Lo que el “Momo” siempre ocultó: Aparecen videos y fotos de su lujoso avión privado

Aquellos que cumplían funciones jerárquicas en la estructura de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) lo sabían de memoria. Lo tenían grabado a fuego luego de años de amenazas y de las visitas de compañeros algo más musculosos y con caras de pocos amigos: nadie le saca una foto al avión privado del “Momo”.

Nadie. La prohibición era tan marcada que hasta daba lugar al humor negro. Entre los pasillos de la sede de la calle Reconquista, no eran pocos los que dejaban traslucir que a José Luis Cabezas no lo ultimaron por fotografiar a Alberto Yabrán, sino por retratar al avión de Venegas. 

Durante el 2010 y el 2011, el líder sindical que ayudó a Mauricio Macri a llegar a la presidencia utilizó el avión todos los fines de semana para viajar desde Capital Federal a Necochea, a un costo de 4 mil dólares por viaje. De este modo, el “Momo” gastaba unos 200 mil dólares anuales en ello. Al llegar al aeropuerto, a veces lo esperaba allí una camioneta Jeep que lo trasladaba hasta su casa o a algún acto político. Si alguien le preguntaba cómo había llegado, él respondía: “Por la ruta 11”.

El origen de los fondos para costear semejante lujo fue siempre una incógnita, que él alimentaba con anécdotas falsas y mucha ironía. Durante un tiempo, aseguró que la compró con la ayuda del histórico dirigente peronista Lorenzo Miguel. Más adelante, contaba con lujo de detalles cómo se la había regalado el papa Francisco.

La mayoría de sus acólitos sonreía y asentía sin prestar mayor atención a sus palabras. Lo mismo daba si era Lorenzo Miguel o el papa Francisco, lo importante era que la plata estaba y se podía repartir. Algo de esto había en el seno de su secretaría de Prensa, a cargo de Mariana "La Rusa" Bezrutschko, a la que vinculaban sentimentalmente con él, en la que operaban las apariciones del “Momo” en los diarios, con notas que siempre eran pagas. En aquella oficina se operaban los acuerdos entre los medios y Venegas, y por costumbre solían quedarse con el 10 por ciento a sus espaldas.

Él lo sabía, pero optaba por no decir nada. En definitiva, el “Momo” también estaba en falta. Acordaba salarios de 8 mil pesos mensuales para sus peones, menos del 20 por ciento de lo que él gastaba en un viaje de su avión privado, mientras viajaba a Capital Federal a cenar con los popes de la Sociedad Rural Argentina.

A comienzos del 2014, Venegas contactó a Martín Salcedo, un joven de Necochea y de su más profunda confianza, y le encomendó que haga las veces de su asistente. Era un verdadero polirubro. Cebaba mate, le llevaba las valijas, sacaba las fotos y no se quejaba cuando el “Momo” le pagaba en negro todos los meses. En junio de 2017, días antes de la muerte del líder, decidieron regularizar su situación y “blanquearlo”. En febrero de 2018 lo despidieron sin causa, al igual que a la mayoría de las personas de confianza de Venegas. Muerto el rey, viva el rey.

No son pocos los que aseguran que aquella fue una mala jugada. ¿Acaso Salcedo no se animará a hablar y a contar todo lo que vio?

El “mundo Venegas” se componía de un delicado entramado que, una vez desaparecido el protagonista, no se pudo sostener. Aviones privados, pisos en Puerto Madero, departamentos en la avenida San Juan, empleados de costosas marcas de ropa que iban a tomarle las medidas al gremio y relojes de 10 mil dólares. Todo un imperio basado en los lujos obscenos y las amistades con el poder, todo un símbolo de una época que la sociedad pretende olvidar y que, no obstante, está más viva que nunca. Por lo menos en el interior de la UATRE. 

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