El mapa del mercado laboral del INDEC refiere un aumento de la eficiencia pero advierte que sigue siendo muy baja a nivel histórico.
El mercado laboral en la Argentina atraviesa un proceso de reconfiguración que golpea de lleno a la estructura del empleo formal. Según los datos de la última Encuesta Permanente de Hogares (EPH) publicada por el INDEC, analizados por la CGT y las CTA, el mercado de trabajo muestra una dualidad creciente pero con aspectos negativos en ambos casos
Por un lado, hay una demanda sostenida de profesionales y operarios calificados pero que no redunda en un crecimiento de los salarios: la productividad de cada trabajador aumentó en 2025, pero los sueldos reales no lo hicieron.
Por el otro lado, se da una destrucción sistemática de puestos de trabajo generales que no requieren especialización técnica.
Los números que arroja el organismo oficial entre fines de 2023 y el mismo período de 2025 son contundentes respecto a la precarización del sistema. En ese lapso, los puestos de trabajo registrados sufrieron una caída de 513.000 trabajadores, descendiendo a un total de 12,9 millones. En contrapartida, el empleo informal creció en 559.000 personas, alcanzando una cifra crítica de 8,2 millones de trabajadores, sumando tanto a asalariados «en negro» como a independientes no registrados.
El impacto en la formación y la productividad
Este desplazamiento no es casual y responde a una transformación en la composición ocupacional por niveles de instrucción, analizaron los cuadros técnicos sindicales. Y dicen que el Gobierno no toma nota de esta reconfiguración que se verá plasmadas en el futuro.

Un dato del informe de mercado laboral: grupos familiares en los que más integrantes debieron salir a trabajar.
Por caso, el informe del INDEC destaca que, entre la población con mayor capacitación, se registró un aumento de 109.300 personas con estudios superiores o universitarios incompletos. Sin embargo, el dato alarmante es la reducción de 173.700 trabajadores que contaban con el nivel superior completo, lo que evidencia un desajuste entre la oferta educativa y las necesidades de un mercado cada vez más restrictivo.
En términos de eficiencia, un estudio que circuló por la calle Azopardo señala que la productividad media del trabajo experimentó un crecimiento interanual del 4,9%, pasando de 106,5 a 111,5 unidades según la relación entre el Producto Bruto Interno (PBI) y el empleo total.
Pese a esta mejora, que no se traduce sin embargo en un crecimiento de los salarios, el indicador se mantiene sensiblemente por debajo del promedio trimestral de 120,9 unidades registrado entre 2004 y 2023.
“Esta debilidad en la productividad, vinculada a los bajos niveles de inversión empresarial en maquinaria y tecnología, explica en gran medida la caída sostenida del salario real en el sector privado registrado, cuyas remuneraciones continúan perdiendo la carrera contra la inflación”, plantea el documento.
Los que se caen del mercado laboral
La crisis de ocupación tiene un sesgo generacional y social muy marcado. El relevamiento del INDEC en 31 aglomerados urbanos advierte que la pérdida de empleo afectó prioritariamente a los jefes de hogar, con una baja de 97.100 puestos (0,9%).
Esta caída fue compensada por la inserción laboral de otros integrantes de la familia, como cónyuges e hijos, quienes suelen ingresar al mercado en condiciones de mayor precariedad para sostener el ingreso de subsistencia.
La situación es especialmente crítica para la juventud. En los últimos dos años, el empleo disminuyó drásticamente en el segmento de hasta 29 años, con una pérdida de 319.700 puestos en hombres y 99.200 en mujeres. Paralelamente, se observó un incremento en la subocupación, que sumó 243.600 trabajadores (10,4%) para totalizar 2,6 millones de personas que trabajan menos horas de las que desean.
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