Tras el desastre, los gremios vuelven a la pelea

Tras el desastre, los gremios vuelven a la pelea
Por Ricardo Carpena.

Pasó el diluvio, queda el inconsolable dolor por tanta muerte, por tanta pérdida, por tanta desidia, y aparece la sensación de que el sindicalismo, eternamente bajo la lupa, reaccionó de manera más eficiente y organizad a que ese Estado que el kirchnerismo, al frente del Gobierno desde hace diez años, se jactó siempre de haber reconstituido.

Por lo pronto, las cinco centrales obreras se mostraron unidas, al menos por unos días, y cada una organizó en tiempo récord su propio operativo de ayuda a las víctimas de las inundaciones. Pero ahora que las aguas bajaron, y mientras aún lastiman las indelebles marcas de la tragedia, lo que surgirá con mayor nitidez esta semana es el debate de fondo acerca de cuál debe ser la relación de los sindicalistas con el poder político.

Por un lado, la CGT oficialista discutirá cómo tener entidad propia cuando el mismo oficialismo le sigue dando la espalda. Por otro, la CTA disidente deliberará acerca de cómo crecer en el ámbito gremial y, menos explícitamente, cómo trasladar ese peso a la política para contribuir a una alternativa electoral que pueda frenar al kirchnerismo.

La disyuntiva de la CGT Balcarce está simbolizada en el plenario de secretarios generales de pasado mañana, que se había suspendido por la muerte de Hugo Chávez y que fue convocado para ejercer una sutil presión a un gobierno indiferente a sus reclamos. Pero, ¿se hará realmente ese plenario? Hoy, en la UOM, la mesa chica de la central obrera K decidirá si tiene sentido realizarlo y si de allí surgirá el mismo documento que se redactó hace un mes, que ya trascendió, o uno nuevo.

Hasta el sector independiente (estatales de UPCN, construcción y Obras Sanitarias), el de mejor diálogo con la Casa Rosada y que más conspiró contra el plenario, cree que el encuentro debe realizarse, pero insiste en que no debería levantarse el tono contra el Gobierno: todavía conserva las esperanzas de que Cristina Kirchner los reciba en algún momento.

Cuando hoy vean a sus colegas más críticos (Luz y Fuerza, La Fraternidad y UTA, entre otros), los independientes tratarán de serenarlos con una noticia: en la ANSeS tienen un “pre-proyecto” de mejora de las asignaciones familiares, que extiende su alcance a más beneficiarios. Ese punto, más Ganancias y obras sociales, son los ejes de sus reclamos.

¿Alcanzará para conformar a los más intransigentes? Difícil. Antes que nada, lo que acerca a duros y blandos de la CGT Balcarce son dos certezas: 1) La Presidenta nunca les dará, pese a sus gestos de alineamiento, el lugar de interlocutores. 2) Antonio Caló tiene un estilo que sigue desorientando a sus colegas (casi ni los llama, no los convoca, no atiende el teléfono) y que mantiene inactiva a la central obrera que lidera.

El jefe metalúrgico también causa desconcierto entre los empresarios de su sector, en este caso por las vueltas de su reclamo de un 35% de aumento salarial. Primero lo pidió oficialmente, aunque luego el secretario adjunto de la UOM, Juan Belén, lo desmintió y habló de tres reajustes “que representan el 23,5 anual”. Pasado mañana se realizará el segundo encuentro entre las partes, pero los empresarios advierten que el pedido original de la UOM asciende, en realidad, a un 39% sobre los sueldos básicos.

El Gobierno pretende que la UOM sea el gran caso testigo de las paritarias 2013, que están virtualmente empantanadas por las exigencias oficiales: hasta ahora sólo firmaron sus acuerdos el gremio de aceiteros (del 22 al 25%, por 12 meses), Luz y Fuerza (30%, por 18 meses) y los docentes universitarios (29%, por 16 meses). ¿Lo aceptará Caló?

El dilema es distinto para la CTA rebelde. En su congreso nacional, que se realizará el jueves y el viernes próximos en Costa Salguero, con la presencia de 1.200 delegados y representantes de 30 centrales obreras de todo el mundo, habrá varias definiciones y algunos interrogantes. Seguramente habrá un fuerte apoyo a Pablo Micheli, al que los sectores más duros le criticaban su acercamiento a la CGT Azopardo y, además, se decidirá un paro nacional para la última semana de abril o el 8 de mayo (día en que se cumplen mil marchas de los jubilados), con la expectativa de sumar al moyanismo.

Pero también podría proponerse el respaldo a la conformación de una alternativa política de centroizquierda y allí todas las miradas apuntarán a Micheli, que estaría más entusiasmado con su candidatura a diputado por la provincia de Buenos Aires de Unidad Popular, que lidera Víctor De Gennaro y que el 27 de este mes proclamará a los postulantes que propondrá para las listas del Frente Amplio Progresista (FAP).

Otro tema que se debatirá es cómo puede avanzar la CTA opositora entre los gremios del sector privado. En un documento interno, se propone entre otras cosas encarar “el desarrollo de los espacios ligados al territorio, como los sectores de la industria azucarera, en el noroeste, y de la industria yerbatera, en el nordeste”, además de poner la mira en “el transporte terrestre y la actividad marítimo-portuaria”. ¿Significa que tratarán de poner un pie en el gremio de Hugo Moyano? Es imposible luego de algo inédito que Micheli acaba de ofrecerle al camionero: que hable en la apertura del congreso ceteísta.

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