"No es un hecho de inseguridad más", dijo el interventor de la Uocra sobre el ataque

 Carlos Vergara, interventor de la UOCRA, en esta capital, dijo que el ataque de sicarios a su colaborador Julio Galván y a Juan Garcilazo, quien terminó muerto, pudo ser un ajuste de cuentas: "No lo puedo tomar como un hecho de seguridad más. Es extraño", admitió.

"Si es un aviso hacia mí veremos de dónde viene. Y quienes son... si son tan valientes para ir a disparar", desafió. "No descarto nada. Siempre puede haber un trasnochado que piense: este que viene a hacer el trabajo nuestro acá. ¡Hay cada loco!. Pero no puedo vincularlo a un sector particular", dijo.

Vergara no adjudicó el presunto ajuste de cuentas a una interna gremial: "Si fuera algo netamente gremial ¿qué tiene que ver el otro muchacho (Garcilazo, muerto durante la balacera)?. El no era sindicalista", remarcó.

También negó que Julio Galván, su colaborador baleado anteayer por sicarios en la ciudad de Rosario, hubiera recibido una amenaza para "dejar de romper las pelotas en La Plata".

Vergara dijo que ayer habló con su colaborador mientras este estaba internado en el Hospital Eva Perón, en medio de una crisis de llanto por la muerte de Juan Garcilazo, cuñado de Galván muerto durante la misma balacera.

"A mí no me dijo nada de La Plata", dijo Vergara. "Sólo lloraba y decía: me mataron a mi cuñado".

"No puedo desestimar ninguna hipótesis. Acá hay una muerte. Un compañero desaparecido que dejó una familia. Menos mal que agarraron a los responsables. Ahora hay que esperar a ver que declaran ante el fiscal" sostuvo Vergara. Galván es colaborador gremial de Vergara en la seccional de la Uocra de Rosario y en la intervención de la UOCRA de La Plata.

El interventor evitó vincular al sindicalista detenido Juan Pablo Pata Medina con el ataque a su Galván y Garcilazo.

Relató que tras la detención de Medina el 26 de septiembre pasado por orden del juez federal Luis Armella "Hubo resistencia los dos primeros meses, pero después no. Esta tranquilo".

Vergara afirmó que en septiembre y octubre del año pasado tras la detención de Medina sí recibió amenazas de muerte en el teléfono de la seccional de esta capital. "El primer mes llamaban y decían: Tomatela. Te vamos a matar. Entonces lo denuncié en la fiscalía que correspondía. Pero después todo se calmó", aseguró.

Galván, de 53 años, cuatro hijos, ahora se repone fuera de peligro en el Hospital Eva Perón de Rosario.

"El se acuerdo muy bien de todo lo que le pasó. Ya a declarar cuando se reponga ante la justicia", dijo Vergara.

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