Cada semana sin actividad implica una contracción de medio punto del PBI; ahora preocupa más la falta de demanda
Con cada anuncio de extensión de la cuarentena , los analistas abren sus planillas de Excel y revisan a la baja sus proyecciones de caída de la economía para este año. El consenso es que cada semana más de aislamiento obligatorio implica una contracción de medio punto del producto bruto interno ( PBI ).
El Fondo Monetario Internacional , por caso, proyecta que la Argentina tendrá una caída de 5,7% del PBI este año, aunque el informe difundido hace 10 días destaca que se hizo bajo "extrema incertidumbre" debido a la cantidad de interrogantes sin respuesta. En sintonía con esta estimación, el último estudio de Latin Focus, que recopila mensualmente las estimaciones de bancos, consultoras y analistas, proyectó un retroceso de 5,5%, en promedio, para 2020.
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Sin embargo, estas estimaciones no tenían en cuenta la extensión de la cuarentena por dos semanas más en gran parte del país . Con esta nueva información , la consultora Invecq, por caso, proyecta para este año una caída de entre 8 y 9% del producto y, aún peor, un aumento del desempleo de 9,8% a casi 14% en el peor escenario, pero advierte que la situación es tan dinámica que estos cálculos varían cada semana. "Estimamos que más de 500.000 puestos de trabajo se perderán este año y habrá una necesidad de muchas personas de incorporarse a la población económicamente activa", explicó Esteban Domecq, director de Invecq.
Si bien las proyecciones son bastante pesimistas, lo cierto es que los economistas admiten que todavía no tienen una real noción del impacto en general, ya que los índices oficiales de actividad tienen un rezago y los últimos datos disponibles son de febrero. Sin embargo, destacan dos parámetros que anticipan un descenso pronunciado de la economía: los informes de consumo de energía y los datos de recaudación fiscal.
Según Cammesa, la compañía con control estatal encargada del despacho de energía, cuando se compara una semana típica de cuarentena con una de abril de 2019 con temperaturas similares, la demanda de electricidad en las grandes industrias se derrumbó 46,7%: la del rubro alimentación, comercios y servicios cayó 18,8%, y la de petróleo y minería, 15,3%. En consumo de combustibles, la situación es dramática, con una caída de 80% en la demanda. Esto produjo, por ejemplo, que Raízen (licenciataria de la marca Shell) suspenda su producción de la refinería de Dock Sud, la segunda más grande del país, por primera vez en sus 90 años de historia.
En cuanto a la recaudación, según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), entre el 1° y el 19 de este mes, la recaudación tributaria nacional se desplomó 13% en términos reales, mientras que la recaudación provincial lo hizo en un 6,5% real. "Los principales componentes de la recaudación nacional, IVA y Ganancias, acumulan pérdidas reales del 24,8% y el 14,6% respectivamente, mientras que el principal impuesto provincial, Ingresos Brutos, muestra una caída del 1,5% en términos reales", indicaron.
Otros termómetros seguidos de cerca por los economistas son los índices de producción industrial de la fundación FIEL y del centro de estudios económicos Orlando J. Ferreres. Los del mes pasado muestran contracciones de 6,4% y 9,9% interanual, respectivamente.
"En marzo, la industria comenzó a mostrar el impacto de las medidas de distanciamiento social. En abril el impacto resultará mayor dado el completo freno de varias actividades. Los desempeños sectoriales volverán a resultar diversos, como una mejor perspectiva para los sectores productores de bienes de consumo no durable (especialmente alimentos). La recesión industrial entró en una etapa de profundización", advierte el informe de FIEL.
"La cuarentena golpeó con fuerza a la mayoría de los sectores manufactureros y si la caída anual no fue más pronunciada es porque estamos comparando con el que fue el peor mes del año pasado. Hacia adelante, las perspectivas no son alentadoras y reina la duda al no tener certezas sobre cuándo y cómo se levantarán las restricciones a la circulación", dijeron por su parte en OJF.
La pandemia generó una crisis nunca antes vista en la historia y, por lo tanto, no existe una situación parecida que sirva como modelo para aprender a atravesarla. Pero a medida que pasan los días y la situación se extiende en el tiempo, el miedo de los economistas es que, lo que en principio era un shock de oferta, se convierta en un problema de demanda. Esto quiere decir que, llegado el punto en que las máquinas vuelvan a encenderse y los restaurantes, teatros y locales vuelvan a abrir, quizá no haya quién adquiera esos productos porque habrá caído el poder adquisitivo y habrán aumentado el desempleo y las empresas en quiebra.
"El shock de oferta significa que, como la gente no puede circular, no se mueve la economía. Y a medida que se va destruyendo la oferta, se destruye la demanda. La gente está con miedo de perder el empleo entonces hay una retracción del consumo. Las empresas antes no podían prender las máquinas; ahora no tienen a quién vender", explica Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina.
Martín Vauthier, economista de la consultora Eco Go, coincide: "Esta es una crisis de oferta y los gobiernos tratan de sostener a los sectores más afectados para que el shock no se traslade a la demanda. Por eso buscan que se reciba una compensación, que las empresas no quiebren, que puedan financiar su capital de trabajo y pagar salarios", dice.
En ese sentido, el Gobierno anunció anteayer que pagará el 50% del salario de bolsillo a 1,6 millones de empleados de casi 160.000 empresas, con un máximo equivalente a dos salarios mínimos ($33.750). Además, se definió que 24.116 empresas que emplean a 255.082 trabajadores pertenecientes a algunas ramas de los sectores turístico, cultural y de salud recibirán una reducción del 95% de las contribuciones patronales.
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