Nicolás Martínez, secretario general del Sindicato de Trabajadores Cadetes y Repartidores, advirtió que las aplicaciones operan sin regulación mientras miles de repartidores trabajan 15 horas por día sin cobertura médica ni aportes jubilatorios. Con otros 100 repartidores formaron una cooperativa autogestiva, como «la contracara de las aplicaciones: en vez de competir entre nosotros por un algoritmo, trabajamos de manera colectiva».
La recesión económica empujó a miles de trabajadores hacia las aplicaciones de delivery para complementar ingresos o directamente sobrevivir tras perder el empleo formal. Profesionales, empleados, docentes y hasta jubilados: la cadetería dejó de ser una changa juvenil y se convirtió en refugio laboral de la crisis. En Rosario, calculan que hay cerca de 9 mil repartidores trabajando para las plataformas, la mayoría sin derechos laborales básicos.
Nicolás Martínez tiene 33 años y la mitad de su vida la pasó llevando pedidos arriba de una moto por las calles rosarinas. Hoy es secretario general del Sindicato de Trabajadores Cadetes y Repartidores, una organización que impulsaron desde la cooperativa CoopExpress pero que todavía no logró que el gobierno nacional le reconozca la personería gremial. En diálogo con La Política Online, Martínez describió un panorama desolador para el sector.
«Es una actividad que históricamente estuvo precarizada y muy golpeada, pero en los últimos años explotó por la crisis económica. Mucha gente que perdió el empleo formal o no llega a fin de mes termina recurriendo a las plataformas porque tiene una moto o una bicicleta», sostuvo el dirigente, quien trabaja como cadete desde los 18 años y fue testigo de la transformación del rubro.
El dirigente explicó que las aplicaciones se escudan en la tecnología para desligarse de toda responsabilidad laboral. «Empresas multinacionales que trabajan a través de plataformas tecnológicas se escudan en eso para decir que no son empleadoras y que nosotros no somos trabajadores, sino ‘colaboradores’ o nuestros propios jefes», denunció. Frente a esta realidad, desde el gremio plantean la necesidad de sindicalizarse para que se reconozca la relación laboral.
La crisis de consumo agrava aún más la situación. «Hay compañeros trabajando 14 o 15 horas por día para hacer la misma cantidad de pedidos que antes hacías en 8 horas y para llevarse el mismo sueldo de hace dos o tres años», alertó Martínez. Además, criticó las comisiones abusivas que cobran las plataformas a los comerciantes, que llegan hasta el 30%, mientras que el cadete solo recibe un «costo por kilómetro que es ínfimo».
Uno de los puntos más críticos es la total desprotección ante accidentes. «No se hacen cargo de nada. Las app te obligan a pagar un seguro de accidentes personales que ellos eligen, pero no brindan información. Cuando los compañeros chocan, no saben qué tienen que hacer ni a qué teléfono llamar porque la empresa no da esos datos», explicó Martínez. Tampoco tienen obra social ni aportes jubilatorios, pese a ser miles de trabajadores que podrían contribuir al sistema previsional.
El dirigente cuestionó duramente la falta de control estatal. «Son empresas que no pagan impuestos municipales, provinciales ni nacionales; se llevan toda la plata afuera y nadie las controla. Es un claro caso de inutilidad del Estado», afirmó. Y agregó que en Rosario ni siquiera tienen sede física, incumpliendo la ordenanza local que exige un local habilitado.
A pesar de la falta de reconocimiento gremial, los trabajadores se organizaron por su cuenta. «Como hace tres años que venimos gestionando la personería gremial y el Estado demora la respuesta, decidimos institucionalizarnos de otras maneras. Creamos la única mutual de cadetes del país», destacó Martínez. También impulsaron CoopExpress, una cooperativa donde trabajan más de 100 compañeros de forma autogestiva, como «la contracara de las aplicaciones: en vez de competir entre nosotros por un algoritmo, trabajamos de manera colectiva».
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