1° de Mayo: Del conflicto social a la fiesta del trabajo

1° de Mayo: Del conflicto social a la fiesta del trabajo

“Compañeros: a solicitud de los jóvenes que encabezan esta concentración he de acceder a un pedido y he de hacer, a mi vez; otro pedido a los trabajadores».

(La muchedumbre grita: «Mañana es San Perón»).

Estoy de acuerdo, mañana es San Perón.”

Juan Domingo Perón, 1° de mayo de 1949

Por Lic. Emmanuel Bonforti.

El 1 de mayo de 1949 el Presidente Juan Perón sostenía que ese día nos encontraba reunidos en una Nación socialmente justa, económica libre y políticamente soberana. Realizaba un recuento de sus años de gobierno y mencionaba tres etapas: la de las grandes reformas, el momento de las realizaciones de gobierno, y la consolidación de éstas a través de la sanción de la reforma constitucional. Si uno podría detener el tiempo y sacar foto de ese instante la primera palabra que pasaría por nuestras mentes sería la de felicidad. Es que los 1° de mayo a partir de 1946 se convirtieron en la fiesta de los trabajadores.

El presente artículo tiene objeto analizar al 1° de mayo a través del recorrido que va desde el conflicto y enfrentamiento previo a la llegada del peronismo y su resignificación en tanto fiesta de los trabajadores a partir de 1946.

Sindicatos y conflicto social previo al peronismo.

Si algo caracteriza al movimiento obrero en su origen es su composición inmigratoria y anclada en la ciudad de Buenos Aires. Si bien, la gran masa de inmigrantes se radica entre las décadas del 80 y 90 del siglo XIX. Identificamos los primeros atisbos organizativos y huelgas a partir de 1857 a través de los obreros tipógrafos. La primera celebración de un 1 de mayo es en 1890 a nivel mundial y se replica en Argentina, precisamente en las ciudades de Buenos Aires, Rosario, Bahía Blanca y Chivilcoy.

Esto derivó en la creación de la Federación Obrera que contaba con la adhesión de 7400 obreros. De esta Federación surge el primer bosquejo de derecho laboral, situación que generó la primera gran tensión entre anarquistas y socialistas. Las dos principales corrientes ideológicas del incipiente movimiento obrero. Del bosquejo citado surgían una serie de pedidos tales como, jornada laboral de 8 horas, prohibición del trabajo a los menores de 14 años, abolición del trabajo nocturno para mujeres y niños, inspección de talleres por parte del Estado. Todas sugerencias defensivas ante condiciones desfavorables de trabajo.

Si bien estamos hablando de los primeros momentos del movimiento obrero sus principales referentes ya habían realizado sus primeras armas en la actividad gremial en Europa. Este primer movimiento obrero tenía la experiencia de las grandes luchas europeas atravesadas por la ebullición de la teoría comunista. Entre estas luchas figuraban la famosa de Comuna de París, el primer intento de gobierno obrero del mundo.

Sin embargo, la realidad en el Río de la Plata distaba bastante de emularse con la problemática europea, la composición de los sectores dominantes, las formas de producción, hacían que el conflicto social tenga particularidades que lo diferenciaban de los grandes centros de lucha del viejo continente.

Esta situación generó una incongruencia en la práctica sindical que se vinculaba con la ley de la inercia que alguna vez desarrolló el pensador nacional Jorge Enea Spilimbergo. Esto significó la intención de trasladar mecánicamente respuestas europeas a realidades sensiblemente diferentes. Lo que generó como consecuencia un desprecio al trabajador local, al que consideraban en su práctica sindical como inferior. La soberbia expresada entre otros por los socialistas radicaba en imaginar que la historia del movimiento obrero en Argentina comenzaba con la llegada de los inmigrantes, sin detenerse en la experiencia de lucha del mundo criollo.

El otro error que cometía el naciente movimiento obrero era la falta de compresión del fenómeno imperialista, que en definitiva era el gran causante de nuestra nación interrumpida. Los socialistas y anarquistas pensaban que la clave del conflicto social se radicaba en el enfrentamiento clásico burguesía versus proletariado, de este modo dejaban de lado la variable de dominación imperialista.

