Formación para el trabajo, formación para la vida

Formación para el trabajo, formación para la vida

Seguramente uno de los desafíos más importantes que tiene la Federacion Maritima, Portuaria y de la Industria Naval de la República Argentina y el movimiento obrero en su conjunto, implica la tarea de la formación.

* Por Juan Manuel Martínez Chas

La formación sindical, adquiere o ha adquirido históricamente un rol fundamental, no solo en la estrategia sociopolítica de las organizaciones sindicales sino en la pervivencia de las mismas y sus cuadros, en la sostenibilidad de las organizaciones sindicales. Pero sin lugar a dudas, hoy en 2020, la misma se ha complejizado, resulta necesario que la capacitación  no solo de cuenta de la formación para las nuevas tecnologías, la industria 4.0, la robotización, el fenómeno de la huida del derecho del trabajo a través de lo que implican las plataformas virtuales y los algoritmos que  también que van a llegar a nuestros sector, sino que resulta imprescindible  comenzar a comprender los procesos sindicales y socio políticos que vienen dando cuenta de esta realidad actual dominado por un capitalismo netamente financiero.

La formación sindical es la construcción más fuerte para la conducción y la perdurabilidad de las organizaciones de los trabajadores, sin duda el movimiento obrero ha sido desde hace largo tiempo uno de los pilares fundamentales de construcción de la nueva realidad de la clase trabajadora, como decimos, a partir de sus inicios como concepto por la Central Latinoamericana de Trabajadores, fue tomado sin duda por sectores de los movimientos populares del sur global con el esquema internacional del cooperativismo, y por los movimientos populares que tomaron distintas banderas a lo largo del tiempo.

Es sin duda en las organizaciones sindicales donde la formación sindical implica o se transforma en un valor trascendente, una formación que tiene que estar inmiscuida de un fuerte desarrollo de la noción del sindicato como entidad socio política, transformadora y emancipadora de nuestra realidad. Tanto la realidad nacional como la realidad latinoamericana, como un instrumento dignificador no solo de las condiciones de trabajo sino de la elevación cultural, moral y de mayor comprensión de la vida y de los procesos que dan cuenta de la instrumentación de un esquema más integral donde el hombre y la mujer en esta sociedad tengan un rol liberador.

Esta formación sindical, que también tiene que tener un fuerte esbozo en la metodología comunicacional de los actuales tiempos y también en el procesamiento de la información,  debe estar basada también en los nuevos paradigmas y escenarios que las nuevas generaciones nos están demandando en el actual devenir de la historia.

El sindicato debe repensarse, nuestra Federación debe repensarse, no sólo a partir de los acontecimientos sociales y políticos que hoy recorren nuestro país y América Latina, a partir de  los poderes fácticos y financieros y del gran capital, que tienen y han tenido históricamente como objeto central la destrucción de la organización sindical porque ella permite, de alguna manera, poner límites a la voracidad del mercado. Sabemos que la lógica de estos sectores es la remoción de cualquier obstáculo, entre ellos la organización sindical, que pueda de alguna manera ser un escollo en el tratamiento del trabajo como una mercancía más puesta al servicio de ese gran mercado global.

Sin duda a partir de la crisis de los 70, asentada en la crisis del 2008 y otras que el capitalismo viene auto infringiéndose, el rol que viene teniendo sistemáticamente el sindicalismo no puede ser el mismo que el de la década del 70, hoy estamos ante un sindicalismo que podríamos denominar comunitario. Un sindicalismo que planta sus bases en los centros de trabajo, en los lugares de reunión de los trabajadores, pero ello no alcanza.  Sus bases deben ser entendidas y extendidas hacia los sectores de la educación, universidades, hacia los sectores populares, la comunidad, debe convertirse en aquel centro integrador comunitario que supimos tener en nuestro país en la década del 50 hasta la década del 70.

Ese centro que es capaz de articular las diferentes necesidades y sintetizar o resumir las demandas del pueblo en una demanda de acción social. Cuando decimos hacer un Centro de Acción Política nos referimos a ser el eje de un esquema de construcción de diálogo y una concertación basada fundamentalmente en un país donde la realidad y la elevación del ser humano, de los hombres y mujeres que integran nuestra patria sea la base fundamental del crecimiento de nuestra patria.

Ese crecimiento tendrá más que ver –  que, con el número, con la cara del desarrollo – como decía Pablo VI, ese DESARROLLO que de alguna manera se distribuye en forma igualitaria entre los distintos estamentos de la sociedad. De nada sirven las sociedades que han prosperado a causa de una desigual distribución de la riqueza, eso implica potenciar los efectos perniciosos del neoliberalismo que, sin la estructura sindical y un estado presente, sólo reproducen desigualdad, pobreza y exclusión.

Debemos entonces pensar un sindicalismo abierto a la sociedad, que forme para la vida, que forme para la acción, que forme cuadros para transformar la sociedad, desde el centro de trabajo, pero también en el barrio, en la universidad, que sea capaz de dar debates no solo sobre los temas de su incumbencia sino también de los grandes temas nacionales.

El movimiento obrero debe ser, a partir de esta nueva conceptualización que proponemos, un eje central para la construcción de un país para todos, siempre con un brazo de solidaridad, mirando a Latinoamérica y al caribe como parte de nuestra historia, de nuestra mirada y de nuestra construcción multicultural, pero también desde nuestro futuro, solo allí podremos ver una nueva cara donde la re significación del sindicato ponga de nuevo la mirada, los ojos y la pasión en los jóvenes y en el resto de la sociedad que hoy nos mira esperando saber si somos capaces de dar ese paso fundamental que nos transforme y nos vuelva a colocar en el centro de la historia que el movimiento de los trabajadores está llamado a tener en la lucha de la dignidad no solo en nuestro país sino también en nuestra querida Latinoamérica.

* Abogado Laboralista. Docente. Doctor en Derecho del Trabajo (UNTREF). Master en Empleo, Relaciones Laborales y Dialogo Social (UCLM) Asesor Legal de Sindicatos. Coordinador de Relats Argetina.

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