El triunviro de la Confederación General del Trabajo (CGT) y secretario general del Sindicato del Seguro, Jorge Sola, planteó la necesidad de construir una articulación estratégica entre el movimiento obrero, las pequeñas y medianas empresas y los sectores productivos para defender el empleo, la industria y un proyecto de desarrollo nacional.
En diálogo con ¿Y ahora qué?, el dirigente sindical cuestionó la apertura importadora impulsada por el gobierno de Javier Milei, alertó por la destrucción del entramado pyme y advirtió sobre el deterioro del trabajo formal. “El Gobierno habla de un mundo irreal”, sostuvo.
Sola respaldó el reciente spot de la CGT contra la importación y apuntó a la ausencia de una política industrial en la gestión libertaria. “No hay en su gabinete un Ministerio de la Producción a los fines de pensar la Argentina”, señaló, y remarcó que el problema excede al sector fabril: “La caída de las pequeñas y medianas empresas del sector productivo es enorme”.
Según describió, el impacto de la apertura comercial ya se refleja en el empleo y en la estructura empresarial. “Son 26.000 pymes menos netas en estos dos últimos años y medio, y 300.000 puestos formales menos, con una debacle de la calidad del trabajo hacia la informalidad”, advirtió.
Para Sola, la defensa de la industria no debe plantearse como una oposición mecánica entre sindicatos y empresarios. Por el contrario, insistió en la necesidad de construir intereses comunes. “Ponerse la camiseta de la industria argentina implica creer que el país que nosotros estamos viendo, que somos los trabajadores, va también en sociedad estratégica con los sectores productivos”, explicó.
En ese sentido, reveló que la CGT comenzó a profundizar vínculos con cámaras empresarias del interior y con sectores industriales. “Cada vez que voy al interior me reúno con las federaciones de industriales y de comerciantes para intercambiar diagnósticos y miradas”, contó.
El diagnóstico que recibe de esos encuentros es alarmante. Tras una reunión con industriales santafesinos, Sola afirmó que existe una “preocupación absoluta” por la caída de la producción. Frente a la idea de “destrucción creativa” defendida por el oficialismo, advirtió que el cierre de empresas no se resuelve mágicamente con nuevos negocios. “No se puede destruir todo sin que haya algo que lo reemplace”, sostuvo.
También rechazó que la competitividad pueda basarse únicamente en salarios deprimidos. “Los únicos que estamos hoy con un ancla en los precios somos los trabajadores. El ancla está en el valor de nuestro trabajo, porque tenemos un techo en las paritarias”, denunció.
En materia laboral, Sola cuestionó la contradicción entre el discurso oficial de libre mercado y la intervención sobre las negociaciones salariales. “Si el mercado tiene que definir el valor de las cosas, entonces que empleadores y trabajadores lo resuelvan en una paritaria libre”, planteó.
El dirigente insistió en que la discusión sobre productividad debe incluir capacitación, infraestructura y políticas públicas de largo plazo. “¿Tenemos los trabajadores capacitados para lo que se está desarrollando en materia de energía en Neuquén o para la industria del conocimiento? No, no los tenemos”, afirmó.
Por eso propuso avanzar hacia un esquema de políticas de Estado sostenidas más allá de los cambios de gobierno, tomando como referencia experiencias regionales. “Eso es lo que hacen los países racionales. Sin ir más lejos, es la política de Brasil”, dijo.
Sola también fue especialmente crítico de los anuncios oficiales sobre creación futura de empleo ligados al litio o a la energía. Al referirse a declaraciones de Federico Sturzenegger sobre millones de nuevos puestos de trabajo, fue tajante: “Es alguien que está hablando sin saber exactamente lo que sucede en la realidad”.
Su cuestionamiento apuntó tanto a la falta de infraestructura como a la escasa capacitación de la mano de obra. “Está hablando de un mundo irreal, como a veces le sucede al Presidente, que habla de algo que imagina que está sucediendo”, afirmó.
En el plano institucional, el dirigente defendió con fuerza el modelo tripartito de relaciones laborales impulsado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), basado en la participación de Estado, empleadores y trabajadores.
Desde ese marco, cuestionó el retiro del Estado de la mediación laboral y denunció el vaciamiento de políticas de inspección, empleo y capacitación. Recordó además que Argentina volvió a quedar bajo observación de la OIT tras 25 años. “Hace 25 años que la Argentina no estaba en el banquillo de acusados. Después de 25 años volvió a estar”, alertó.
Sola también vinculó el debate laboral con una disputa más amplia sobre el modelo social. A su juicio, el objetivo del actual esquema económico es profundizar la desigualdad. “Hoy lo que se busca es latinoamericanizar todo el sistema y hacer que un grupo muy pequeño, un 20 o un 30 por ciento, tenga laburo y buenas condiciones, y el resto quede afuera”, afirmó.
Sobre la base social del mileísmo, reconoció que una parte del electorado trabajador todavía mantiene expectativas, aunque describió un clima de malestar creciente. “Hay esperanza, resignación, bronca, indignación, depresión. Todo eso junto”, resumió.
Finalmente, advirtió sobre una crisis más profunda de representación y legitimidad institucional. “La sociedad ha perdido, en un porcentaje mayoritario, la idea de que la democracia le va a solucionar los problemas de todos los días”, sostuvo.
Para el dirigente cegetista, la salida no vendrá de fórmulas mágicas ni de liderazgos providenciales, sino de reconstruir consensos productivos y sociales de largo plazo. “No me gusta esperar milagros. Prefiero ponerme manos a la obra”, concluyó.



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