Gremios estatales: de esto no se habla

Gremios estatales: de esto no se habla

De una vez y para siempre, sería bueno que la verdad empezara a relucir en importantes sectores de la sociedad. 

Pero hoy, todos los esfuerzos se empecinan en abstraer al soberano de la difícil realidad que atraviesa el país. Por ejemplo, en estos días todas las discusiones se reducen a los salarios en el sector público.

Sin embargo, llama la atención que los dirigentes de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) permanezcan muy callados. Todo pese a que es el gremio con más afiliados, gracias a la trampa infame de los préstamos usurarios, que, como ya publicamos en ediciones anteriores, se llevan la mayor parte del salario de los trabajadores. Tras la decisión se esconde lo que es un secreto a voces: que ese gremio aceptó el 12% de incremento salarial ofrecido por la Provincia, cuando la meta de inflación oficial es del 15% y con el agravante de que el propio Banco Central admitió que el incremento interanual podría llegar al 20%.

Hay otra realidad que el Gobierno nacional sabe y conoce: en los años de derroche K, el dinero de todos se dilapidó y se ocultaron las cifras reales de la desocupación inundando el sector público de empleados con sueldos miserables. En ese lapso, el sector más afectado fue el de la educación, donde con la anuencia de los gremios se nombraron unos cuatro maestros suplentes por cada titular. 

Todo esto es avalado por hombres como el titular del SUTEBA, Roberto Baradel; de la FEB, Mirta Petrocini o de UPCN, Carlos Quintana, con el aval de la Gobernadora y sus ministros.

Cómplices de la estafa, los sindicatos parecen relamerse con cada llamado a huelga, a la que adhieren quienes tratan de sobrevivir con sueldos que no alcanzan a cubrir la canasta básica, los que temen perder el empleo porque saben que tras ellos sobran cargos en idéntica situación. 

Los docentes, como los alumnos, son víctimas. En tanto, los gremios aprovechan la necesidad de aquellos que van derrotados al aula, mientras bancos y financieras ganan a costa de ellos.

Ocurre que acá los derrotados son nada más ni nada menos que quienes deben impartir conocimientos a los niños, el futuro de una Nación.

Como siempre, la mentira abunda y la verdad brilla por su ausencia. No se reconoce que los alumnos van corriendo al comedor del colegio antes que al aula, no se propone un método para cambiar el nivel de comprensión del soberano ni se admite el drama docente: que hoy, además de la miseria que los envuelve, muchos de los nombramientos se hacen a dedo, sin considerar los valores intelectuales y culturales de aquellos que en verdad merecen cargos superiores.

Dirigentes sindicales y gobernantes prefieren guardar esta verdad bajo siete llaves. Pero de esto no se habla.

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