Fue por una comunicación aprobada sólo por el arco opositor. Se solicitó al Ejecutivo que otorgue un bono a fin de año a sus empleados, para “compensar la devaluación que impactó en sus salarios”. Debate trunco en un callejón sin salida.
“No. No permitimos que vuelva a comisión este despacho”, se puso firme un edil opositor. “No. No le permito un cuarto intermedio, ¡que se trate acá y ahora!”. El “no” y el imperativo en tono de voz alto sobresaltó a los pocos cronistas presentes en la sesión del Concejo. Silencio elíptico. Hasta algunos curiosos se acercaron para mirar a través de los vidrios de las puertas del recinto qué pasaba.
“Ahora sí se puso lindo...”, comentó un asesor de prensa por lo bajo, ya que venía medio mecánico el mitin deliberativo. El imprevisto agite hizo que casi todos los ediles oficialistas se levantaran y se reunieran. Mariano Cejas se acomodó los anteojos más rápido de lo habitual, Carlos Suárez se rascó rápido la barba candado y salió a la búsqueda de Adriana Molina. Sólo se quedó duro como una estatua Sergio Basile, pero relojeaba la situación desde su asiento. Y ahí estaban reunidos a ver si encontraban un punto de salida. Pues no: callejón sin salida.
Era Martínez Kerz -con la venia de sus pares de bloque- el que se había puesto firme desde el hemiciclo opositor. Juan Cesoni “cogoteó” hacia atrás para decirle algo. Un cuchicheo y los rostros algo enrojecidos, como los de esos actores principiantes a quienes los sacan de libreto y no saben para dónde disparar. Los micrófonos esperaban ansiosos alguna reacción, una vituperación acaso, algo. Tensión. La angustia del arquero ante el tiro penal.
Finalmente, sólo con los votos del acto opositor -9 ediles y mayoría-, el Concejo aprobó una comunicación donde se le pidió al Ejecutivo municipal “que arbitre las medidas necesarias para el pago de un bono a fin de año a favor de sus empleados, con el objetivo de compensar la fuerte devaluación que impactó en sus salarios”.
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