El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) dio a conocer su informe técnico sobre la distribución del ingreso correspondiente al segundo trimestre de 2026. En un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro del mercado de trabajo, las cifras oficiales exponen la brecha estructural entre los distintos sectores de la población ocupada, donde el nivel de formalidad laboral define la línea entre la subsistencia y el acceso a ingresos dignos.
De acuerdo con el relevamiento estatal, el ingreso medio del total de la población ocupada alcanzó los $1.129.527 en el período evaluado. Sin embargo, la mediana (indicador estadístico que marca el límite por debajo del cual se sitúa exactamente la mitad de los trabajadores) se ubicó en $900.000, exponiendo la asimetría en la cima de la pirámide distributiva.
Al analizar el universo de la población asalariada, que comprende a 9,4 millones de personas registradas por la encuesta, el ingreso promedio se situó en $1.161.833. Sin embargo, la disparidad resulta alarmante al distinguir la condición de descuento jubilatorio en la ocupación principal.
El informe del Indec revela que los asalariados formales (con descuento jubilatorio) percibieron un ingreso medio de $1.433.794. En la vereda opuesta, el ingreso medio de las personas asalariadas no registradas (sin descuento jubilatorio) fue de tan solo $706.204. Esta diferencia representa una brecha del 127,6% a favor del trabajo registrado. En términos interanuales, el haber medio del sector formal creció un 26,5%, mientras que el informal lo hizo a un ritmo menor del 24,9%.
Al extender la mirada a la totalidad de la población ocupada con ingresos, sumando asalariados e independientes, la disparidad de la informalidad se agudiza: los ocupados formales obtuvieron un promedio de $1.504.943, en contraste con los $661.214 de los ocupados informales.
“El 62,4% de la población total, es decir, 18.807 mil personas, percibió algún ingreso cuyo promedio es igual a $1.094.136”, detalló el organismo en el informe.
La brecha salarial por razones de género continúa siendo una de las deudas pendientes del mercado laboral argentino. Durante el segundo trimestre de 2026, la brecha del promedio del ingreso de la ocupación principal entre hombres y mujeres se posicionó en el 26,3%.
Mientras los hombres ocupados registraron un ingreso medio de $1.280.538, las mujeres alcanzaron un promedio de $943.439. Si se toman los ingresos individuales totales (que incluyen fuentes laborales y transferencias no laborales), los hombres promediaron $1.266.369 frente a los $927.252 de las mujeres.
Por su parte, la pirámide poblacional relevada por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) muestra niveles considerables de concentración distributiva. El estrato bajo de la población según su ingreso individual (comprendido entre los deciles 1 y 4) apenas alcanzó un promedio de $382.621. El estrato medio (deciles 5 al 8) promedió $1.033.047, mientras que el estrato más alto (deciles 9 y 10) concentró un haber medio de $2.641.394.
En lo que respecta a los hogares, la estructura de ingresos refleja la altísima dependencia del salario para la sustentabilidad diaria. Los ingresos laborales explicaron el 78,1% del presupuesto familiar total de los aglomerados, mientras que las fuentes no laborales (jubilaciones, pensiones, asignaciones y asistencia social) representaron el 21,9% restante.
Esta relación cambia dramáticamente en los sectores vulnerables. En el decil de más bajos ingresos (decil 1), los aportes no laborales representaron el 67,3% del dinero que ingresó a los hogares, perdiendo terreno el ingreso por trabajo golpeado por la informalidad o el desempleo. Por el contrario, en el decil 10 de mayores ingresos, el 86,6% provino directamente del mercado de trabajo.
“La brecha calculada entre la mediana del decil 10 y el decil 1 de ingreso per cápita familiar de la población fue de 13 veces”, remarca el informe al evaluar el coeficiente de Gini, que se ubicó en 0,428.
Los datos del INDEC ratifican el diagnóstico que las centrales obreras vienen denunciando: el trabajo informal sigue siendo la principal vía de empobrecimiento de la clase trabajadora, donde la falta de paritarias y de cobertura sindical lleva a más de cuatro millones de trabajadores no asalariados e informales a subsistir con ingresos por debajo de las necesidades básicas.
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