La empresa BGH resolvió avanzar con una paralización de su producción en la planta de Río Grande por un período de 45 días, en una decisión que encendió alarmas en el sector industrial fueguino y abrió un escenario de fuerte incertidumbre laboral. Son 1.000 puestos de trabajo en riesgo.
La medida, que comenzaría a regir a partir de julio, responde a la caída del consumo interno y a la acumulación de stock sin salida comercial, un combo que impacta de lleno en la actividad de las fábricas radicadas en Tierra del Fuego.
Según se informó, el parate alcanzará a todas las líneas de producción, incluyendo la fabricación de televisores y equipos de aire acondicionado, dos de los principales segmentos de la compañía.
El impacto no es menor: más de 600 trabajadores directos y cerca de 1.000 indirectos podrían verse afectados, a lo que se suma un número significativo de empleos indirectos vinculados a la cadena productiva. Entre ellos, la Cooperativa Tierra del Fuego (ex Audivic), que opera bajo modalidad de fasón para la firma.
Frente a este escenario, la empresa evalúa distintas alternativas para amortiguar el impacto. Entre las opciones aparece el adelantamiento de vacaciones como primera medida, mientras que no se descarta avanzar posteriormente con esquemas de suspensiones si la situación no mejora.
Uno de los principales focos de preocupación gira en torno a los ingresos: aún no hay precisiones sobre cómo se liquidarán los salarios durante el período de inactividad, lo que mantiene en alerta a los trabajadores.
La situación ya es seguida de cerca por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), que inició gestiones con la empresa para evitar suspensiones y garantizar un piso de ingresos durante el parate productivo. El gremio también monitorea la evolución del conflicto y no descarta avanzar con medidas en función de cómo se desarrollen las negociaciones.
El conflicto en BGH se da en paralelo con otros episodios que reflejan la profundidad de la crisis en el polo industrial fueguino. Uno de los casos más emblemáticos es el de la firma Aires del Sur, también radicada en Río Grande.
La Justicia dictó recientemente la quiebra de la empresa, lo que terminó de consolidar un proceso de deterioro que ya incluía falta de pago de salarios, paralización de la producción y despidos.
El impacto social es directo: al menos 140 trabajadores quedaron sin empleo, en medio de reclamos gremiales y denuncias por el accionar empresarial.
Frente a este escenario, los operarios, junto a la UOM, resolvieron mantener la ocupación de la planta y sostener la presencia en la fábrica, con el objetivo de defender los puestos de trabajo y evitar el vaciamiento.
Incluso tras el avance judicial, los trabajadores ratificaron su decisión de seguir en la planta y sostener el reclamo por la continuidad productiva, en un contexto marcado por la incertidumbre y la falta de respuestas empresariales.
El caso de BGH y la quiebra de Aires del Sur forman parte de un proceso más amplio que atraviesa a la industria fueguina, caracterizado por la retracción del consumo, la presión de las importaciones y la pérdida sostenida de empleo.
En los últimos meses, el sector acumula cierres, suspensiones y conflictos laborales que ponen en tensión la continuidad del esquema productivo en la provincia, con impacto directo sobre cientos de familias.
En ese contexto, la paralización de una de las principales plantas electrónicas del país y la quiebra de otra fábrica clave vuelven a exponer la fragilidad del entramado industrial y el creciente riesgo sobre los puestos de trabajo en el extremo sur del país.
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