El barrionuevismo se atrinchera en el gremio de vigiladores y suenan rumores de intervención

A pesar de que la justicia ordenó que Ángel García retome las riendas del gremio, el barionuevismo se atrincheró en las instalaciones y resiste la entrega. Rumores de una nueva intervención.

El lunes Ángel García, sindicalista y abogado, debía reasumir la conducción de la Unión del Personal de Seguridad (Upsra) luego de tres años de intervenciones del macrismo. "Concluyeron tres años de pesadilla macrista", se entusiasmaban los voceros gremiales que acompañaban al veterano dirigente sindical en el acto de asunción por un nuevo período de cuatro años.

Sin embargo las cosas no salieron como esperaban. Es que el barrionuevismo optó por atrincherarse en el sindicato y quedarse dentro de las instalaciones. 

La "toma" de la organización, encabezada por Leonidas Requelme, hombre que se autodenomina secretario General, impidió que García tome posesión de los edificios y se cumpla, así, con lo dispuesto por la justicia algunos días atrás.

García fue un aliado de Luis Barrionuevo y también se alineó en la CGT Azul y Blanca que lideró durante años el líder gastronómico, en tiempos de la existencia de tres centrales.

Una vez que rompió esa filiación, el gastronómico comenzó una serie de ataques judiciales, donde "Bandeja" suele manejar invisibles y potentes hilos, que terminaron en el caída del gremio en manos de un interventor.

En 2016 el propio García denunció "complicidad" de Barrionuevo con el macrismo para impugnar el proceso electoral de renovación de autoridades -al que se había nuevamente presentado- y allí dio inicio a una extensa intervención de la organización sindical por parte de Trabajo, en un contexto en el que no faltaron presentaciones y denuncias judiciales.

Barrionuevo primero se asoció con Jorge Triaca y ambos pusieron gente su entorno a manejar la organización y más tarde acomodó un proceso electoral para dejarlo en manos de Requelme, su alfil entre los vigiladores que ahora se niega a retirarse.

Las idas y vueltas, y la violencia latente hicieron crecer nuevamente los rumores en el mundo sindical de una posible nueva intervención en la organización. En este caso sería para encarar un proceso electoral y saldar, definitivamente, la representación en las urnas.

Además en las últimas horas se sumaron impugnaciones cruzadas que harían que el Ministerio de Trabajo evite meterse en una contienda judicial y nombre un delegado normalizador. En paralelo esperará que la Corte Suprema defina cómo debe encausarse el tema.

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