La crisis del empleo industrial sigue profundizando las señales de alerta en el mercado laboral argentino. Los últimos datos disponibles muestran que la industria manufacturera continúa perdiendo trabajadores registrados y se ubica entre las actividades más afectadas desde finales de 2023, en un escenario atravesado por la caída de la producción, el menor consumo interno y una mayor competencia de productos importados.
Durante mayo, último dato oficial disponible para el empleo industrial, se perdieron 3.157 puestos de trabajo formales. Si bien la cifra continúa siendo negativa, representó una desaceleración frente a los seis meses anteriores, cuando la destrucción de empleo había alcanzado un promedio cercano a 5.100 trabajadores por mes.
La moderación de mayo todavía no alcanza, sin embargo, para hablar de un cambio de tendencia. La industria viene acumulando meses de reducción de planteles y durante 2025 había perdido 38.971 empleos formales, según los datos presentados por el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA). Sólo en diciembre pasado se habían destruido otros 5.302 puestos respecto del mes anterior.
El deterioro laboral acompaña una actividad productiva que continúa sin encontrar un piso firme. Las estimaciones de la UIA para junio señalaron una caída interanual de la producción industrial cercana al 1,8%, además de una baja mensual desestacionalizada del 0,2%.
Los números muestran además una fuerte heterogeneidad entre ramas. Mientras actividades vinculadas con energía, minería y agroindustria aparecen asociadas a nuevas inversiones y mejores perspectivas, buena parte de la industria orientada al mercado interno continúa atravesando dificultades para recuperar producción y sostener puestos de trabajo.
El escenario se vuelve particularmente complejo en las ramas industriales más expuestas a la debilidad del consumo y las importaciones. En mayo, 14 de los 16 sectores industriales relevados mostraron caídas interanuales de producción. Entre los retrocesos más pronunciados estuvieron textiles (-26,2%), maquinaria y equipo (-23,4%), automotores y autopartes (-15,9%) y prendas de vestir, cuero y calzado (-14,7%).
En los primeros cinco meses de 2026, la actividad industrial acumuló una contracción del 3,1% frente al mismo período de 2025 y se mantuvo aproximadamente 10% por debajo de los niveles de 2022, de acuerdo con las estimaciones difundidas por la entidad fabril.
La situación laboral aparece directamente relacionada con ese menor nivel de actividad. Las compañías que enfrentan menor producción y ventas vienen recurriendo a distintas estrategias para reducir costos, desde el congelamiento de nuevas incorporaciones hasta la reducción de dotaciones.
La propia UIA había advertido a comienzos de año que la industria avanzaba a “tres velocidades”: sectores vinculados al agro y la energía con crecimiento, actividades relativamente estables y ramas afectadas por la retracción del consumo y la mayor competencia importada. En ese diagnóstico, la entidad ya señalaba que el empleo mantenía una tendencia contractiva.
Para los trabajadores industriales, la desaceleración de las bajas registrada en mayo representa apenas un alivio dentro de una tendencia más extensa. La recuperación del empleo dependerá fundamentalmente de que vuelva a crecer la producción y mejore la utilización de la capacidad instalada, algo que todavía no aparece de manera generalizada entre las distintas ramas.
Así, el mercado laboral industrial llega a la segunda mitad de 2026 con un escenario abierto: algunos sectores muestran mejores perspectivas vinculadas a inversiones específicas, pero las empresas todavía no proyectan una recuperación homogénea del empleo para todo el año. Mientras tanto, la preservación de los puestos de trabajo vuelve a ocupar un lugar central en la agenda sindical, especialmente en las actividades más golpeadas por la caída del mercado interno y la competencia importada.
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