En esta segunda entrega del Ciclo de Entrevistas, que pretende reflejar las historias de vida y experiencias de mujeres que militan en defensa de los derechos de las y los trabajadores, dialogamos con Mariela Oliva Secretaria General Adjunta de la Seccional Esquel de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE).
La dirigente sindical inició su camino como delegada y se transformó en una referente de las y los trabajadores auxiliares de educación en la Cordillera de Chubut. Oliva realizó un importante trabajo en terreno visitando escuelas en las pequeñas localidades alejadas de Esquel y participó en mesas de negociación con el Gobierno Provincial en Rawson para lograr mejoras en las condiciones salariales y laborales.
Fue un miembro activo en uno de los mayores logros de la Seccional: la redacción y homologación del Convenio Colectivo de Trabajo de un sector de trabajadores hasta el momento postergado, siendo convocada para ocupar el cargo de Secretaria de Organización hasta llegar al segundo lugar en la integración de la Lista en la última renovación de autoridades de la Seccional en 2023.
Es madre de cinco jóvenes, tiene dos nietos. Cree firmemente que desde la militancia sindical y el trabajo constante es posible lograr cambios significativos.
¿Cómo y cuándo comenzó su trayectoria dentro del Sindicato?
Vivía en la ciudad de Trelew y me traslado con mis hijos hacia la localidad de Trevelin buscando como madre tranquilidad porque mis hijos entraban en la adolescencia. Quería que pudieran desarrollarse y crecer sin tener que andar corriendo. Trelew es una ciudad grande y ya por el año 2007 había inseguridad. En Trevelin comencé a trabajar en la Escuela Nº 57 y allí estuve quince días ya que el Director de la Escuela Nº 705 – donde tengo mi cargo como titular- anuncia que suspendería las clases por falta de personal. Me trasladé a esa Escuela en el turno tarde. Vi que, como sucedía en Trelew, la gente se quejaba, pero no hacia nada. La queja quedaba en las charlas, pero no se hacía nada para tener soluciones. Yo veía que había cosas que no me gustaban como el trato de los directivos para con el personal. Pensé que estas personas por tener un título no eran más que nosotros los auxiliares de educación. Me acerqué al gremio SITRAED, pero vi que no pasaba nada. Busqué por otro lado y llegué a ATE y allí comenzaron a hacer reuniones con los auxiliares para tratar diversos temas. Me invitaron a participar y luego fui elegida delegada de mi Escuela. Comencé a participar y a investigar. Llegue, así, a mi primer mandato dentro de la Comisión Directiva como Secretaria de Organización. Participé de las mesas paritarias lo que costó muchísimo porque no querían que la Cordillera estuviera representada.
¿Este camino la llevó a ser la primera mujer en ocupar el cargo de Secretaria General Adjunta en la Seccional Esquel?
Sí, soy la primera mujer que tiene este cargo.
¿El Convenio Colectivo de Trabajo de Auxiliares de Educación es uno de los mayores logros?
Si, nuestro Convenio Colectivo es uno de los mayores logros que hemos tenido. Es una herramienta muy importante que nos llevó mucho trabajo. En la Cordillera tenemos muchos pueblitos diseminados y la gente sigue creyendo que lo que dice el Director de la Escuela es palabra santa.
¿Siente que se lograron avances en la participación de las mujeres dentro de las organizaciones sindicales?
Se ha logrado muchísimo porque las mujeres nos hemos empoderado. Hemos progresado mucho y le hemos hecho frente a muchas cosas. Un ejemplo de ese avance es que la Secretaria General Adjunta de ATE Nación es una mujer (Mercedes Cabezas).
¿Cuál es su experiencia en su cargo actual a poco menos de un año de haber asumido?
Me siento muy acompañada por las y los compañeros de la Comisión. Con Félix (González, Secretario General) hemos armado un grupo súper lindo que tiene ganas de trabajar. En lo personal no creo que se trate del cargo. El cargo es bueno porque te permite hacer un montón de cosas, pero hay que seguir trabajando. Lo importante es trabajar para alzar la voz por los compañeros y compañeras. Ser Secretaria General Adjunta es un orgullo, pero el orgullo más grande es poder representar a las y los compañeros de la Seccional Esquel. Que ellos te llamen para expresar su solidaridad – porque nos quieren quitar la licencia gremial- es súper lindo. Nosotros hacemos cosas en favor de los trabajadores y eso se ve en lo cotidiano. Lo mejor es trabajar codo a codo con los trabajadores.
¿Qué significa para usted ser sindicalista y referente de un sector mucho tiempo postergado?
Para mí, ser sindicalista, es un orgullo muy grande. Ser sindicalista es representar a mi compañero sin importar si es municipal, provincial o nacional. Los auxiliares de educación fuimos un sector mucho tiempo postergado y que hoy se hayan logrado pases a planta y distintas cuestiones inherentes al Convenio Colectivo de Trabajo es muy importante. Estoy orgullosa de pertenecer a un Sindicato y a una Seccional a la que le interesa el colectivo de trabajadores. Nosotros no cobramos un sueldo, pero seguimos participando y eso me enorgullece enormemente. Con mis hijos hablamos a diario sobre esto.
¿Considera que hizo sacrificios por este trabajo sindical?
En algún momento se van relegando cosas personales, pero se han obtenido logros. Si todo este trabajo hubiese sido para nada sería un bajón. Destaco los pases a planta permanente que logramos y me hace sentir orgullosa saber que hice algo para que esto pasara.
¿El apoyo de sus hijos fue fundamental para realizar su tarea sindical?
Si, ellos siempre están presentes y pendientes de lo que hago como por ejemplo cuando viajo.
¿Cuál es el mayor desafío que enfrentan las mujeres dentro del sindicalismo?
Hemos logrado mucho, pero aún falta. Y el honor más grande sería que una mujer fuera la cabeza del Sindicato. Las mujeres tenemos muchísima capacidad para muchas cosas.
¿Qué mensaje dejaría a las trabajadoras que inician su trayectoria dentro del sindicato?
Les diría que las mujeres podemos porque somos muy capaces. Les aconsejaría animarse a discutir, a no callarse y a no tener miedo. Hay que preguntar porque siempre hay tiempo para equivocarse, pero hay que animarse.
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