Los últimos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) muestran que en diciembre de 2025 la canasta básica total —el parámetro que define la línea de pobreza— subió un 4,1% respecto al mes anterior, muy por encima de la inflación general del mes, y acumuló durante todo el año un alza del 27,75%.
Según el informe, este aumento ubicó el costo de vida mínimo para que una “familia tipo” —dos adultos y dos chicos— no caiga bajo la línea de pobreza en $1.308.713 por mes. Para no ser considerada indigente, es decir cubrir únicamente los gastos alimentarios básicos, esa misma familia necesitó ingresos por $589.510 mensuales.
“El alza de alimentos básicos como la carne y las frutas presionó los valores de las canastas por encima de la inflación promedio”, explican desde el organismo estadístico, un dato que pone en tensión la capacidad de compra de los sectores populares y de quienes tienen ingresos fijos o salarios estancados. En contraste con noviembre, cuando una familia tipo necesitó $1.257.329 para no ser pobre, el salto hasta $1,3 millones representa un nuevo desafío en un contexto donde los precios de los productos esenciales siguen por encima del resto de los bienes y servicios.
Para tener una perspectiva más amplia, el INDEC también reporta que para encuadrarse en la clase media sin considerar alquiler una familia tipo tuvo que contar con ingresos de más de $2.128.461 en noviembre, cifra que trepa por encima de los $3,2 millones si se suma el costo de la vivienda.
Organizaciones sociales y sindicatos vienen señalando que estos números reflejan una presión constante sobre los ingresos reales de los trabajadores: “Cada peso que entra en el hogar vale menos frente a los aumentos de la canasta básica. La brecha entre salarios y necesidades básicas no para de ampliarse”, advierten desde uno de los gremios más representativos de la industria alimentaria.
El informe del INDEC proporciona una radiografía clara de las necesidades económicas mínimas y vuelve a poner el foco en cómo la suba de los alimentos impacta directamente en la vida de millones de hogares argentinos.
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