Hace tiempo que quitaron su silla de la mesa chica del kirchnerismo. Fue ninguneado en el armado de las listas de candidatos oficialistas y quedó al margen de los festejos del domingo pasado. Más aún: sus socios ya anticipan su salida y hablan de una reunificación de la CGT. Sin embargo, Hugo Moyano procuró mostrar ayer que aún conserva la llave que puede frenar a la maquinaria económica del país, este dentro o fuera de la conducción de la central obrera.
En la Argentina, el superávit fiscal se asienta en el aporte tributario de las exportaciones del agro y el déficit en la red ferroviaria hace que la logística dependa, casi exclusivamente, del transporte de carga en camiones.
Allí radica el poder que el Gobierno dejó crecer en las manos de Moyano y que hoy, pasada la calma autoimpuesta durante el período de las elecciones primarias, vuelve a manifestarse con fuerza para preocupación del campo y el sector empresario.

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