Un gremio escuela desde los tiempos de Alba y Collura

Un gremio escuela desde los tiempos de Alba y Collura

Descubriendo Entre Ríos. Un estudio realizado desde la Universidad Nacional de Entre Ríos ofrece datos muy poco difundidos acerca de los comienzos de la lucha docente local y recuerda el liderazgo de Ernesto Collura y Alba Bochatón 

 

 

El trabajo pone de relieve los esfuerzos y la voluntad de docentes como Alba Bochatón y Ernesto Collura en los comienzos, y revela que fueron los maestros y profesores de instituciones privadas los primeros que dieron lucha sindical y que estuvieron mejor dispuestos a llamarse “trabajadores”, en lugar de “profesionales”.

Para la graduación

La obra se llama Un gremio escuela, relatos en torno de la conformación de Agmer. Los autores: José Martín Turriani, Mario Daniel Villagra y Gastón Emilio Vuisso, graduados en Comunicación Social con esta investigación, bajo la dirección y subdirección de Alexis Chausovsky y Javier Miranda.

Interesante el tema y bien logrados los testimonios de algunos de los docentes que dieron origen a Agmer o participaron en los inicios.

Dice por ejemplo Graciela Bruno: “La conformación de Agmer se dio durante el proceso. Por supuesto que no se le daba tanta difusión, porque obviamente la actividad gremial no estaba permitida”.

Agrega Hipólito Pérez: “Lo armaron en la oscuridad. Esa fue una de las causas por las que el inicio de Agmer no figura en ningún medio gráfico”.

Para Teresa Díaz de Pavetti: “Era un gremio de mujeres, no era un gremio de salir a pelear, ni esto ni aquello. Con excepciones muy valiosas. Pero era como la ‘rebelión de la mujer’, que no se tenía en cuenta. No convenía hacer huelga. Entonces era como salir de la cocina a quejarse”.

Resucitamos

Los autores de la obra no restan espacio a los testigos, al contrario, se basan en ellos para el rescate.

Teresa Díaz recuerda allí que las docentes “iban con muchísima voluntad, pero vieron más la parte cultural, de poner una biblioteca, de propiciar becas, de hacer una especie de mutual”.

Clara Tea: “Yo vengo del interior de la provincia. Soy de San José de Feliciano, así que a mí me tocaba viajar cada vez que nos reuníamos. Y estaba la necesidad de formar un sindicato único, porque era a eso a lo que apuntábamos. Nosotros con la unión sindical de maestros privados ya veníamos de otras experiencias sindicales… Cuando pasa lo de la dictadura, nuestro sindicato, como todos, entra en un stand by de aquellos; y en 1981, 1982, nos volvemos a comunicar los que estábamos. Tengo presente a uno de nuestros compañeros, que era uno de los que llevaba adelante las grandes luchas: Ernesto Collura. Entonces, yo llego de la escuela, era verano, uno de los primeros días de clase. Suena el teléfono, tiro el portafolios, levanto y escucho, voz inconfundible: ‘Hola Clara’. Yo dije ‘Dios mío, resucitamos, vivimos, estamos’. Porque habían pasado siete años de silencio absoluto”.

Tiempos de Triple A

Sobre Collura dice Hipólito Pérez en el trabajo de los comunicadores: “Lo dejaron cesante de la escuela privada. Pero era un correntino que tenía una pujanza que solo él tenía. Hizo juicio al Estado y a la escuela privada en tiempos de la dictadura, y antes de la dictadura, en el gobierno de Cresto, lo ponen preso por un acto que hizo en la plaza. Por eso digo que Agmer empezó prácticamente en la época de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina)”.

Echado de los establecimientos, Collura vendía libros en las calles y las instituciones junto al profesor Juan Antonio Vilar, también cesanteado en tiempos de la dictadura.

Dicen los autores del estudio: “Hoy, cuando una de las banderas de Agmer es la defensa de la escuela pública, parecería extraño decir que uno de los artífices principales, Collura, provenía de la escuela privada, al igual que Teresa de Pavetti”.

Dice a propósito Teresa: “Yo soy maestra de escuela privada, me jubilé en la escuela privada también. Ya en la época de 1970 nosotros peleábamos por los derechos de los maestros privados, que eran muchos menos que los del maestro oficial. Nosotros no teníamos estabilidad en el cargo”.

Los docentes recuerdan en la investigación que los entrerrianos tuvieron un representante en la constitución de la Confederación de Trabajadores de la Educación Ctera en 1973, Collura precisamente, y no ocultan que algunas organizaciones no querían que a los docentes se les llamara “trabajadores”. Los que aceptaban con mejor ánimo eran los privados, los demás se decían preferentemente profesionales.

Las patotas

No faltan anécdotas sobre las luchas en distintas dictaduras, los modos que tenían para las reuniones clandestinas, las posiciones partidarias dentro de los gremios, las distintas posiciones según el gobierno de turno, las miserias sectoriales y las actitudes heroicas; las luchas para liberar a los presos políticos, los esfuerzos para lograr estatutos, las patotas rompehuelgas de los gobiernos “demócratas” para amedrentar y atropellar a los sindicalistas, los desplantes de los funcionarios, que los docentes no olvidan.

Hay también una interesante columna complementaria bajo la firma de la profesora Lucrecia Brasseur, y el trabajo termina con una copia del Estatuto del Docente Entrerriano.

