El último Informe Sectorial elaborado por Audemus muestra que el empleo privado formal acumula once meses consecutivos de contracción. En los primeros cuatro registros mensuales disponibles de 2026 se destruyeron 31.900 puestos y, desde el comienzo de la gestión de Javier Milei, la pérdida supera los 235.000 empleos privados registrados.
La industria manufacturera concentra una parte significativa del retroceso: más de 83.000 puestos industriales desaparecieron desde diciembre de 2023. Comercio, transporte, comunicaciones y el sistema bancario también registraron reducciones durante los primeros meses del año.
El escenario abre un interrogante que excede la evolución del Producto Bruto Interno: qué tipo de trabajo está generando la economía argentina y hasta qué punto el crecimiento de sus sectores más dinámicos puede trasladarse al conjunto de los trabajadores.
La destrucción de empleo registrado se profundizó durante los últimos relevamientos. El último dato disponible mostró una reducción adicional de 11.670 puestos privados en apenas un mes y extendió a once la secuencia consecutiva de caídas.
En lo que va de los registros laborales disponibles para 2026, la industria perdió 18.060 empleos, el comercio otros 12.530, transporte y comunicaciones redujeron 5.400 puestos y el sector bancario y financiero contabilizó 3.345 empleos menos.
El retroceso del comercio resulta particularmente significativo porque acumula once meses de disminución de puestos laborales, una dinámica que Audemus vincula con la debilidad del consumo.
La situación industrial es todavía más prolongada. La actividad manufacturera registra destrucción de empleo en 30 de los últimos 32 meses, uno de los períodos de contracción laboral más intensos de las últimas décadas según el informe.
Los problemas laborales se encuentran acompañados por un nivel de actividad manufacturera que todavía permanece lejos de los registros previos al cambio de Gobierno.
La industria se ubica 8,8% por debajo del promedio de 2023 y acumuló una contracción interanual del 3,1% durante los primeros cinco registros del año. Catorce de las dieciséis ramas manufactureras exhibieron caídas en la última comparación interanual disponible.
Los sectores más afectados incluyen textiles, prendas de vestir, cuero y calzado, maquinaria y equipos y el complejo automotriz-autopartista, todos con retrocesos de dos dígitos en el promedio correspondiente a la primera parte de 2026.
Los indicadores productivos más recientes tampoco permiten hablar de una recuperación sostenida: retrocedieron la producción automotriz, el acero crudo, los despachos de cemento, la actividad metalúrgica y las importaciones de bienes de capital. Audemus atribuye las dificultades para recomponer el entramado fabril a la competencia importadora, el bajo consumo interno y el encarecimiento de los costos medidos en dólares.
Audemus sostiene que el vínculo históricamente estrecho entre crecimiento económico y empleo registrado comenzó a romperse desde 2024. Los sectores que lideran la expansión económica consiguen aumentar fuertemente su producción, pero generan relativamente pocos puestos formales.
Entre el primer trimestre de 2023 y el mismo período de 2026, por ejemplo, agricultura y ganadería incrementaron 36% su valor agregado pero redujeron 0,3% el empleo formal. Minas y canteras expandieron su producción 29,6% y aumentaron solamente 1,5% sus puestos registrados.
La intermediación financiera muestra una divergencia todavía mayor: incrementó 20% su valor agregado mientras redujo 4,9% el empleo formal. En la industria manufacturera se produjo el fenómeno inverso pero igualmente negativo: la actividad cayó 10,9% y los puestos registrados retrocedieron 4,8%.
Los números muestran así una economía en la que el incremento de la producción ya no garantiza necesariamente una expansión proporcional del trabajo asalariado registrado.
El análisis de Audemus muestra que prácticamente toda la creación neta de trabajo estuvo explicada por el cuentapropismo y el empleo asalariado no registrado. El trabajo no asalariado explicó el 96% de la variación neta y los asalariados informales otro 37%, mientras que el empleo formal realizó un aporte negativo equivalente al 34%.
Traducido a puestos concretos, la consultora señala que por cada empleo formal que desapareció surgieron casi cuatro puestos informales o cuentapropistas.
El fenómeno puede incluir, además, trabajadores que desarrollan simultáneamente distintas actividades para compensar la pérdida de un empleo registrado o la insuficiencia de sus ingresos laborales.
La transformación también hizo caer al empleo asalariado formal por debajo de un umbral histórico: actualmente representa apenas el 48,1% de los puestos de trabajo. En 2016 explicaba el 53,8% y en 2023 todavía constituía exactamente la mitad.
La contracara del retroceso formal es la expansión del empleo precario. El último registro disponible ubica la informalidad en 44,2% de la población ocupada, mientras unas 600.000 personas ingresaron a la informalidad en dos años.
La coexistencia de desempleo relativamente estable con un fuerte aumento de la informalidad permite observar otra característica del mercado laboral: una parte de quienes consiguen trabajar lo hace en condiciones diferentes de las tradicionales relaciones asalariadas registradas.
Esto implica, en muchos casos, puestos sin los niveles de estabilidad, cobertura social, aportes previsionales y protección convencional asociados al empleo formal.
Los informes utilizados para el análisis se construyen sobre información de organismos y entidades como el INDEC, la Secretaría de Trabajo, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo y diferentes cámaras sectoriales. En su último trabajo, la consultora puso especialmente el foco en la relación entre los sectores que lideran la economía y su capacidad para generar empleo e ingresos.
Durante los últimos tres años, el valor agregado por puesto de trabajo de los sectores considerados dinámicos aumentó 24,2%. En el resto de la economía, en cambio, la productividad cayó 4,5%.
La distancia entre ambos bloques pasó así de 2,2 a 2,8 veces, lo que para Audemus evidencia una ampliación de la brecha en lugar de una difusión de las ganancias de productividad hacia el conjunto de la economía.
El fenómeno también aparece en los ingresos. Entre 2016 y 2023, los trabajadores pertenecientes al bloque dinámico obtenían ingresos medios aproximadamente 21% superiores a los del resto. Durante los últimos tres años esa diferencia se instaló por encima del 30%, con registros de 33%, 35% y 32%.
El informe también dedica un capítulo especial a la industria alimenticia, una actividad estratégica porque representa alrededor del 36% del PIB industrial y un tercio del empleo manufacturero argentino.
A diferencia de la mayoría de las ramas fabriles, su nivel agregado de actividad permanece 1% por encima del promedio de 2023. Pero la cifra general esconde diferencias importantes: solo cinco de trece subsectores superan actualmente sus niveles de aquel año y los segmentos más dependientes del mercado interno continúan afectados por la crisis de ingresos y consumo.
El sector mantiene alrededor de 384.000 empleos registrados y, en el acumulado desde noviembre de 2023, sumó 10.632 puestos. Sin embargo, durante el último año y medio la mitad de sus subramas comenzó a perder trabajadores.
Las señales también aparecen en el entramado empresarial. Aunque existen 528 empresas alimenticias más que al comienzo del período analizado, en los registros correspondientes a 2026 ya aparecen 43 firmas menos respecto del cierre de 2025. Lácteos, carnes, molinería, bebidas, aceites y productos pesqueros aparecen entre los sectores con destrucción neta reciente de establecimientos.

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