La IA ya recorta empleos e impacta en las profesionales

La IA ya recorta empleos e impacta en las profesionales

La expansión de la inteligencia artificial comenzó a transformar profesiones, eliminar determinadas tareas rutinarias y modificar la manera en la que las empresas organizan y controlan el trabajo.

Uno de los interrogantes principales está relacionado con los jóvenes profesionales. Las tareas iniciales que históricamente permitían adquirir experiencia ahora pueden ser realizadas por herramientas automatizadas en cuestión de minutos.

En ese contexto, Nahuel Altieri, abogado laboralista y analista político, analizó para Mundo Gremial el impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo, las profesiones y los derechos de los trabajadores. Para el especialista, el avance tecnológico resulta inevitable, pero debe estar acompañado por normas que eviten abusos y nuevas formas de desprotección.

Altieri sostuvo que la inteligencia artificial no genera automáticamente precarización laboral. El problema aparece principalmente en las condiciones existentes dentro del trabajo de plataformas y se profundiza cuando toda la relación con el trabajador queda administrada por un algoritmo.

“Lo que está generando precarización laboral son las tareas en trabajos de plataformas. Si después esas labores las gobierna un algoritmo, el trato con el ser humano va a estar cada vez más deshumanizado”, explicó.

Frente a ese escenario, remarcó que el avance tecnológico debe ser acompañado por herramientas legales que protejan a las personas. “Es inevitable, pero se pueden generar normas que protejan a los trabajadores para que no sea un algoritmo insensible quien gobierne las relaciones de trabajo”, señaló.

El impacto también comienza a observarse en profesiones tradicionales. Según Altieri, determinadas funciones que antes estaban reservadas a abogados y contadores están siendo absorbidas por herramientas de inteligencia artificial.

“En el mundo del derecho y en otras tareas, por ejemplo contables, la inteligencia artificial está recortando puestos de trabajo para algún tipo de tarea rutinaria que realizaban esos profesionales”, afirmó.

Esta transformación afecta especialmente a quienes necesitan sus primeros años de actividad para obtener experiencia y desarrollar conocimientos prácticos. Para el abogado laboralista, los nuevos profesionales deberán incorporar obligatoriamente las herramientas tecnológicas a su formación.

“Los nuevos profesionales van a tener que indefectiblemente familiarizarse con el uso de inteligencia artificial en forma cotidiana”, sostuvo.

La incorporación de inteligencia artificial para reemplazar tareas humanas no elimina las obligaciones laborales de las empresas. Si una compañía automatiza determinadas funciones y decide despedir a quienes las realizaban, continúa obligada a cumplir con la Ley de Contrato de Trabajo y pagar las indemnizaciones correspondientes.

“Si las reemplaza por inteligencia artificial y las despide, tiene las obligaciones que emanan de la Ley de Contrato de Trabajo y tiene que pagar una indemnización. Las empresas no quedan eximidas”, afirmó Altieri.

El abogado también planteó que las compañías deberán establecer reglas internas para determinar cómo utilizan estas tecnologías y de qué manera afectan a empleados, clientes, proveedores y consumidores.

“Las empresas van a tener que generar códigos de conducta internos sobre el uso responsable de inteligencia artificial, ya sea en su relación con sus empleados como con sus clientes y consumidores”, sostuvo.

Otro punto central está relacionado con la protección de los datos personales. Al utilizar servicios tecnológicos desarrollados por proveedores externos, las empresas pueden compartir información de empleados, consumidores, clientes o proveedores con terceras compañías.

“Todas estas personas tienen que consentir expresamente esto, porque existen leyes de protección de datos personales que tienen que ser contempladas”, advirtió Altieri.

Ante la pregunta sobre quién debe asumir el costo de la reconversión laboral, Altieri distribuyó la responsabilidad entre las empresas, el Estado y los propios trabajadores. “La respuesta es los tres, en distintos lugares”, definió.

Las compañías deberán participar porque serán beneficiadas por los aumentos de productividad asociados con la inteligencia artificial. El Estado, en tanto, tendrá que establecer marcos regulatorios y ofrecer capacitación mediante escuelas, universidades y organismos públicos.

“El Estado tiene que proveer normativa, marcos regulatorios adecuados y, eventualmente, también capacitación a través de escuelas y universidades públicas”, explicó.

Los trabajadores también deberán incorporar estas herramientas para adaptarse a las nuevas demandas del mercado laboral. «Quienes no se quieran quedar afuera del sistema laboral deberán incorporar estas herramientas a su conocimiento para tener las calificaciones que el mundo del trabajo, que ya está hoy entre nosotros, requiere», sostuvo.

“Hay que fomentar, tanto dentro de las compañías como en ámbitos públicos, privados y del tercer sector, la capacitación y concientización sobre el uso consciente y responsable de la inteligencia artificial”, concluyó.

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