Sin dudas estamos ante testimonios históricos. La obra es una síntesis. Podría complementarse con numerosos docentes que, con el papel en la mano, podrían realizar anotaciones en los márgenes para explicitar situaciones o mostrar las cosas desde otros ángulos. Pero buena la decisión de los estudiantes, hoy graduados, que le reconocen a Hipólito Pérez el título del trabajo. “Nosotros hicimos algo diferente, hicimos un gremio escuela”, les dijo.

Alba Bochatón, mujer que honró la vida

En noviembre de 2007 falleció Alba Bochatón. Entonces el periodista y abogado Julio Majul la recordó con una sentida columna que reproducimos acá, textual.

La semana pasada falleció en Colón Alba Bochatón de Dondo, última Presidenta del Congreso Provincial del Partido Intransigente, primera Secretaria General de AGMER, docente, pensadora, luchadora por sus convicciones. 

Albita docente. Albita tenía alma de docente total, creo que jubilarse fue un padecimiento para ella. Por ejemplo, estábamos comiendo en lo de Germanier, y me decía “¿Ves aquél peladito? Fue alumno mío, y era muy capaz, pero un poco vago”. Hacía 30 años que el tipo había sido alumno de ella, y para ella era ayer. Y la nota segura de cada noche en el viejo almacén: en algún momento, alguien se levantaba de su mesa, iba a la nuestra, y “Querida Alba, qué placer verla. ¿Se acuerda de mí?” Y ella: “Claro, vos sos Fulano, y te di literatura en San José en 1960”. 

Albita gremialista.

Fue la primera Secretaria General de AGMER, cuando estaba constituyéndose aún. Luego, creo que la sucedió otra Comisión que encabezaban Cacho Matzkin y Graciela Benavidez. Mientras pudo, se mantuvo informadísima de lo que pasaba en su Sindicato, opinando y concurriendo a reuniones. 

Fue principal gestora de la creación de la hermosa Casa del Maestro, en Colón. 

Albita artesana. No era una gran artesana, pero la creación de la Feria de la Artesanía en Colón tuvo su activísima participación. Cuando se hacía en el centro de la ciudad, y era realmente una Feria de Artesanía, invariablemente me invitaba, pese a que (también invariablemente) no podía creer que mi apreciación de las creaciones artesanales sea casi menos que nula. (...) Ella sí que se enojó cuando la Feria pasó a ser un espectáculo musical, con fondo de artesanías. “Para esto no fue que trabajamos tanto”, repetía.

Y era brava Albita enojada, ojo con ella entonces.

Albita humana. Conocí pocas personas tan generosas, extremadamente generosa, como Alba. Porque hay gente que cuando puede, da lo que le sobra. Pero ella daba lo que la otra necesitaba, no lo que a ella le sobraba. Y disfrutaba de la vida plenamente. Disfrutaba de comer bien, de tomar bien, de leer sobre todo poesía e historia. Disfrutaba de las charlas con sus amigas, con su familia, de las reuniones políticas, gremiales. Vivió una buena vida, y la mereció. De poca gente se puede decir que supo honrar la vida, como de ella. 

Albita humilde. Hace relativamente poco (poco más de un año, creo) recibió un premio nacional como adulta ejemplar. Fue sola a recibirlo a Buenos Aires, un premio que recibiera ese año por ejemplo Mercedes Sosa, y ella no dijo nada a nadie. Nos enteramos por los diarios... de Buenos Aires. Más humilde, no existe. 

Albita humanista. Apasionada luchadora por los derechos humanos, incansable en la tarea de difundir la verdad de los años de plomo, creo que su mayor alegría de estos años fue cuando Kirchner ordenó descolgar los cuadros de los dictadores de la sede del Ejército.

“No podía creerlo. Un presidente civil ordenando a un militar que descolgara los cuadros de esos asesinos. Nunca creí que llegaría el día de ver y vivir semejante alegría”, se exaltaba, y me repetía los gestos, los modos, del Presidente al dar la orden. Se sentía reivindicada personalmente.

Albita política

Desde que se fundó el Partido Intransigente, ella fue dirigente. Y antes lo fue de la UCR Intransigente. Candidata a senadora suplente, hace un mes. Su pasión política era inextinguible. Recuerdo especialmente un discurso de ella como candidata a vicegobernadora, en Urdinarrain, donde realizó una estremecedora autocrítica de su pasado antiperonista, llamando a unir a las mejores tradiciones de Alem, de Yrigoyen, de Lebensohn, de Oscar Alende, con las enseñanzas de Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz, Arturo Sampay, y muchos pensadores peronistas. “A muchos de ellos la dirigencia del propio peronismo los despreció”, enfatizaba Alba, “pero merecen ser reivindicados por nosotros, que fuimos exagerados en nuestro antiperonismo”.

Fue en 1983, y aún me parece oírla, en medio de los jinetes que siempre daban marco a los actos Intransigentes en Urdinarrain.

Su constante reivindicación de Raúl Uranga y Oscar Alende, como gobernantes sabios, prudentes, populares y eficaces, nos daba ejemplo a los entonces jóvenes Intransigentes: se podía gobernar bien, honestamente y con eficacia. 

Albita final. Me queda la imagen que no quisiera, de hace poco más de un mes, de la Albita impedida de leer y de caminar (¡ella, que amaba la lectura y amaba visitar a sus amistades!).

Pero también me queda la convicción de que el final le llegó a tiempo, impidiendo que sufriera demasiado. Y me queda el consuelo de cuánto la quise, cuánto se lo demostré, y cuánto de ella seguirá viviendo en mí.

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