“El angosto espejo del macrismo”, Alejandro Garzón

“El angosto espejo del macrismo”, Alejandro Garzón

“Yo creo que la asociación entre el Mercosur y la Unión Europea es natural porque en Sudamérica todos somos descendientes de europeos”. Así lo definió el Presidente argentino en su visita a Davos.

O sea. Para el Presidente argentino, educado en la mejor perfonance del pensamiento colonial, existir, crecer, relacionarse, es sinónimo de no dejar de mirarse en el espejo indicado desde la cultura dominante. Ser sudamericano, blanco de ojos claros, indica haber sido descendiente de viajeros afortunados, por gracia de los descubridores del continente. Por lo tanto, herederos de la fortuna encontrada sobre la tierra, debajo de ella, y de las fabulosas aguas que la riegan.

Originarios y mestizos,  zorras, gato montés, gusano, cucarachas: alimañas de la naturaleza del bendito territorio a ser ordenado debidamente por los hombres “ilustrados”.

Ningún reconocimiento, por ejemplo, a diaguitas calchaquies, a los cientos de  Rogelio Guanuco Burgos, oriundos de los pueblos originarios, que junto a otros hermanos se constituyeran en hijos y padres de los socavones de Rio Turbio, que hoy pretenden cerrar ante la falta de política y de inversión, en vez de poner YCRT como motor de la energía que el país necesita, incorporando mano de obra.

Ellos, los descendientes de los viajeros blancos de ojos claros, llegados después de los colonizadores, en función de personeros indicados desde el imperio, para sostener la raza y ampliar sus fortunas, siguen sintiéndose europeos.

Nada de NyC  -nacidos y criados en suelo determinado que nos hace hijo del mismo-ni reconocimiento alguno de otras corrientes migratorias, que enriquecen la cultura y el acervo de nuestro continente. Nada de los descendientes de esclavos africanos, no de las corrientes migratorias sirio libanesas, armenias y orientales.

Para Macri, la clase de pertenencia, determina la conciencia y el accionar al crecer y relacionarse, como bien aprendiera en el Colegio Cardenal Newman, del que resultara alumno presidencialista.

Pero no todo es blanco y de ojos claros, servil y humillantemente colonial, lo que vino de Europa. La sangre de Moreno, Castelli, Monteagudo, Belgrano, Artigas, Sucre, San Martín, Bolívar, llegaron del otro lado del océano y se enraizaron de éste lado, no como aves de rapiña, sino como hijos de una Nación por construir, con conciencia de un Estado por nacer,  como fueran 100 años después los inmigrantes que descendieran de los barcos en el puerto de Buenos Aires, huyendo de los conflictos interimperialistas de Europa, para desempeñarse en las vías navegables, y dar vida a una organización defensiva como la de los trabajadores del Estado -ATE- para protegerse colectivamente frente a la explotación del patrón Estado, y defenderlo como eje de la producción y el  desarrollo.

Los mismos que tiempo después, dejando atrás ideologías de procedencia, sin ocultar ni desconocer tradiciones, se incorporaran al Estado de Bienestar y Participación, junto a nuestros hermanos de los pueblos originarios.

Aquellos compatriotas, y éstos trabajadores supieron dar la lucha por los derechos civiles y laborales, pero fundamentalmente por un proyecto de país que defienda la producción y el trabajo nacional, que enarbole la soberanía y la justicia social. Que defienda, en definitiva, la dignidad de todo un pueblo.

Si la solución, los sueños y las esperanzas hubieran tenido sentido de ser en Europa ¿Por qué razones el esfuerzo de plasmar nuestra independencia, de pregonar la justicia social y la soberanía política de éste suelo?

Debe saber Macri, la respuesta. Porque la Patria es ésta. El MERCOSUR Y EL ALBA. Una gran Nación inconclusa, y sudamericana, habitada por pueblos originarios con derechos ancestrales, mestizos, e hijos de corriente inmigratorias,  donde  cada Estado nos pertenece, y no es una entelequia, ni representa un costo. Somos los trabajadores el latir de ése Estado, que no se entrega a ser asfixiado, y resiste, organizadamente, desde la identidad y el pensamiento nacional, frente al angosto espejo colonial en que se mira el Presidente “argentino”.

Alejandro Garzón, Secretario General ATE Santa Cruz

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