El paro salvaje de La Bancaria, un golpe bajo a Mar del Plata

El paro salvaje de La Bancaria, un golpe bajo a Mar del Plata

Los bolsos y cajas de caudales, con millones de dólares que se encuentran en manos de sindicalistas, más los casos de nepotismo que aplican en los propios gremios, con los ingresos digitados de sus bolsas de trabajo y que hacen valer ante funcionarios públicos, ubican a la clase dirigente gremial como la de menor credibilidad entre los argentinos. Son los más desprestigiados.

Algunas de estas prácticas ubicaron en la zona de confort a La Bancaria, en su relación con el ex presidente del Banco de la Provincia, Gustavo Marangoni, un politólogo que insólitamente Daniel Scioli llevó a la presidencia de esa entidad durante la gobernación. Toda esta relación viciada, tiene su continuidad con la realización de paros salvajes, que tanto daño causan en la operación bancaria, y los afectados son mayoritariamente, empleados estatales, jubilados y pensionados y beneficiarios de planes sociales, es decir que la medida de fuerza recae en quienes más necesitan que todo el sistema funcione.

El Banco Provincia impulsó y fomentó una estrategia con beneficios para que Mar del Plata, pueda competir en mejores condiciones con otros centros turísticos, en especial Brasil, Uruguay y Chile, por eso el paro del jueves y el viernes conspiró contra el bienestar de quienes debieron acceder a los servicios de la entidad, tanto en su línea de cajas, otros servicios y cajeros automáticos, los cuales quedaron desabastecidos desde el sábado.

Si bien ha saltado a la consideración pública, el caso Triaca, es bien sabido que los sindicatos y funcionarios públicos negocian lugares de trabajo, y entre ellos, pueden citarse al Sindicato de Trabajadores Municipales, al SITOS en OSSE, a Luz y Fuerza, La Bancaria, quienes privilegian a familiares y amigos para incorporarse a las vacantes, las cuales toman en la práctica carácter de vitalicias y/o hereditarias.

Es una práctica que se ha extendido, mucho más común y ampliamente de lo que parece, restringiendo el acceso genuino a aspirantes a un primer empleo, mucho más si se trata de oficinas y empresas públicas. Los sindicalistas son socios del poder político y se ha dado el caso de respetar el 1 por 1, es decir uno del sindicato y otro del jefe político de turno.

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