Un no musulmán compra carne halal por cuatro razones muy concretas: el pienso del animal está sometido a un control adicional que la normativa europea no exige, el desangrado completo mejora la conservación y el sabor, los precios suelen ser más competitivos que en una carnicería convencional y los adobos se elaboran a diario con especias naturales. Ninguno de esos motivos es religioso, y por eso el perfil del comprador ha cambiado tanto en la última década.