La caída del poder adquisitivo de los salarios durante el gobierno de Javier Milei es mayor a la que se venía midiendo.
Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) advirtió que, al recalcular los ingresos con la nueva canasta de consumo que el Indec comenzará a usar desde febrero, la pérdida real acumulada de los salarios registrados se amplía de alrededor del 6% al 15%.
“El deterioro salarial es significativamente mayor cuando se ajustan los ingresos con la estructura de consumo más actual”, sostiene el trabajo de CEPA, que toma como referencia la metodología basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18.
Según el análisis, entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 la caída del poder adquisitivo alcanzaría el 15,7% al aplicar la nueva medición de inflación.
Los datos muestran que el retroceso continúa mes a mes. En noviembre, los salarios del empleo registrado privado subieron 2,1% en términos nominales, pero quedaron por debajo de la inflación del 2,5%, lo que implicó una baja real de 0,4%. Así, acumulan una caída del 1,2% respecto de noviembre de 2023.
La situación es más grave en el sector público. En el mismo mes, los salarios reales retrocedieron 1,3% y registraron una pérdida acumulada del 15,5% frente a noviembre de 2023, período previo a la megadevaluación anunciada por el ministro de Economía, Luis Caputo. Dentro de ese universo, los salarios nacionales muestran un derrumbe del 34,1% en términos reales, mientras que los provinciales se ubican 7,8% por debajo del nivel de un año atrás.
En términos agregados, considerando al conjunto de trabajadores registrados del sector público y privado, la caída salarial medida con el IPC actual es del 6,4% desde noviembre de 2023. Sin embargo, al recalcular ese índice con la nueva canasta del Indec, la pérdida casi se triplica.
El cambio metodológico no implica un nuevo índice, sino una actualización de las ponderaciones. Tras más de dos décadas, los servicios ganan peso en el gasto familiar y los alimentos lo reducen.
Con la estructura anterior, alimentos y bebidas explicaban cerca del 27% del IPC; con la nueva canasta bajan a 22,7%. En contraste, Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles pasan a representar más del 14%, y Transporte también incrementa su incidencia.
Desde la consultora Qualy señalaron que uno de los efectos centrales del cambio es una “reducción relativa” del peso de los alimentos, lo que vuelve al índice menos sensible a factores estacionales pero más expuesto a la evolución de tarifas y servicios regulados.
Un escenario que, advierten los especialistas, puede profundizar el impacto de los aumentos en los gastos fijos sobre los ingresos de trabajadores y trabajadoras.


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