“Caballo” Suárez y su vida de lujo, con un barco dentro de su estancia

“Caballo” Suárez y su vida de lujo, con un barco dentro de su estancia

Acumuló patrimonio con fondos del sindicato. En un campo el casco tenía forma de barco.

La acumulación de poder -que se potenció al paroxismo en la era cristinista-, y dinero, a costa de aprietes a empresarios navieros y de armar empresas satélites para brindarle servicios a su sindicato, le permitieron a Omar “Caballo” Suárez, hoy detenido bajo investigación por supuestamente liderar una asociación ilícita, darse gustos de jeque árabe. A saber: campos en Puerto Madryn con vista al océano, el hotel Belinda en Corrientes con su correspondiente yate, una cámara frigorífica en Isla Demarchi llena de camarones y langostinos y otras delicias del mar, y la intención, ahora frenada por la intervención, de montar un lujoso restaurante en Elvira Rawson Dellepiane esquina Riba, costanera sur. Todo regado con vinos, whisky y espumantes premiun y, claro, habanos cubanos.

El Sindicato Obreros Marítimos Unidos (SOMU) tiene dos campos en Madryn, uno llamado “16 de agosto” y otro “El Progreso”. También hay un tercero, que se conecta con los otros y cuyo propietario es Patagonia Rural SRL, empresa que tiene como accionista a su yerno Adolfo Vissani. En conversación con Clarín, Gladys González, la interventora, confirmó que “esos dos campos, pese a ser propiedad del SOMU, no figuran como oferta turística para los afiliados. De hecho no es de fácil acceso porque hay que hacer 60 kilómetros de ripio”. Superar esos 60 kilómetros bien valió la pena para Suárez y su entorno ya que el campo tiene vista al océano y el casco de estancia que construyó es un... barco, todo un agradecido al mar que tanto le dio. “Allí se hicieron inversiones millonarias por parte del SOMU pero que no disfrutaron los afiliados”, cuenta la interventora.

Amante del agua, Suárez tenía anclado en su hotel de Belinda (en honor a su madre que se llamaba así), en Corrientes, el yate matrícula M02727, valuado en unos 200.000 dólares: cuando la compró la rebautizó Papa Francisco; antes se llamaba Hugo Sturla. La nave se mostró en el informe que PPT hizo en 2014 en los que daba cuenta de ese emprendimiento hotelero. De acuerdo a programa ese hospedaje se construyó con fondos del SOMU pero que, sin embargo, en la web del gremio no se ofrecía a los afiliados. Pero sí se explotaba comercialmente: “Hay indicios de que estamos frente a un Hotesurcito”, indica González y explica: “Por un lado, en la página del gobierno de Corrientes el hotel figura con 24 plazas sin embargo encontramos facturas al SOMU por 40 plazas durante varios meses en forma consecutiva. En el Hotel hay una placa que dice que es del SOMU pero es de la empresa de Suárez Elite Viajes”.

Pasado el informe, ese barco fue traído a Tigre y anclado en su río homónimo en el puerto Fluvial tapado con una lona. Para ese entonces, el nombre del yate ya había sido despintado aunque no así su matrícula. Ese barco era propiedad, al igual que el hotel, de Elite Viajes SA, la empresa de la cual el sindicalista era director y de la que participaban otros miembros del sindicato, también procesados pero no presos. ¿Cómo terminó el yate? Fue repintado y ahora sigue facturando por servicios turístico para la empresa Sturla, y ya con su nombre original… Este diario llamó a Jorge Sturla para saber por la lancha pero no respondió al llamado.

¿Acaso los mariscos y langostinos hallados eran para abastecer un futuro restó en Puerto Madero? Pregunta Clarín a González. “La mercadería en el frigorífico era para las fiestas que organizaba Suárez, mientras que el restaurante era uno de los tantos delirios de Suárez”. Sigue: “El SOMU iba a mudar al primer piso de ese lugar al sur de Puerto Madero su escuela de capacitación y en la planta baja iba a funcionar el restaurante. Para esto el SOMU había puesto 40 millones de pesos a través de la Fundación Azul”, ONG también intervenida por la Justicia bajo tutela de González. Hoy la obra está parada porque la intervención analiza el contrato “y con un agravante” agrega la interventora: “El permiso de uso que le otorgó la Administración General de Puertos era de solo cinco años”.

Decíamos que todo estaba regado por champagne y habanos porque Suárez también tenía una bóveda en la sede del SOMU de la callé Perú al 1600. Allí se encontraron estantes repletos de mercadería top, y los espumantes, lejos de ser argentinos, mucho menos nacionales y populares, eran franceses y españoles.

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