse de la vereda de MAPFRE hasta conseguir una solución

El reclamo de los estibadores de SUPA continúa con su acampe en avenida Colón y España, lugar donde se encuentra la reconocida empresa de medicina prepaga. Reclaman que se les abone una remuneración por sufrir lesiones laborales, porque al ser eventuales solo cobran cuando trabajan. E insisten que no se correrán del lugar.
En una carpa de cuatro metros por cuatro, Federico Blanco y otros compañeros de SUPA (Sindicato Unidos Portuarios Argentinos), en sus mismas condiciones, acampan frente a la empresa de medicina prepaga MAPFRE. Todos reclaman la remuneración correspondiente ante la imposibilidad de trabajar normalmente en el Puerto luego que sufrieran algunas lesiones laborales.

Hace 72 horas que el trabajador está “viviendo” en avenida Colón y España. Allí fue otra vez “el Retrato…” para no solo hablar de cómo está la situación sino también cómo se la “aguantan” ante este frío. Los integrantes van rotando, un día uno, otro día otro, pero todos están por la misma causa. Donde el mate y los bizcochitos no pueden faltar.

Inevitablemente, Federico, padre de dos hijos, tuvo que dejarlos en sus casas, al igual que a su señora. Sincero y humilde, explicó que “gracias a dios es el apoyo más grande que tengo. Mis nenes son chicos y para ellos esto es un juego. Pero el día de mañana van a saber cómo fue el tema”.

No obstante, enseguida respondió que desde la compañía “todavía no se acercó nadie. Ni desde la parte humana, que parece que no tienen. Y lo que la ley dice que ellos tienen que cumplir tampoco lo hacen. Siguen en falta. Para el entender de ellos está bien no pagar. Por eso seguidores instalados el tiempo que sea necesario, hasta que consigamos una solución”.

En ese sentido, fue claro al expresar que no solo pasa por moverse del lugar o quedarse allí. “Lo que pasa es que yo ya no puedo volver a trabajar, la lesión que me tengo me imposibilita a hacer lo mismo que hacía en mi trabajo”.

Contó, además, que no recurrió a la Municipalidad para ver qué se podía hacer, si podía conseguir alguna mano ante esta problemática. Y le tiró un “palito” a Gustavo Pulti. “Recurrí a todas las autoridades que competen al tema, pero el Municipio no es uno de esos organismos. Por una cuestión de que soy un ciudadano más de Mar del Plata, que gasto mi plata acá, que cumplo con mis impuestos, al Intendente le tendría que preocupar que una persona esté en estas condiciones”.

El numeroso grupo de trabajadores que está en las mismas condiciones le hizo reflexionar al decir que “acá somos muchos, de distintos sectores que se ven afectados por el incumplimiento de esta gente. Llámese MAPFRE, Prevención, Consolidar. Se está generalizando un malestar en todas las ART”.

A modo personal, opinó que “en los 90 por más de tener un brazo quebrado te decían que no tenías nada y te pagaban dos monedas. Hoy, que tenemos otro Gobierno, donde las cosas están siendo más justas, cuando uno tiene una lesión te tienen que atender y luego abonar lo que sea necesario. Sin embargo, a estos señores todavía les molesta pagar”.

Julio Cesar Prado; otro de los manifestantes

Otra voz que se sumó a la charla, otro trabajador que continúa luchando por sus derechos laborales. También dentro de la carpa, mate de por medio y evitando que entre el “fresquito”, Julio contó que “la situación la estamos sufriendo todos. No sé cuál es el motivo por el cual no nos quieren atender cuando uno realmente tiene una lesión que le impide trabajar. No sé a quién le corresponde, pero estaría bueno que vayan a ver en las condiciones infrahumanas donde nos desenvolvemos. Ahí se darán cuenta de nuestro reclamo”.

Prado sufre un golpe en el hombro que le atrofió el tendón, según explicó. “MAPFRE paga como ellos quieren pagar, no les interesa curarnos. El problema pasa cuando uno tiene una lesión, no es todo plata porque la idea es que te curen y uno luego pueda seguir trabajando. Particularmente, no puedo hacerlo en las mismas condiciones que mis compañeros, no puedo hacer fuerza y ciertos movimientos tengo limitados. Sin embargo, me dieron el alta y no tengo derecho a ningún reclamo”.

Para el final se despidió afirmando que “lamentablemente éste es el único reclamo que nos sirve. Pero no tendría que ser así, porque las cosas se arreglan hablando. Una, dos, tres o las veces que sean necesarias”.

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