Las tres CGT buscan una forzada renovación

Las tres CGT buscan una forzada renovación

Avanzan hacia la reunificación sin certezas sobre los posibles sucesores de Moyano, Caló y Barrionuevo

En las charlas reservadas que guían hasta ahora el proceso de reunificación de la CGT surge una suerte de tema tabú: quién ocupará el sillón de mando a partir de octubre, cuando se prevé la fusión de las tres vertientes.

Las posturas más conservadoras deslizan un triunvirato, con un líder por cada sector. Apenas unos pocos se animan a mencionar hoy a un posible candidato. En lo que sí hay coincidencia es en la necesidad de escenificar una virtual renovación. ¿Eso quiere decir que se les acerca el final a Hugo Moyano, Antonio Caló y Luis Barrionuevo? De los tres jefes, Moyano fue el único que no blanqueó sus intenciones de dejar el liderazgo. En noviembre del año pasado, en el último acto que hubo en Azopardo, su tropa distribuyó panfletos en los que se pedía otra reelección. Ayer, en el gremio de conductores de taxis, hubo otro intento de un operativo clamor. Risueño, Moyano dijo que era la hora del recambio. No todos le creyeron.

Hoy, a los 72 años, Moyano piensa en irse sólo si se concreta la reunificación y él queda como garante de ese acuerdo relevante para el movimiento obrero. Para el camionero sería una salida auspiciosa ante el vacío de poder que le provocaron sus colegas en 2012, cuando quisieron desbancarlo con la venia del kirchnerismo y conformaron la central oficial, que encabeza Caló. En caso de cumplirse, Moyano se despediría con 13 años al frente de la conducción de la CGT, algo inédito.

"Si Moyano pretende quedarse, se rompe todo", advierten a LA NACION dirigentes de los tres sectores en los que está dividida la central. La sentencia se aplica también para Caló y Barrionuevo.

Sin los referentes en carrera, la baraja de candidatos no está aún configurada. De cada sector se vislumbran algunos nombres, aunque son hoy puras especulaciones.

Por el moyanismo, impulsan al portuario Juan Carlos Schmid, líder de Dragado y Balizamiento desde 1997. A Schmid le atribuyen como logro reciente la reconstrucción de la poderosa alianza de gremios del transporte, un paso clave que aceleró las negociaciones por la CGT. Trabaja, además, para que los sindicatos que aún no participaron del proceso de reunificación se sumen al congreso de delegados del 22 de agosto. Ya tendió puentes con el taxista Omar Viviani, referente del puñado de gremios que integran el Movimiento de Acción Sindical Argentina (MASA) y que se resisten la unidad.

El 27 de mayo se elegirán autoridades en la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte. Si Schmid continúa al frente de los transportistas, difícilmente salte a la jefatura de la CGT. Sería una cosa o la otra.

En la CGT de Caló, donde conviven "los Gordos" (grandes gremios) y el sector de los independientes (Uocra, y los estatales de UPCN y Aysa), las miradas apuntan a Héctor Daer, líder del Sindicato de la Sanidad desde hace 16 años. Daer es hoy diputado nacional del Frente Renovador de Sergio Massa y construyó un buen vínculo con sindicalistas de los otros sectores. Se reparten con Schmid las tareas para coordinar la unidad: ambos fueron los cerebros del documento con críticas al Gobierno que las tres CGT acordaron ante los despidos, la inflación y el impuesto a las ganancias.

Entre los aliados de Barrionuevo no surge de manera tan nítida un eventual candidato. Podría ser Carlos Acuña, secretario general del gremio de estaciones de servicio desde 2006 y diputado provincial del massismo.

Por fuera de los tres sectores, figura otro nombre que cosecha consenso: el bancario Sergio Palazzo, que reemplazó en 2010 a Juan José Zanola en la cúpula del gremio. En el ajedrez sindical, al mendocino Palazzo le juega en contra su origen: es radical. Sin embargo, entre sus pares cegetistas, quienes son por abrumadora mayoría casi todos peronistas, logró que esa diferencia no sea un obstáculo. En una charla, hace poco, recordó que en la campaña presidencial del año pasado apoyó a Daniel Scioli porque sabía que Ernesto Sanz, de quien es amigo, no tenía chances de llegar a la Casa Rosada.

Sin tanto respaldo interno, surge Sergio Sassia (Unión Ferroviaria). Cuenta con una virtud a su favor: escenificaría cierta renovación. Pero también tiene puntos en contra: tributó hace poco para Viviani, que se opone a la unidad en este contexto.

El proceso de reunificación de la CGT finalizaría entre agosto y septiembre. Más allá de las buenas intenciones, hierven todavía las internas y sigue latente el temor a las traiciones. Eso no cambió.

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