La unificación de las CGT deberá esperar hasta las PASO

La unificación de las CGT deberá esperar hasta las PASO

Cuando Néstor Kirchner asumió en 2003 había una sola CGT y una sola CTA. Hoy, en cambio, conviven cinco organizaciones diferentes. Difícil ahora que la Presidente vaya a querer juntarlas

El Gobierno ha salido a decir públicamente que no tiene ninguna injerencia en las conversaciones de la dirigencia gremial para una hipotética reunificación de las tropas dispersas. Se trató de una innecesaria verdad de Perogrullo la del jefe de Gabinete. Otra cosa muy distinta habría sido si Capitanich, en un rapto de sinceridad, hubiera reconocido la satisfacción del oficialismo por ver cómo se resquebrajó el espacio opositor que habían estructurado las centrales de Moyano y Barrionuevo, que era hasta acá la mayor de las amenazas de origen sindical que se cernía sobre la administración de Cristina.

El camionero viene de tirar la toalla en un plenario con las representaciones sindicales del interior. Allí anunció la continuidad de un singular plan de lucha que no contempla ninguna medida de fuerza o de protesta. Haberse declarado apenas en estado de alerta y movilización es como pretender ir de caza mayor con balas de fogueo. Por decirlo amablemente, fue una amenaza de bajas calorías que al Gobierno no le hace ni cosquillas. El gastronómico se quedó solo con los pertrechos de combate.

"Todo bien con el Negro (Moyano), ningún drama, no me molesta que haya tomado esa determinación. Tampoco necesito aclaraciones. Pero lo cierto es que el plan de lucha que nos habíamos fijado no corre más. No sé qué pasa con él, estará muy ocupado con Independiente...", dijo Luis Barrionuevo Infobae, sin voluntad de entrar en detalles sobre los términos de esa sociedad, inaugurada en Mar del Plata hace menos de un año.

En todo caso, prefirió mostrarse más punzante para referirse al mundo K. "El Gobierno y sus sindicalistas amigos, como Antonio Caló, Andrés Rodríguez o Gerardo Martínez, tendrían que hablar de su injerencia para entorpecer la unidad de los trabajadores en beneficio de sus propios intereses. Mientras, ni una palabra de la inflación, ni de Ganancias que se come los salarios, ni de la decadencia de las obras sociales por culpa de la plata que se roban del sistema", disparó Barrionuevo.

También dijo lo suyo el estatal Pablo Micheli, el otro referente del triángulo sindical que se había armado para presentarle batalla al Gobierno. Prepara un paro propio para el 20 de noviembre. "Con Barrionuevo no hablo nunca y de Moyano hace más de un mes que no sé nada", se sinceró el jefe de la CTA combativa, que el Ministerio de Trabajo reconoció oficialmente recién la semana pasada.

Para distintos voceros gremiales, ese reconocimiento -muy tardío- sería una prueba fehaciente de que el Gobierno habría hecho la vista gorda hace cuatro años, al darle por ganada la elección al docente Hugo Yasky, cuando éste enfrentó a Micheli por la jefatura de una CTA todavía entera. "Si de verdad perdiste, no te van a regalar una inscripción gremial", es el razonamiento de los suspicaces.

Como quiera que sea, cuando Kirchner asumió en 2003 había una sola CGT y una sola CTA. Hoy, en cambio, las divisiones convirtieron a aquellas dos centrales en cinco organizaciones diferentes. Difícil entonces que Cristina vaya a mover un dedo ahora para querer juntarlas. Fuera de la política, hay que decir que tampoco parece sencillo promover la cohabitación de organizaciones que, por citar un ejemplo, claman por un dólar domesticado con otras a las que en verdad les conviene que el billete verde esté lo más empinado posible. Por corporativas que sean. Los planes para unificar a todos los gremios en una sola CGT ronda en la cabeza de muchos. De hecho son continuas las reuniones reservadas donde se mezclan de un lado y del otro para hablar del tema. Pero al mismo tiempo todos reconocen que cualquier reagrupamiento deberá esperar hasta agosto del año que viene, cuando las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) definan las candidaturas presidenciales. También el mundo sindical está cruzado por las cifras.

Consciente de la preocupación que hay en diversos sectores por las suspensiones y despidos que ha generado el retraimiento de la economía, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, salió a poner paños fríos. Descalificó por infundadas y alarmistas las proyecciones del FMI sobre un posible aumento de la desocupación (un 9 por ciento) en la Argentina, el año próximo. El jefe de la cartera laboral se quejó amargamente de los medios por la trascendencia que le dieron al vaticinio del Fondo y la poca relevancia que obtuvo en cambio a su entender un documento de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) donde se destaca la reducción del trabajo en negro y la expansión del gasto social en la Argentina. "Sin ninguna duda este es el gobierno que más hizo en la historia de nuestro país por la reinserción social", señaló Tomada a Infobae días atrás. La OIT también ha dicho que sólo la creación de empleos de calidad podrán impulsar el crecimiento sostenible en los países emergentes y en desarrollo, como es el caso del nuestro.

Sin embargo, hay quienes prefieren atender otras estadísticas, como las que difundió esta semana el Observatorio de datos Económicos y Sociales de la CGT de Moyano, que calculó en 2,88 la inflación de septiembre, acumulando en el año un 36,90 por ciento. También apuntó el estudio de la central opositora que una familia tipo necesita alrededor de 9 mil pesos mensuales para no caer en la pobreza. Basándose en números similares, esta semana distintas organizaciones salieron a avisar que van a reclamar para fin de año un bono navideño; una especie de aguinaldo del aguinaldo, que compense aunque sea mínimamente el terreno que perdieron los sueldos con la escalada inflacionaria. Se anotaron ya en este reclamo los empleados de la Asociación Bancaria y los trabajadores de Luz y Fuerza. Hasta Caló se apuntó para conseguir de la patronal una suma adicional. El metalúrgico, que felicitó a Moyano por haber postergado sin fecha un nuevo paro, todavía no oficializó una suma. Barrionuevo, en cambio, adelantó que pedirá la reapertura de la paritaria gastronómica.

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