Un privilegiado miembro de los gremios K

Un privilegiado miembro de los gremios K
Por Ricardo Carpena

¿El caso Mariano Ferreyra precipitará transformaciones en el sindicalismo? Parece difícil. El crimen del militante del Partido Obrero causó más cambios cosméticos que reales, sobre todo por parte de quienes apoyaban fervientemente a José Pedraza, uno de los principales exponentes del gremialismo kirchnerista, y avalaban sus negocios.

Es fácil encontrar en Google lo que dijo Cristina Kirchner, delante de Pedraza y en la Unión Ferroviaria, el 12 de noviembre de 2009: “Mostremos a todos este modelo de organización sindical, que cree que lo más importante no es destruir sino conseguir cosas y mejoras para los trabajadores”. Menos de un año después, el 20 de octubre de 2010, una patota ferroviaria mató al militante trotskista.

El colorido relato K también incluye la versión del malestar de Néstor Kirchner por el asesinato.

“Néstor estaba muy conmocionado”, dijo la Presidenta en un acto realizado en 2012, y destacó que su hijo Máximo Kirchner “tenía razón” cuando afirmaba que “la bala que mató a Mariano Ferreyra rozó también el corazón de su papá ”.

Pero lo que es cierto es que Pedraza era un privilegiado miembro del sindicalismo kirchnerista. Ese alineamiento le permitió, por ejemplo, mantener la polémica Cooperativa Mercosur, con la que logró meterse en el negocio de los tercerizados, y lograr que su esposa, Claudia Coria, integrara la conducción del Belgrano Cargas.

Más anecdótica, aunque muy impactante, es la foto en la que el vicepresidente Amado Boudou aparece al lado de Cristian Favale, el barra que ayer fue condenado a 18 años de prisión por ser considerado uno de los autores materiales de la muerte de Ferreyra. “ Fue de cholulo.

No tengo nada que ver con él”, explicó el propio Favale.

Pero así como Cristina ensayó un giro que la puso del lado de los que quieren hacer justicia por Mariano Ferreyra, el que quedó más golpeado es el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. En especial tras la difusión del audio de una conversación que mantiene con Pedraza, reveladora de una relación que va más allá del hecho de que el ministro había sido abogado de la Unión Ferroviaria. Con intenciones de competir electoralmente en el distrito porteño, Tomada está lejos hoy de ser un candidato potable.

¿Y los colegas de Pedraza? En la intimidad, a los dirigentes más cercanos a la Casa Rosada les preocupa que, aun cuando hubo un crimen de por medio, el Gobierno le haya soltado la mano. En un mundo como el sindical, en el que es muy común contar con una fuerza de choque interna, la condena a Pedraza preocupa. Pero no puede decirse que hayan decidido desterrar las patotas de sus filas: los hechos de violencia siguen siendo comunes y no se redujeron aun después del asesinato de Ferreyra. Eso es lo que más impresiona: si no hay más democracia y menos complicidad oficial en los sindicatos, lo único que falta es sentarse a esperar la próxima tragedia.

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