Asistimos en paralelo a un Estado que interpelaba al conflicto social en clave punitiva esquivando las responsabilidades de una legislación social. Con lo cual el mundo obrero se encontraba a la deriva entre una falta de conducción sindical sin horizontes claros y un Estado ausente que acompañe los procesos productivos.

En este contexto los 1° de mayo se convertían en verdaderas catástrofes, represión, persecuciones, detenciones, la aplicación de la Ley de Residencia, asesinatos, funerales, días enteros de lucha, cierre de locales sindicales, quema de bibliotecas obreras. Eterno retorno de una Argentina tan violenta como desigual, en definitiva, un país para unos pocos que mantenían sus privilegios a costa de la infelicidad de las mayorías.

Hacia una resignificación del 1° de mayo.

Para explicar un cambio en la percepción y en la práctica sindical vinculada al 1° mayo hay que comprender también las modificaciones en el mundo del trabajo que se vinculaban con el abandono paulatino de la forma de producción agropastoril y derivaban en la sustitución de importaciones que posibilitó una nueva composición del movimiento obrero, generando un desplazamiento de población del interior del país al área metropolitana.

El correlato de la expansión económica posterior a 1935 no se correspondía con la obtención de derechos para con la clase trabajadora. En cuanto a su organización el movimiento obrero se encontraba disperso, fundamentalmente el joven proletariado fabril no encontraba canales de representación que los interpele.

Recién con la llegada del Coronel Perón a la Secretaría de Trabajo y Previsión la realidad del nuevo proletariado se modificará y también la de amplios sectores sociales. Con esto decir que el gobierno peronista en el período 1946-1955 su legado atravesó a toda la sociedad argentina más allá del movimiento obrero. El período puede ser considerado como el de mayor impacto en la redistribución de ingresos desde el capital hacia el trabajo. La etapa indicaba también que el número de afiliaciones en el período 1946-1951 es de 520.000 a 2.334.000. Los empleadores tenían la obligación de negociar con el gremio los salarios y las condiciones de trabajo. De este ciclo también es hija la Ley de Asociaciones Profesionales. Emerge la organización y además es supervisada por el Estado.

El paradigma que promueve el gobierno de Perón es el de justicia social, redistribución del ingreso, legislación laboral progresiva y una política estatal de subsidios de alimentos, de tarifa de servicios públicos y de congelamiento de alquileres urbanos.

Para los cientistas sociales asépticos el peronismo significó el intento por redefinir socialmente a la idea de ciudadanía. En esta construcción logró capitalizar la crisis un sistema político demo liberal de escaso de contenido democrático y por añadidura social. La vieja Argentina semicolonial ya no tenía nada que ofrecer, si es que alguna vez lo tuvo. Esta redefinición explicaba porque la ciudadanía ya no tenía únicamente que referenciarse a través de la defensa y búsqueda de derechos civiles e individuales, sino que en la concepción del cientificismo social la ciudadanía se redefinía socialmente. El error de este cientificismo tiene que ver con la no compresión de la identidad obrera en la construcción de esa nueva ciudadanía.

Desde esta redefinición es que podemos comprender cambios en las prácticas y en el orden de las subjetividades vinculadas a la celebración del 1° de mayo, un ejemplo cultural que grafica este tránsito entre conflicto social y la fiesta puede identificarse en las letras de tango de la década del 30 comparándolas con las del 40, siendo las primeras de desaliento y estupor ante la situación de pobreza generalizada. Ángel Perelman sostuvo que previo al peronismo “eran los tiempos de los desesperados, de los ingeniosos y de las pequeñas raterías”. Situaciones como éstas explican cómo las subjetividades del mundo obrero fueron modificándose por una realidad material que determina la práctica en relación al 1° de mayo.

Unos años después el propio Perón, dirá en una intervención en la película “Perón sinfonía del sentimiento”: “Y bueno, si el pueblo está contento, eso es lo que me interesa. La mitad de la tarea del gobierno, para mí, está en que el pueblo esté contento. El pueblo contento comienza el camino de la felicidad y eso es una de las misiones fundamentales del gobierno. La otra es hacer la grandeza del país. Eso se hace despacito y de a poco. Chau.. y que sigan muy bien…”.

* Emmanuel Bonforti es docente de la materia Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Departamento de Planificación y Políticas de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa)

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