Análisis: ni el bono de fin de año frena la interna en la CGT entre dialoguistas y paristas

Análisis: ni el bono de fin de año frena la interna en la CGT entre dialoguistas y paristas

El acuerdo con el sector empresarial marcó aún más la brecha entre quienes mantienen una actitud de diálogo con el gobierno, y los que buscan mediante acciones directas respuestas a sus demandas. Aunque no hay peligro de ruptura, los primeros mantienen el dominio de la conducción. En las bases, crece el descontento. Lo que deberá negociar cada sector para no perder poder adquisitivo este año.

Por Diego Lanese

Las aguas están cada vez más divididas dentro de la CGT. Si bien nadie habla por el momento de fractura, está claro que hay dos posturas respecto de la realidad del país, y el posicionamiento de los trabajadores respecto al gobierno nacional y sus políticas. Por un lado, quienes mantienen a raja tabla la idea de dialogar con el gobierno, y son protagonistas de todos los cónclaves a los que son invitados. Por el otro, quienes hablan de medidas de fuerza, y quieren que se cumpla la anunciada protesta nacional, que ponga un freno a los problemas de los trabajadores. Los primeros dominan el triunvirato conductor, y son mayoría en el consejo directivo. Pero los otros, más radicales, ganan terreno entre las bases, y tienden puentes con sectores por fuera de la central para presionar a la conducción a que asuma el liderazgo de su mayor anhelo: un paro nacional contra las políticas macristas.

La semana pasada, los popes de la CGT le dieron al presidente una de sus fotos más buscadas: junto a empresarios y la Iglesia, rubricaron la idea de un bono de fin de año de 2 mil pesos de base, que cada sector luego negociará en forma particular. Este especie de “pacto social de fin de año” es un punto clave de la imagen de gobernabilidad que quiere dar el gobierno para este fin de año, que suele ser complicado cuando las necesidades se mezclan con la especulación política. El triunvirato que conduce la CGT se mostró satisfecho por el avance, y de esta forma cerró la tregua abierta desde que se aprobó un paro “con fecha a definir” a la espera de una respuesta a los reclamos de Macri y su gestión.

Fuera de esta foto –y de la negociación –quedaron los sectores más radicales de la central, representados en el moyanismo y la Corriente Federal, que reclaman medidas urgentes y critican abiertamente la actual situación. “Dejaron a la mesa de discusión sin voces críticas”, le dijo a Política del Sur una fuente sindical, que se quejó de la ausencia de Pablo Moyano, secretario Gremial de la central, del encuentro que definió el bono. “Prefieren dirigentes dóciles”, agregaron las fuentes, que le apuntan al triunvirato y a su secretario Adjunto, Andrés Rodríguez, como responsables de esta “entrega”.

Rodríguez, titular de UPCN, es marcado como el “jefe de Gabinete” de esta conducción, y el responsable de mantener el perfil bajo de la central, mientras negocia un bono para los empleados estatales.

“Se habló de recuperación del salario, no de un bono por única vez; y de la caída del empleo, y no veo en ningún acta que haya firmado la CGT con el gobierno que se esté preservando el empleo o se haya pedido la suspensión de los despidos”, dijo Sergio Palazzo, el bancario que lidera la Corriente Federal.

Puertas adentro, además de defender el bono, muchos dirigentes dicen que ahora será potestad de cada gremio aumentar esos 2 mil pesos de base, según la realidad de cada sector. En este sentido, apuntan que casualmente –o no –los que más posibilidades tienen de sumar un bono considerablemente mayor son los bancarios y los camioneros, los más críticos a la medida. “Es una manera de contenerlos”, agregan las fuentes.

Un pago que no alcanza

El efecto de este bono de fin de año, por el momento, es limitado. Para algunos, buscará recuperar el poder adquisitivo que muchos convenios perdieron a lo largo del año, por la inflación que pese a las declaraciones oficiales no merma. Para otros, es una limitación para el año que viene, un freno a las aspiraciones de los gremios pensando en las negociaciones salariales. Esto se suma al 17 por ciento de inflación proyectado por el equipo de economistas PRO para el 2017, y que la dirigencia sindical admite funcionará como techo salarial.

Pero si de recuperar salario se trata, 2 mil pesos no parece ser una cifra cercana a la realidad, ni siquiera como base. Según un trabajo del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la caída del salario real de los convenios firmados este año se ubican entre los 5 y 6 puntos porcentuales, según el sector. La comparación de salarios incluyó convenios de bancarios, metalúrgicos, papeleros, Comercio, Construcción, gráficos, Alimentación, Sanidad, Administración pública, gastronómicos, encargados de edificios, petroleros y camioneros. Así, para evitar la caída, este año los metalúrgicos deberían tener un bono de fin de año de más de 14 mil pesos, mientras que los empleados de Comercio sumar casi 13 mil pesos. Lo cierto es que el gremio que conduce Armando Cavallieri acaba de firmar su paritaria parea el segundo semestre, y decidió ni siquiera negocio ese bono, marcando que el compromiso firmado por la mesa del pacto social tienen un escaso peso en la realidad.

Por otro lado, la construcción deberían negociar cerca de 9 mil pesos de compensación, y los gastronómicos –cuyo líder pide dos años de “paz” con el gobierno –tendrán que obtener 13.400 pesos al cierre del 2016 para no ver afectado su poder adquisitivo.

La suspensión del paro nacional generó malestar en varios dirigentes, aunque en público mantienen las formas. En las bases, la cuestión es distinta. Eso, y los números que no acompañan, están marcando la necesidad de realizar acciones concretas. Pero quienes conocen bien el sindicalismo argentino advierten que la importancia de las bases para torcer decisiones de la conducción es bastante más lejana de lo que se cree, y que el precepto peronista “con los dirigentes a la cabeza, o con la cabeza de los dirigente”, difícilmente se cumpla. En otras palabras, mientras los dialoguistas sean mayoría, más allá de las quejas de los sectores duros, la central obrera más importante del país seguirá en la mesa que más le gusta al gobierno: la de las palabras.

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